QUÉ MÁS PUE… /Carlos Rafael Coutiño Camacho /Sheinbaum y ERA…Iglesia…Viviendas

La reciente visita de dos días de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Chiapas consolidó la estrecha coordinación entre el Gobierno de México y la administración estatal encabezada por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, así lo expresó ella misma en el acto de la inauguración de la planta de moscas estériles.

Si bien es cierto, el gobernador tenía que estar, porque es su estado, también es cierto que, lo dicho por la jefa de ejecutivo federal, es el reflejo del fortalecimiento de los lazos políticos regionales, y en Chiapas, esta mancuerna en el gobierno, es una muestra de las acciones tangibles destinadas a transformar de manera directa la realidad social y productiva de la entidad, marcando un hito definitivo en la agenda de desarrollo integral para el sur del país.

No pudo ser mejor momento este, en el que Sheinbaum y Ramírez Aguilar, estén trabajando de la mano por la entidad que más lo requiere, ella misma dijo, que Chiapas es donde inicia México, que Chiapas tiene un gran gobernador, por ende, tiene uno de los ejes de mayor sensibilidad humana y comunitaria.

En Tuxtla Gutiérrez, se dio la entrega de nuevas viviendas del Bienestar, esto significa un acto sustancial y son compromisos de justicia social de la mandataria, que da certeza jurídica al patrimonio digno para miles de familias vulnerables de la región metropolitana.

Con este impulso habitacional, el gobierno federal reafirmó su visión humanista, como el mismo Eduardo Ramírez, lo ha dicho en todas las ocasiones, se tiene una gran presidenta, pero también hay una comunión de humanidad entre ambos gobernantes, colocando el acceso a un hogar seguro.

En estos dos días, corroboramos la unidad de los gobiernos, pero también deja asentado que, la presidenta, se siente chiapaneca, quizás y sin temor a equívocos, es donde más veces ha visitado, seguido de Puebla, Veracruz, Hidalgo y Estado de México, claro la misma Ciudad de México.

SAN PEDRO Y PABLO

La política moderna padece hoy de una fragmentación crónica, nos hace falta y urge, retorne a las escuelas el civismo y la moral, urge que desde los hogares se reconstruya a la sociedad, y una muestra de donde tenemos que retomar, es en estos dos santos católicos, amén de lo que nos enseñaron los filósofos griegos.

Vemos una sociedad quebrantada donde matar a una mujer es visto como común, agredir a los homosexuales es incluso un premio, desatender a los discapacitados una burla, y abusar de los migrantes, un triunfo.

Somos incapaces de construir un bien común duradero, la solemnidad de San Pedro y San Pablo, trasciende lo puramente litúrgico para transformarse en una poderosa categoría política, pues el humanismo es eso, no es regañar, es atender a los demás, la fe cristiana es en su raíz más profunda, una propuesta de orden social basada en la justicia, la dignidad humana y la reconciliación comunitaria.

Pedro y Pablo representan el diseño institucional perfecto de una comunidad que abraza la diversidad sin caer jamás en la anarquía, los dos eran peleoneros entre sí; Pedro, el rústico pescador galileo, encarnaba la tradición viva, el arraigo popular y la continuidad necesaria de la estructura institucional.

Pablo, el ciudadano romano e intelectual brillante, representaba la apertura al mundo exterior, la vanguardia audaz y la reforma estructural. Ambos tuvieron desacuerdos profundos sobre el rumbo del movimiento, tensiones internas que hoy calificaríamos sin dudar como disputas ideológicas de alta intensidad.

Sin embargo, el genio teopolítico de la Iglesia primitiva no consistió en anular a uno en beneficio del otro, sino en unirlos firmemente en una misma festividad y un mismo destino histórico. La liturgia cristiana los llama con justicia las columnas de la Iglesia católica.

Aquí yace la gran lección ética para nuestros gobernantes y ciudadanos contemporáneos: el poder legítimo no se edifica destruyendo la alteridad, sino sosteniendo juntos el peso de la república entera. Pedro sin Pablo se convierte en un inmovilismo asfixiante; Pablo sin Pedro deriva en una revolución destructiva sin raíces ni memoria.

Hoy la política global prefiere sembrar discordia para cosechar votos fáciles. Se santifican las diferencias individuales y se sataniza injustamente al adversario. Celebrar este día sagrado nos convoca a rechazar de raíz ese mesianismo partidista.

La verdadera madurez democrática exige la mística del encuentro, reconociendo que el oponente es indispensable para el equilibrio nacional. La autoridad es servicio; el debate es audacia intelectual para ensanchar las fronteras morales del Estado. Al final, la política con sentido religioso no busca teocracias autoritarias, sino humanizar las leyes para reflejar la sagrada unidad en la pluralidad que estos dos gigantes sellaron con su propia vida.

INFONAVIT

El titular del INFONAVIT, Octavio Romero Oropeza, lanzó una dura sentencia al afirmar que el instituto fue más corrupto que cualquier banco privado. La declaración la hizo en Tuxtla Gutiérrez, por lo que sepultó a quienes dirigieron este instituto, aunque busca validar la narrativa de transformación del actual gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, enciende alarmas profundas sobre el pasado reciente y el manejo de los fondos de los trabajadores.

Calificar al INFONAVIT como una entidad históricamente más rapaz que la banca comercial es un dardo directo a las administraciones pasadas, por lo que bien vale la pena, iniciar una investigación y sancionar de entrada, con la inhabilitación y observar a donde se iba tanto dinero.

La presidenta Claudia, fue más allá y apoyo con enterrar los créditos de la gente y hoy no deben nada a nadie, son dueños de sus hogares sin más ni más, una acción totalmente humanista, con sentido social, con responsabilidad y con alto criterio.

Prometer que las cosas “hoy cambian” bajo la nueva política de vivienda presidencial requieren más que discursos, es también un compromiso de los ciudadanos, hoy, se hace justicia, pero justicia real, se cumple el adagio de que quien manda es el pueblo y el gobierno obedece, sin que esto signifique, actuar en contra de quienes están al frente de las mismas instituciones.

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