Turismo político

Esteban Moctezuma Barragán

Cuando se toman decisiones correctas, además de generarse consecuencias positivas, a veces aparecen también efectos negativos. Claro ejemplo de lo anterior es el proceso de descentralización del gobierno federal, que se aceleró a partir de 1992, con el federalismo educativo, de 1995, con el impulso al federalismo y de 1996, con la descentralización de la salud en México, entre muchos otros programas.
Lo anterior ha permitido, sin duda, un equilibrio que la nación necesitaba. Hoy, el centro del país, representado por la ciudad de México y el gobierno federal, ha perdido fuerza e importancia frente al resto del territorio.

Hasta hace una década existía el Distrito Federal y “la provincia”. Hoy “la provincia”, como concepto, ha perdido fuerza para dar paso a una importante participación en el PIB nacional al estado de México, a Monterrey, a la región de La Laguna, a Guadalajara, a Chihuahua, entre muchos otros polos de atracción de las actividades productivas. O a la Riviera Maya, Guerrero, Nayarit o Sonora, como importantes centros de desarrollo turístico.

Sin duda, México, con todos los problemas que tiene, es regionalmente más equilibrado hoy que hace 10 años.

Otro aspecto importante es el fortalecimiento de la participación de los estados y municipios en el presupuesto federal. Sin duda, con la creación del Ramo 33 en 1998, se inició un sano proceso en donde hoy cuentan con más recursos la suma de los estados que el gobierno federal.

Sin embargo, este esfuerzo de descentralización también ha tenido consecuencias negativas. Una de ellas es el mal uso que algunos presidentes municipales están dando a los recursos que reciben. ¿Cómo explicar los viajes a Asia y Europa de varios presidentes municipales? ¿Cómo justificar que un presidente municipal viaje a China?

El Senado de la República no autorizó un viaje al entonces presidente Vicente Fox en 2002 porque no se justificaba claramente la utilidad de su salida y el costo de su gira. ¿Cómo es posible que a nivel municipal no existan controles para evitar el “turismo político”?

Cualquier recurso que salga del bolsillo de los ciudadanos y que se canalice a los cabildos debe ser auditado.

No se puede permitir que el gobierno federal genere mecanismos de control, transparencia, contraloría y fiscalización para mejorar permanentemente la rendición de cuentas y que no suceda lo mismo en los órdenes de gobierno estatal y municipal.

Sin duda, la población siente y tiene más cerca a una presidencia municipal o delegación que al propio gobierno federal, y no debe permitirse que quienes obtengan una ganancia neta de la descentralización, el fortalecimiento del sistema federal y la ampliación de la vida democrática sean precisamente servidores públicos municipales que no rinden cuentas, actúan autoritariamente y no derraman los recursos a la población a través de obras públicas y mejores servicios, pero eso sí, salen de viaje a China para buscar la firma de “convenios e inversiones de vital importancia” o se otorgan sueldos más elevados que el propio Presidente de la República.

La reforma del Estado debe revisar urgentemente la necesidad de que el cambio democrático, el fortalecimiento del pacto federal, la separación de poderes y la modernización de la administración pública que impulsa el gobierno federal desde hace cerca de 20 años se practiquen igualmente por los gobiernos estatales y municipales; de lo contrario, tendremos presidentes de la República acotados por la ley y los poderes de la Unión y gobernadores en calidad de virreyes.

Tendremos servidores públicos federales bajo la lupa de la ley de responsabilidades y presidentes municipales que abusarán no sólo del presupuesto, sino del poder público.

Presidente de la Fundación Azteca

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