En Chiapas, donde los brotes de sarampión vuelven a encender las alertas sanitarias, resulta no solo irresponsable, sino francamente indignante, que el sindicato del IMSS encabezado por Sergio Cindy actúe como si la salud pública fuera un asunto secundario.
Mientras las autoridades de salud llaman a extremar precauciones, evitar aglomeraciones y reforzar protocolos, el sindicato decidió ignorar toda lógica sanitaria al organizar la tradicional entrega de juguetes a hijos de trabajadores, exponiendo innecesariamente a menores y adultos en un espacio cerrado, saturado y sin condiciones mínimas de seguridad.
Lo más grave no es solo la omisión, sino el desprecio por la realidad epidemiológica que vive el estado. Muchos trabajadores del propio IMSS, paradójicamente personal de salud desconocían las medidas sanitarias y acudieron confiados a un evento que terminó convirtiéndose en un riesgo evidente. ¿Dónde quedó la responsabilidad institucional? ¿Dónde el ejemplo que debería dar un sindicato que dice velar por sus agremiados?
La molestia expresada por uno de los asistentes refleja el sentir colectivo: una planeación deficiente, un espacio convertido en horno humano, largas filas con niños soportando temperaturas extremas, y dirigentes sindicales cómodamente resguardados, observando desde fuera el caos que ellos mismos provocaron. Una postal que resume perfectamente la desconexión entre la dirigencia sindical y la base trabajadora.
Resulta insultante que un evento financiado con las cuotas sindicales de los propios trabajadores, y que además representa un gasto considerable, termine siendo una experiencia humillante y peligrosa para quienes lo sostienen económicamente. No es un “detalle menor”, es una muestra clara de negligencia y falta de empatía.
Ante el incremento de casos de sarampión en Chiapas, la desobediencia a los protocolos sanitarios, venga de quien venga, debe tener consecuencias. El sindicato del IMSS no está por encima de la ley ni de la salud de la población.
Hoy más que nunca se necesita un sindicalismo responsable, consciente y humano, no uno que priorice el lucimiento, los eventos mal organizados y la comodidad de unos cuantos, a costa del bienestar de niñas, niños y trabajadores.
Porque cuando el sindicato deja de proteger y comienza a poner en riesgo, deja de ser aliado y se convierte en parte del problema.
Ojalá que exista una sanción o apercibimiento a este sindicato , mientras los ayuntamientos de Chiapas han acatado la disposición y suspendido actividades, otros únicamente reflejan su torpeza y valemadrismo.
