Paco Ramírez
– En dos meses, el gobernador ha jalado las orejas a su gabinete dos veces por falta de vocación de servicio, empatía y humanismo
– A unos kilómetros de Palacio de Gobierno, un ciudadano lleva 18 años haciendo exactamente eso — sin sueldo, sin cargo y sin foto obligatoria
– Luis Pérez Matus conoce los 18 centros penitenciarios del estado, las bodegas de equipo médico olvidado y la ruta más corta entre una silla de ruedas y quien la necesita
– Su equipo es su familia: la Dra. Claudia Constantino Cruz, su esposa; el Dr. Humberto Pérez Constantino, su hijo; y Paulina Pérez Constantino, su hija
– La pregunta no es si puede servir desde adentro. La pregunta es cuánto tiempo más Chiapas puede darse el lujo de tenerlo afuera
Dos veces en menos de sesenta días, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha reunido a su gabinete legal y ampliado para recordarles lo que debería ser instinto natural en todo servidor público.
El 28 de abril, desde el emblемático Mirador Los Chiapa en el Parque Nacional Cañón del Sumidero, los convocó para exigirles cumplir con los principios de empatía, sensibilidad, humanismo y responsabilidad a los que se comprometieron al asumir sus cargos.
El 26 de junio — esta misma semana — volvió a convocarlos. Esta vez les recordó que el poder y las responsabilidades públicas son temporales y están sujetos al escrutinio ciudadano, y los exhortó a ejercer su labor con liderazgo, sin improvisaciones y con plena vocación de servicio. Los llamó a convertirse en ejemplo de compromiso con el bien común, a conducirse con rectitud y a mantener su atención en las causas que verdaderamente importan al pueblo.
Dos jalones de orejas en dos meses. El diagnóstico es elocuente: algo no está funcionando.
Y mientras el gobernador busca en su gabinete lo que no encuentra, a unos kilómetros de Palacio de Gobierno hay un hombre que lleva dieciocho años practicando exactamente eso. Sin sueldo. Sin cargo. Sin discurso.
Un apellido que ya sabía tocar puertas
No se entiende a Luis Pérez Matus sin entender primero a su padre.
Andrés Manuel Pérez Matos fue ingeniero químico petrolero egresado del Instituto Politécnico Nacional. Participó en el gobierno de Luis Echeverría, llegó a ser jefe de mercados del Distrito Federal, y cuando problemas de salud lo alejaron del sector petrolero tomó la decisión que marcaría el resto de su vida: regresar a Chiapas. Llegó como director de escuela. Subió en la Secretaría de Educación hasta jefaturas de departamento. Fue de los que supervisaron la construcción del edificio de la SEP Federal hoy Subsecretaria Federalizada en Chiapas.
Luis lo acompañaba de niño a Palacio de Gobierno a gestionar cosas para las escuelas. Veía cómo su padre hablaba con secretarias, esperaba, insistía, regresaba. Aprendió que los recursos casi siempre existen. Lo que falta es alguien dispuesto a ir por ellos.
Ese aprendizaje no se estudia en ninguna carrera. Se hereda.
La familia que nadie contrató y nadie puede correr
Detrás de Libertad para Crecer no hay estructura partidista ni financiamiento institucional. Hay una familia.
Su esposa, la Dra. Claudia Constantino Cruz —odontóloga, a quien llama cariñosamente “la Godita”— ha sido su brazo derecho desde el principio. Su hijo, el Dr. Humberto Pérez Constantino, odontólogo como su madre, y su hija Paulina Pérez Constantino, profesionista, completaron con el tiempo un equipo que nadie contrató y nadie puede correr.
Esa solidez no es casualidad: es respuesta. A lo largo de los años, muchos se acercaron atraídos por la visibilidad de una silla donada. Llegaban, se tomaban la foto y desaparecían. La familia aprendió a distinguir entre los altruistas de ocasión y los que regresan aunque no haya cámara. Hoy son ellos el núcleo irreemplazable.
