Esteban Moctezuma Barragán
En seis meses sabremos de qué está hecho Mouriño. Pero desde que tomó posesión, los medios se han centrado en preguntarle y publicar los mismos temas de índole personal. No han atendido conceptos sobre gobernabilidad.
Es como un barco de pescadores, integrado por distintos grupos que siempre quieren que le vaya mal al contrario, que se equivoque sin reflexionar que si el capitán de la nave es del equipo contrario, a todos perjudicarían sus errores y todos sufrirían si le va mal.
¿Qué mexicano, de la filiación política que sea, no quiere que México se fortalezca en su seguri-dad nacional? ¿Qué persona no desea consensos políticos entre todos los partidos? ¿Qué ciudadano no anhela un efectivo entendimiento entre los gobernadores y el Presidente de la República?
Así como en la Segunda Guerra Mundial dos enemigos como EU y Rusia se unieron para vencer a Alemania, en México opositores políticos deben unirse para muchas cosas, entre ellas, vencer al crimen organizado. Apoyemos la gobernabilidad.
Eso aún no lo procesa nuestra todavía débil democracia.
Grave también es la lucha interna, el llamado “fuego amigo”.
Aunque parezca increíble, Juan Camilo va a tener que ocupar más tiempo y cuidado en protegerse de sus propios compañeros pescadores, que de los militantes de bandos contrarios.
Para ello no puede olvidar que no sólo cambió de posición, sino de rol. Ya no está en el “puente” asistiendo al capitán, ahora está en la red principal como el más importante responsable del funcionamiento de la embarcación y de sus resultados medidos en una buena pesca.
Por más veces que llame a la cabina y hable con el capitán, su relación ya es otra. No digo mejor o peor, simplemente distinta.
Que ya no está protegido por el manto de Los Pinos le ha quedado claro desde que salió caminando de la residencia presidencial y puso un pie en la calle. Los ataques, lisonjas, cuestionamientos y “cargada” que ha vivido son muestra de las dinámicas de su nuevo rol.
Dejará de tener algo muy importante: tiempo para pensar. A partir de su arribo a la acción, no hay más que una oportunidad para responder ante cada problema que se presenta. No hay márgenes ni pruebas de acierto y error.
Todo esto es un escenario objetivo. No es bueno o malo, simplemente es. Y precisamente, es también oportunidad para hacer un buen trabajo en beneficio de todos, los panistas y sus opositores, los partidos y los apartidistas, los nacionales que viven en México y los que emigran.
Un servidor público efectivo demuestra resultados a más tardar en seis meses. Si en ese periodo no los hay, quiere decir que no los habrá después. Mouriño tiene, además, un escenario en donde los partidos cambiarán su interés en la agenda nacional por las elecciones intermedias de 2009.
Cuando Ernesto Zedillo llegó a la SEP, en sus primeros cinco meses realizó lo que no se había logrado en décadas: un acuerdo nacional que significó descentralizar la educación pública; aumentar sueldos a maestros medidos por su desempeño; ampliar calendario escolar; concursar libros de texto públicamente y mejorar planes y programas de estudio.
Cuando Zedillo llegó a la Presidencia, también en sus primeros cinco meses, a través de su secretario de Gobernación, negoció y suscribió el primer pacto político firmado por todos los partidos en la historia de México; se entrevistó personalmente con la guerrilla; inició los acuerdos de paz; promovió la actual autonomía de la Suprema Corte de Justicia; inició la reforma electoral definitiva e impulsó el nuevo federalismo. Todo esto en medio de una crisis económica.
Por ello, antes de juzgar, cuando menos dejen trabajar seis meses a Mouriño.
emoctezuma@tvazteca.com.mx
Presidente ejecutivo de Fundación Azteca
