Un triste final

Macario Schettino

Para Juan, por lo que le debo

A veces sorprende cuán fácil es alterar a la opinión. Un acto mediático, que no puede tener mucha trascendencia, se escala en la interpretación para, súbitamente, imaginarlo como el borde del precipicio. Lo es, pero no para el país, sino para quienes, con toda claridad, siguen intentando derrumbar el orden constitucional, apostando a un río revuelto en que todo se ahogue.
La toma de las tribunas del Congreso, y la movilización de brigadas “pacíficas” no pone en riesgo al país, ni mucho menos. Ya han sesionado ambas cámaras, un par de veces cada una, y lo seguirán haciendo. Se podrán sacar las leyes pendientes, y se iniciará el debate alrededor de la propuesta de reforma a la industria petrolera. Después, en un periodo extraordinario, habrá reforma. El PRD habrá cosechado, en el Congreso, lo que sembró: desconocer a las instituciones lo habrá marginado de transformarlas.

Pero las cosas pueden ser todavía más graves para ese partido. Sus acciones son rechazadas por una mayoría muy amplia. En regiones del país en donde llegó a tener alguna presencia en la última elección federal, regresará a niveles ínfimos de votación. A nivel nacional, parece incluso difícil que logre mantener el 17% que obtuvo en 2007. Si a eso se suma lo que parece una inminente ruptura, producto de su pésimo proceso electoral interno, este partido enfrenta, él sí, el precipicio.

Entre tantas cosas que modificaron los congresistas en materia electoral, los partidos grandes decidieron reducir el espacio a los partidos pequeños. Así, la forma en que se distribuirá el financiamiento y el tiempo de televisión y radio favorece a los partidos con mayor votación a costa de los demás. Cuando esta reforma se hizo, el PRD se consideraba la segunda fuerza política del país, lugar que alcanzó en la elección de 2006. Pero en la democracia, a una elección sigue otra. Y en la que ocurrirá en 2009, el PRD puede quedar muy lejos de su posición actual. Cuando eso ocurra, verá seriamente reducido su presupuesto, y peor, su presencia en los medios electrónicos. Y esa desventaja, hacia el 2012, no tendrá con qué compensarla.

El camino elegido por el PRD a partir del 2 de julio de 2006 ha resultado una pésima apuesta. Subestimaron la estabilidad de las instituciones, la madurez de la sociedad y el entorno económico. Apostaron a un derrumbe del gobierno, como si estuvieran en un país al borde del colapso, que sólo necesitaba un pequeño empujón. No era así, y no lo es ahora. A pesar de constantes descalificaciones al Presidente, al Congreso, a la Suprema Corte, las cosas avanzan. No está de más recordar que esta Legislatura es la primera, en la historia del país, que logra alcanzar acuerdos para reformas profundas sin que hubiese mayoría de ningún partido. Tampoco se puede olvidar que la economía mexicana tiene hoy una solidez que no se veía desde hacía medio siglo. En palabras viejas, no hay “condiciones objetivas ni subjetivas” para el camino elegido por López Obrador y sus seguidores.

Pero ahora que es evidente el costo político de sus decisiones, ya no tienen manera de corregir. Entran ahora, lo mismo que sus intelectuales orgánicos, en ese fenómeno sicológico llamado “escalamiento del compromiso”. Más fácil que reconocer un error, es insistir en él, montarse en su macho, necear. La realidad pierde sentido.

En Italia, hace unos meses, una coalición derrotó al gobierno de Berlusconi. La coalición, sin embargo, no pudo mantenerse en el poder debido, en buena medida, a la actitud de la izquierda radical. Hubo que llamar a elecciones, y hace una semana los votantes decidieron que ya estaba bueno. La izquierda perdió los 72 diputados que tenía. Por primera vez, no hay izquierda radical en el Congreso italiano.

El PRD llegó al borde del precipicio, y con la toma del Congreso ha dado un paso adelante. Como decía Heberto, habrá que empezar de nuevo.

www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM

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