Punto de vista

Mario Tassías

La suerte de Mariano Díaz Ochoa, ex diputado local y por segunda vez Presidente Municipal de San Cristóbal de Las Casas, está echada. Los más recientes acontecimientos aportan datos duros para, sin recurrir a la presunción, decir que la cuenta regresiva ya empezó. Aunque no hay que descartar que entre políticos de la misma talla, todo puede suceder, otra cosa sería si entre quien gobierna y administra hubiera distancias insalvables.

Desde el momento en que Díaz Ochoa llega por segunda ocasión a la Presidencia, alguna suerte estaba presente, “nuca segundas partes fueron buenas”, pero hay personas que necesitan chocar más de una vez con la misma piedra para darse cuenta que hay obstáculos que son salvables sólo cuando se actúa con raciocinio. Cuando los zapatos entran a la fuerza duele el pie.

Al actual Presidente de Jovel, le está sucediendo lo que a los emperadores cuando no tienen capacidad de concertación y diálogo, son capaces de nombrar senador hasta al caballo. Los grandes hombres y mujeres trascienden por sus obras, la coherencia entre los que se dice y lo que se hace, es lo que diferencia que los personajes públicos sean apreciados o repudiados por sus gobernados y en esta materia, Díaz Ochoa está quedando a deber, el origen también cuenta y ese aunque se vista de seda enseña el verdadero color.

La conjunción de un equipo tan disparejo, donde unos jalan, otros empujan y otros ponen piedras en el camino, y entre los que destacan lo que aún no se han enterado que hacen o para qué están ahí; la terca insistencia con valor económico, como única premisa de vida por construir en los “Humedales, la idea de ser gerente general de una ciudad que pertenece al mundo y administrarla como institución privada; el desalojo de los comerciantes del pequeñísimo Mercado de la gran ciudad; la amenaza de desalojar a cientos de artesanos de la Plaza Santo Domingo; las bataholas en las que se convierten las sesiones del cabildo; la falta de transparencia en el manejo de los recursos financieros y el muy personal estilo de hacer las cosas exhiben a un Presidente Municipal endeble políticamente y casi como un personaje de ficción en su propio partido que seguramente que lo apoya en el discurso, pero que lo desnudan en los hechos, entre otros asuntos de mayor o menor cuantía, hacen desear que a los habitantes de la antigua Capital del Estado de Chiapas, ya les vaya bien, que para frustraciones ya estuvo bueno.

Existen parámetros para saber si lo que se hace en tiempos de desorganización, corresponde al proyecto original, existen métodos para conocer que es lo que necesita una gran ciudad habitada por gente que incluso estaría dispuesta a darlo todo por ennoblecerla, pero al frente debe estar una cabeza política que entienda que el liderazgo no se ejerce sólo con discursos.

En San Cristóbal de Las Casas, los que hemos vivido ahí lo sabemos, hay mil problemas que resolver, pero igualmente, hay mil soluciones concretas. No se trata de imponer voluntades, algunos de los asuntos que nos ocupan requieren soluciones de raíz, otras tienen que pasar necesariamente por los acuerdos entre las partes, pero para ello se requiere, aparte de capacidad y conocimientos, de buena fe y de un uso racional del cerebro, del corazón y del espíritu, la ciudad y sus habitantes merecen un mejor presente.

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