Filípicas /Paco Ramírez /Cincuenta años de aula: el maestro Gil y la educación que se construye con los pies en la tierra

El maestro Gil, como todos le llaman, lleva cincuenta años en la educación de Chiapas. No llegó al cargo desde la política: llegó desde las aulas, desde los planteles, desde el trabajo diario con maestros y estudiantes. Esa es su credencial más sólida y la que ningún nombramiento puede fabricar.
Originario de Pijijiapan, en la costa chiapaneca, el maestro Gil acumula cincuenta años de trabajo educativo. No cincuenta años de carrera política con escala en el sector educativo: cincuenta años de aula, de gestión escolar, de recorrer planteles, de conocer por nombre a directores, maestros y estudiantes en regiones que muchos funcionarios conocen únicamente en un mapa.
Su trayectoria como supervisor de nivel secundaria lo llevó a coordinar 28 centros educativos distribuidos en todas las regiones del estado. Es un dato que parece administrativo pero que en realidad dice mucho: conoce Chiapas no desde los informes que le llegan al escritorio, sino desde los caminos que tuvo que recorrer para llegar a cada uno de esos planteles.

Los directores de secundarias y preparatorias en Chiapas reconocen en el doctor Gilberto algo que no es frecuente en el servicio público: el primer supervisor que mantiene comunicación permanente con ellos. Los visita. Y después de visitarlos, les llama por teléfono o les hace videollamadas. No es un detalle menor en un estado donde la distancia y el abandono institucional han sido históricamente parte del problema educativo.

Desde que en 2025 asumió la Subsecretaría de Educación Estatal, el maestro Gil ha extendido ese mismo principio a una escala mayor. Su participación en el arranque de obra del Centro de Educación Básica Dr. Belisario Domínguez Palencia fue la de alguien que entiende lo que significa para una comunidad contar con espacios dignos para aprender, no la de un funcionario que aparece en la foto y firma el acuerdo.
Lo mismo ocurrió en Chenalhó, donde representó a la Secretaría de Educación en el Primer Retorno Humanista de 48 personas en situación de vulnerabilidad. En un estado donde la fractura social y el desplazamiento forzado siguen siendo heridas abiertas, enviar al subsecretario a ese acto no fue un gesto protocolar: fue un posicionamiento sobre el papel que la educación debe jugar en la reconciliación y la reconstrucción del tejido comunitario.
Su frase de cabecera cuando se le pregunta qué significa el servicio público lo define con precisión: ‘Servir es un privilegio, una gran responsabilidad y un valor del ser humano’. No es un slogan de campaña. Es la síntesis de cincuenta años de trabajo que se ha ido verificando en cada plantel visitado, en cada director atendido, en cada región recorrida.
Hace unos días, pese a enfrentar complicaciones de salud, el maestro Gil cumplió con su agenda completa: la Preparatoria de Tapachula, el CECyTECH en San Fernando, actividades académicas en la Facultad de Derecho de San Cristóbal de Las Casas. Fue hasta concluir cada uno de esos compromisos que aceptó ser hospitalizado en el ISSTECH. Ese gesto dice, sin necesidad de mayores explicaciones, qué tipo de servidor público es.

En Chiapas, la educación tiene deudas históricas que no se resuelven con discursos. Se resuelven con presencia, con conocimiento acumulado, con la capacidad de dialogar con todos los sectores de la base magisterial porque se les conoce de cerca y se les ha escuchado durante años. El maestro Gil tiene todo eso. Y eso, en el servicio público, no se improvisa.
Pronta recuperación, Doctor Gilberto. La educación de Chiapas necesita que quienes saben lo que están haciendo sigan en pie.

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