El 8 de mayo de 2025, como tantas otras veces, la Dra. Claudia y Luis Pérez Matus se trasladaron al Centro de Reinserción Social número 5 de San Cristóbal de las Casas para entregar ayudas técnicas a personas con discapacidad privadas de libertad. Los recibió el director Felipe de Jesús Bobadilla Meda y la secretaria técnica Lic. Patricia de León. Sin protocolo. Sin cobertura masiva. Sin más propósito que el de siempre.
Los 18 penales, el reconocimiento y la prueba más difícil

Pocos conocen el sistema penitenciario de Chiapas como Luis Pérez Matus. Recorrió los 18 centros de reinserción social del estado llevando lo que las instituciones no garantizaban: medicamentos, libros, balones, ropa, artículos de higiene, talleres culturales, guitarras. En cada uno dejó no solo cosas materiales sino dignidad, que es lo más difícil de presupuestar.
Su trabajo fue reconocido. Pero precisamente esa honestidad incomodó a algunos. Vinieron los señalamientos fabricados, los intentos de frenarlo, las presiones para silenciar todo lo bueno que hacía. El proceso fue largo y doloroso. Al final se comprobó su inocencia, pero el daño emocional ya estaba hecho.
Vino el desaliento. El desánimo.
Entonces reflexionó. Y llegó a una conclusión que desde entonces lo sostiene: tengo una misión de Dios y tengo que cumplirla. No como frase hecha, sino como certeza profunda. Regresó. Y siguió tocando puertas.
Lo que el Estado hace en tres meses, ellos lo hacen en una visita
Luis Pérez Matus no está peleado con la idea de sumarse a un gobierno. Desde el DIF o la Beneficencia Pública, dice, se pueden hacer muchas cosas que hoy no se hacen. Pero con una condición: habría que acabar con la burocracia.
El proceso para obtener una silla de ruedas en Chiapas funciona así: el solicitante —con frecuencia un adulto mayor— acude personalmente a registrarse, deja su documentación, espera la llamada que confirme que está en lista, espera otra llamada que confirme que fue seleccionado, y se presenta en persona tres meses después a recibir el apoyo junto a otras personas mientras alguien toma la foto oficial.
En Libertad para Crecer ese proceso no existe. Ellos van al domicilio. Entregan. Se van. Sin lista de espera. Sin foto obligatoria. Sin que el anciano tenga que tomar un taxi tres veces para recibir lo que por derecho le corresponde.
Las bodegas que nadie abre
Luis conoce otro secreto que pocas personas en Chiapas se atreven a nombrar: hay bodegas del gobierno del estado con sillas de ruedas, camas hospitalarias, unidades dentales, esterilizadores y aparatos funcionales en buen estado, acumulando polvo porque nadie gestionó su distribución.
Su propuesta es escandalosamente simple: llevar ese equipo a quienes lo necesitan. En los centros penitenciarios hay internos sin ocupación y materiales en bodega. Que los propios internos lijen, pinten y recuperen lo que pueda servirse. No se necesita gran presupuesto. Se necesita voluntad.
Gobernador: ya existe lo que usted busca
Eduardo Ramírez Aguilar le pide a su gabinete conciencia, lealtad, honestidad, fraternidad, compromiso, amor por el prójimo, generosidad, solidaridad, empatía, bondad, sensibilidad y un alto sentido del deber.
Luis Pérez Matus no necesita que se lo recuerden. Lo practica desde hace dieciocho años.
Chiapas tiene personas así. Ciudadanos que ya demostraron, con hechos y no con discursos, que el humanismo no es un concepto de gabinete sino una práctica cotidiana. Incorporarlos al servicio público no es un gesto generoso del gobierno. Es una obligación con el pueblo que los jalones de orejas no han logrado sustituir.
La Nueva ERA dice buscar un horizonte de dignidad y cumplimiento del deber.
Luis Pérez Matus ya lleva dieciocho años caminando en esa dirección.
La pregunta, gobernador, es si su gobierno está dispuesto a alcanzarlo
