Solicitud al DIF

Sara Sefchovich

Hace una semana se publicó en un diario de circulación nacional la siguiente carta:
“Señora Margarita Zavala de Calderón, presidenta del DIF nacional; licenciado Enrique Peña Nieto, gobernador del estado de México:

“Nos atrevemos a distraer su amable atención para exponerles el siguiente caso ante el cual seguramente ustedes serán sensibles por ser padres de niños pequeños.

“Hace cinco años murió nuestra madre. A partir de entonces nuestro pequeño hermano Juan Pablo Rangel Díaz, hoy de 9 años de edad, fue llevado a vivir con su padre, Juan Rangel González y su abuela paterna. Todo este tiempo ambos lo han sometido a constante maltrato físico.

“El 9 de diciembre de 2003 llevamos a Juan Pablo al DIF de Cuautitlán donde se inició una averiguación cuyo resultado es que nos den la custodia de Juan Pablo, pero su padre demandó y el 9 de mayo de 2006 ganó la sentencia, por lo que tuvimos que entregarle al pequeño, quien en ese entonces tenía siete años.

“Desde entonces no nos fue permitido ver a nuestro hermano. Tuvimos noticias de él gracias a una trabajadora social de nombre Laura Valverde, del Hospital Infantil Federico Gómez, donde fue hospitalizado en octubre del 2007 por una supuesta crisis de esquizofrenia. En ese momento el niño se encontraba en un estado muy lamentable: sumamente delgado y con la mirada perdida. Nos informaron que estaba en tratamiento siquiátrico.

“En el tiempo que él vivió con nosotros jamás presentó un cuadro como ése. Recurrimos al DIF de Coyotepec, con el procurador Eugenio Cruz Rojo, el 19 de diciembre pasado. Nos dijo que en dos semanas habría solución. El 14 del mismo mes nos citó el sicólogo Pilar Godínez.

“Vimos a nuestro hermanito a las 8:00 de la mañana. No tenía puesto un suéter y sus piernitas se veían moradas por el frío.

“Cuando nos vio, corrió a abrazarnos y, llorando, nos dijo que tenía hambre, que es castigado por su madrastra, quien, en castigo, lo deja dormir en el baño y que le había pegado con una manguera, lo cual fue comprobado por Pilar Godínez, quien lo llevó a curación al mismo DIF de Coyotepec.

“Acudimos a ustedes con desesperación, ya que las autoridades competentes no hacen nada al respecto.

“Tenemos las evidencias del maltrato en fotos y videos; ya no sabemos qué hacer o a quién acudir. Queremos que nuestro pequeño hermano tenga las mismas posibilidades de cualquier niño de ser respetado en su derecho de ser amado y bien cuidado y de recibir atención médica adecuada, porque su padre quiere encerrarlo en un hospital siquiátrico. Les suplicamos nos ayuden a investigar bien el problema y a lograr la custodia del pequeño Juan Pablo.

“Hoy, lunes 21 de enero, se reúnen en el DIF de Coyotepec un médico del hospital siquiátrico, una trabajadora social; del jurídico, la licenciada Hortencia Castro y el sicólogo Pilar Godínez para determinar si es llevado a un internado, a un albergue o a un hospital siquiátrico.

“Respetuosamente,

“Edgar Norberto Barrera Díaz y Jacob Moisés Barrera Díaz.”

Leí esa carta el lunes pasado y tuve que esperar una semana para escribir mi artículo. En todos estos días no han disminuido ni la indignación ni el dolor. Porque más allá de si es cierto o no lo que dicen los hermanos o lo que seguramente tendrán para decir el padre, la abuela y la madrastra, es un hecho que hay una situación conflictiva y que ello habría bastado para una intervención del Estado, a fin de poner al pequeño a resguardo mientras se aclaran las cosas.

Porque ya han pasado cinco años en la vida de un pequeño que está sufriendo y “las autoridades competentes no hacen nada al respecto”.

México es signatario de un sinfín de convenios internacionales que tienen que ver con el compromiso del Estado para la protección de la infancia, tenemos leyes, e instituciones como el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia que tiene entre sus atribuciones y obligaciones la de garantizar la protección de los niños que “por alguna situación de vulnerabilidad se encuentran en riesgo, en abandono o sujetos a maltrato”.

El gobierno, la Iglesia, los medios de comunicación, los empresarios y las ONG nos endilgan discursos de que el niño es lo más importante y que hay que cuidarlo y respetarlo.

Yo le pregunto a la directiva del DIF por qué permiten esta situación, por qué no han intervenido, por qué no han escuchado al niño contar su versión de la historia y decir qué quiere, por qué no lo han cuidado. Yo les pregunto a los mexicanos para qué demonios nos sirven tantas leyes, convenios, programas y burocracias si no son capaces de evitar que se maltrate a un niño.

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM

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