Menor crecimiento económico

Rogelio Ramírez de la O

Tanto el Banco de México como la Secretaría de Hacienda han revisado a la baja las previsiones de crecimiento para 2007. El primero lo sitúa entre 3% y 3.5%, y la Secretaría en 3.3%. En ambos casos se espera que el crecimiento de 2008 sea inferior a 4%. La revisión confirma que el escenario económico es desfavorable, lo cual era de esperarse, aunque hasta ahora se manifiesta con crudeza.
Gran parte de la debilidad está en la desaceleración del crecimiento en Estados Unidos. En el primer trimestre su PIB creció un pobrísimo 1.3% sobre el trimestre anterior y 2.1% sobre el primer trimestre de 2006.

La producción industrial en México tuvo crecimiento anual de cero en febrero. La industria manufacturera cayó en el mismo mes y se mantuvo estancada en los dos primeros meses. El índice de confianza del consumidor ha caído 4.2% en enero y febrero también medido anualmente. Parte de este índice es la confianza para adquirir bienes duraderos grandes, como refrigeradores o televisores, en donde la caída es superior a 10%.

Es decir, casi todo indica un periodo de gran debilidad económica. El público debe estar preparado para mayores dificultades para encontrar empleo y también para recibir menores ingresos a nivel familiar. Lo mejor que podría ocurrir es que la debilidad dure un año. Pero es más probable que dure más, pues los males que la ocasionan van a tomar más tiempo en corregirse, aunque sea parcialmente.

Por una parte está la debilidad en Estados Unidos, misma que causa que nuestras exportaciones crezcan a menores tasas. Esta debilidad es porque la economía de ese país enfrenta un déficit externo muy grande, de 818 mil millones de dólares, que no es sostenible en el mediano plazo. Para corregir su déficit tienen que consumir menos y su consumo es el otro lado de nuestras exportaciones. Una industria que mayormente ha registrado la caída de ventas es la automotriz, en la cual México tiene un papel muy importante como exportador.

La misma debilidad actúa contra los altos precios del petróleo y contra el dólar en comparación con otras monedas del mundo. Como en todo ajuste monetario, hay grandes riesgos si el dólar cae abruptamente y la confianza de los inversionistas internacionales resulta dañada. Tanto la bolsa de Nueva York como el mercado de bonos están en gran medida sostenidos por la confianza, de tal manera que los riesgos son grandes.

En cuanto a las condiciones internas en México, generalmente cuando se trata el tema de la debilidad en Estados Unidos como explicación de nuestros problemas, se escuchan voces que insisten en que debemos entonces crecer a partir del mercado interno. Se insiste en que hay que intentar romper esta dependencia e invertir más en nosotros mismos, para suavizar así la caída de la demanda externa. Se agrega que México tiene su propia fuerza y que debemos aprovecharla.

La realidad es mucho más compleja. La idea de crecer a base principalmente del mercado interno quizás se pueda aplicar durante un año, pero no es válida en el mediano plazo. Esto es porque si la demanda interna aumenta cuando las exportaciones caen, habrá un déficit comercial mayor, que tiene que financiarse con deuda o con inversión extranjera directa.

La inversión extranjera directa ya alcanza 19 mil millones de dólares. Pero el déficit que se puede proyectar en la cuenta corriente externa para este año podría consumir la casi totalidad de este flujo. Y si el déficit crece de nuevo en 2008, habría que financiarlo con deuda externa.

Hoy México importa 41 centavos por cada peso de Producto Interno Bruto. Así, con este nivel de importaciones es materialmente imposible crecer con el solo mercado interno. Es más, el mercado interno en el que piensan muchos de quienes lo recomiendan como solución es la vivienda y la infraestructura. Éstas consumen directa e indirectamente muchas importaciones.

El peso del comercio exterior pasó de 10% del PIB a 40% en 30 años de apertura de la economía. Es así un poco tarde para invocar ahora la solución del mercado interno frente a la falta de crecimiento. Mercado interno sin exportaciones es la vía para altos déficit y endeudamiento con el exterior. Aparte de esta situación, México enfrenta otras debilidades. Una es la falta de inversión en la exploración petrolera, que ahora se refleja en la caída del volumen de extracción de petróleo crudo. Este volumen sólo va a caer en el tiempo y no aumentará hasta que el gobierno decida invertir más en la exploración de nuevos campos.

A lo anterior se suma la debilidad por la falta de recursos suficientes para financiar la exploración de petróleo. Sin embargo, una reforma fiscal de gran envergadura será muy difícil mientras el gobierno no reduzca su tamaño y su gasto, convenciendo así a la sociedad de aumentar sus contribuciones.

En adición a los grandes balances macroeconómicos, como la recaudación o la balanza externa, también hay problemas microeconómicos, como el alto precio de la electricidad, o la falta de financiamiento a la agricultura. Aunque todos estos problemas han sido obvios desde hace muchos años, este año conforman una tormenta casi perfecta, pues se combinan los males externos con los internos.

Las salidas no son fáciles, pues entrañan renglones en donde cada vez se han hecho mayores los problemas, como el sector azucarero, el maíz, los energéticos y la debilidad financiera de Pemex. Más aún, ni siquiera hay un diagnóstico de consenso sobre ellos. Se habla de los problemas, pero los diagnósticos difieren según los grupos de donde surjan. Si no se ha comenzado por el diagnóstico es mucho pedir que haya soluciones.

La oportunidad de cambio en 2000 incluía ante todo el reto de transformar el consenso electoral en un diagnóstico básico seguido de grandes cambios específicos. Hoy lo mejor que podemos esperar es que Estados Unidos se recupere pronto.

rograo@gmail.com

Analista económico

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