Sara Sefchovich
Hace unos días en una reunión, apenas salió de la casa una de las presentes, otra se puso a hablar mal de ella. “No estoy de acuerdo con que hagas eso”, le dijo alguien, a lo que la interpelada respondió: “Es tu derecho no estar de acuerdo pero también es mi derecho hacerlo si me da la gana”.
El tema de los derechos, que ahora cualquiera invoca como si tal cosa es, sin embargo, un logro que apenas hace poco tiempo entró a formar parte de nuestras vidas, pues fue una propuesta y una conquista de la modernidad, que consiste, como afirma Luis Aguilar, en “darle al sujeto valor y centralidad”.
Pero lo que empezó siendo un discurso que surgió de un paradigma liberal e ilustrado, humanista y utópico y de un optimismo que podríamos calificar de romántico, se ha convertido en un problema, pues hoy todos (individuos y colectividades por igual) sienten que sus derechos son los únicos que cuentan.
Y, dado que lo que para uno es necesario para otro no lo es, o justo, o prioritario, o permitido o correcto, pues estamos metidos en un lío.
Pensemos, por ejemplo, en la prohibición de fumar en sitios públicos cerrados: ¿a quién se le están respetando sus derechos? Los legisladores dicen que a la población, pero los fumadores responden que les están impidiendo su libertad. O en la toma de edificios públicos que hicieron los trabajadores del Estado en Michoacán, que consideraron su derecho luchar de ese modo por conseguir aumento salarial, pero ¿y qué con los derechos de los miles de afectados, los que no pudieron seguir trabajando y los que se quedaron sin que se resolvieran sus asuntos o sin cobrar sus sueldos?
Aquí vemos que personas y grupos ejercen lo que consideran “sus” derechos, sin preocuparse si eso afecta los derechos de otros, porque consideran que los suyos son los importantes.
Pero imaginemos una sociedad donde todos sientan que tienen derecho a hacer y decir lo que les venga en gana, cuando y donde les venga en gana: el trabajador se sentiría con derecho a cobrar más y laborar menos y el patrón con derecho a exigir lo contrario, el esposo se sentiría con derecho a serle infiel a su mujer y la esposa consideraría que eso es un atentado a sus derechos; el niño podría considerar que tiene derecho a no ir a la escuela; el ladrón se sentiría con derecho a robar; el periodista consideraría que tiene derecho a decir lo que quiera aunque eso eche a perder el trabajo de inteligencia o afecte el prestigio de una persona; una familia se sentiría con derecho a seguir los lineamientos de su religión aunque eso significara la pérdida del derecho de su hijo a que le atiendan la salud.
Lo mismo con los ejemplos colectivos: una comunidad consideraría que tiene derecho a tratar de cierto modo a las mujeres, o a la propiedad de la tierra, o a la relación con las autoridades, mientras que otra podría considerar lo opuesto.
Y es que, cuando hablamos de respetar derechos, esto no sólo significa que debemos hacerlo con los “buenos” sino también con los considerados “malos”. Por ejemplo, el derecho a la diversidad significa que cada quien puede tener la sexualidad o la cultura que prefiera, pero eso incluye a quienes creen que la suya es la mejor o la única verdadera. O el derecho a la libertad de conciencia significa que cada quien puede elegir su religión, pero podría suceder que un grupo aprovechara el derecho a la libertad de expresión para instigar el odio contra quienes tienen otra fe. O el derecho a la participación, podría significar que un grupo o partido político aprovechara para participar del juego electoral y una vez llegado al poder, suprimiera los derechos de los demás, como sucedió con el fascismo.
Y todo esto tendríamos que permitirlo en aras de nuestros principios, es decir, nos veríamos obligados a aceptar que se ejerzan derechos que destruirían lo que la sociedad ha construido precisamente para lograr que se tengan.
Por eso la idea tan políticamente correcta y tan moralmente impecable de “todos los derechos para todos” no sólo es imposible sino incluso indeseable y hasta peligrosa.
sarasef@prodigy.net.mx
Escritora e investigadora en la UNAM
