En la Mira /Héctor Estrada /Medio siglo de tinta, resistencia y libertad

En un país donde ejercer el periodismo ha significado, muchas veces, caminar al borde del riesgo o perder lo más preciado, llegar a cinco décadas de vida no es un dato menor; es una hazaña construida a contracorriente que exige convicción. Y esa parece haber sido la premisa que ha sostenido la existencia de Cuarto Poder a lo largo de medio siglo.
Cuarto Poder ha sido escuela para generaciones de periodistas, referente de los medios locales y trinchera de resistencia en defensa de la libertad de prensa en Chiapas durante tiempos sombríos. Es mucho más que tinta, papel y rotativas. Ha sido protagonista de la historia misma, dejando una huella imborrable que, más allá de rivalidades mediáticas, resulta francamente innegable.
Los fundadores, don Conrado de la Cruz Jiménez y la profesora María Morales Ruiz, apostaron literalmente su patrimonio para levantar ese sueño. Vendieron el rancho que los padres de ella le habían regalado para comprar las primeras máquinas y poner en marcha un rotativo que terminaría convirtiéndose en uno de los periódicos más influyentes del sureste mexicano.
Desde aquellas primeras ediciones comenzó a escribirse, día tras día, la crónica contemporánea de Chiapas: sus conflictos políticos, sus movimientos sociales, sus tragedias, sus esperanzas y ese inagotable “diario vivir” que únicamente los periódicos logran capturar con la precisión de la urgencia cotidiana. Sin embargo, nunca imaginaron que su propia familia se convertiría en protagonista de la noticia.
A principios del nuevo milenio llegaron las tempestades. El embate gubernamental de un sexenio entero no solo amenazó la existencia del rotativo; desencadenó ataques contra colaboradores y el encarcelamiento arbitrario de integrantes del periódico. Al final, la tormenta terminó cobrando la vida de los dos hombres de la familia: don Conrado de la Cruz Jiménez, quien falleció en el exilio tras una persecución judicial, y su hijo, Conrado de la Cruz Morales, quien murió apenas un año después.
Sin embargo, el periódico no se detuvo. La profesora María asumió la dirección con una valentía que merece ser contada una y otra vez. Heredó de su esposo el oficio, el carácter y la determinación para conducir un medio independiente, aun cuando las condiciones económicas, políticas y personales parecían empujar en sentido contrario. Y es que pocas historias empresariales en Chiapas pueden presumir una resiliencia semejante.
Así, Cuarto Poder se convirtió en un referente nacional en la defensa de la libertad de prensa. Me tocó constatarlo personalmente en 2009, durante una reunión de la Asociación Mexicana de Editores de Periódicos. El rotativo chiapaneco era tema de conversación y reconocimiento entre directores de importantes medios nacionales, quienes conocían perfectamente lo ocurrido en Chiapas: el enfrentamiento entre un gobierno empeñado en doblegar a un periódico y la resistencia de un medio que decidió no rendirse.
Para muchos periodistas, Cuarto Poder fue mucho más que una redacción. Fue una escuela. Ahí aprendimos que una nota no se construye exclusivamente con declaraciones, sino también con contexto, calle y sensibilidad. Ahí se formaron decenas de reporteros, fotógrafos, editores y articulistas que trascendieron más allá de sus páginas y llevaron su experiencia a otros medios, instituciones y proyectos de comunicación.
Ahí también me tocó aprender, hacer grandes amigos y contar historias que, sin darme cuenta entonces, terminaron por convertirme en parte de una historia colectiva que hoy miro con orgullo y gratitud. Por eso, cuando se habla de los 50 años de Cuarto Poder, no solo se reconoce la permanencia de una empresa familiar; se reconoce la persistencia de una idea: que el periodismo sigue siendo necesario, incluso en tiempos de inmediatez digital, redes sociales y desinformación convertida en espectáculo.
Hoy, al mirar hacia atrás, queda claro que las páginas de Cuarto Poder no solamente han narrado la historia de Chiapas; también han sido parte de ella. En sus titulares quedaron registrados los momentos que marcaron a generaciones enteras; en sus redacciones se forjaron periodistas; y en la tenacidad de la familia De la Cruz Morales quedó demostrado que la libertad de expresión no es un privilegio concedido por el poder, sino una conquista que debe defenderse todos los días… así las cosas.
Contacto: hectorestradaenlamira@gmail.com

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