Memoria y proyecto

Manuel Camacho Solís

A un año de la elección, se deberían mirar los acontecimientos del 2 de julio con serenidad. Si se tiene memoria, y se mantiene la convicción de que el país está urgido de un verdadero proyecto nacional, el enojo con lo que ocurrió podrá dar origen a procesos de cambio que ayuden verdaderamente a México. Si por el contrario, se pretende olvidar lo ocurrido, o reducirlo a un simple ajuste de cuentas, la historia será de dolor y frustración.
Quienes desde el gobierno intentaron que la sociedad olvidara, no lo lograron. La marcha de ayer demostró que se mantuvo firme y unido el movimiento social opositor. Aunque no haya elecciones en puerta, miles están dispuestos a marchar, y millones siguen cuestionando la legitimidad del gobierno (más de 40%).

Con todas las limitaciones que significa no tener el gobierno nacional ni recursos ni acceso a la televisión correspondiente al peso social de lo alcanzado; la memoria, conciencia, lealtad y participación prevalecientes son suficientes como para que nadie con un dedo de frente pueda dar por concluido el capítulo del 2 de julio.

La decisión estratégica de Felipe Calderón de apostar todo al PAN, a pesar del apoyo minoritario que alcanzó, vendrá a reforzar la idea de la exclusión política. Los reducidos márgenes de acción que tiene su gobierno en casi todos los frentes, no le permitirán tener un gobierno de grandes realizaciones. Su mejor cálculo será actuar con prudencia. Es decir, no hacer cosas que provoquen. Eso le da para sobrevivir, pero no cambiará los estados de animo de la población, aun con el apoyo de las campañas publicitarias mejor diseñadas.

Si del lado del gobierno ya está decidida la estrategia, del lado de la oposición de izquierda, una vez que está demostrado que el movimiento sigue y que las causas que llevaron a millones de ciudadanos a apoyarlo continúan vigentes, se necesitará una definición política. Aunque no ha desaparecido ninguna de las razones que llevaron a tantos a buscar un proyecto alternativo de nación, la coyuntura política ha cambiado. Es obligado el reposicionamiento.

Para ganar, hay que convenir la mejor estrategia. Se necesita mantener el capital moral, mejorar la propuesta y entrar de lleno a la lucha política electoral con posicionamientos que levanten al movimiento, candidatos que puedan triunfar y alianzas sociales y políticas amplias que permitan recuperar lo alcanzado.

El capital moral del movimiento y de sus líderes es determinante, sobre todo ante la desventaja evidente de poder material y organizativo. Pero el capital moral en la política no está peleado con los resultados. Los grandes líderes sociales que se distinguieron por su rectitud a toda prueba, como Ghandi, King o Mandela, fueron respetables porque lucharon indeclinablemente, pero su grandeza histórica se las dio la victoria. Trascendieron porque fueron políticamente responsables. Fueron grandes por los resultados que alcanzaron: la independencia de India; los derechos civiles de los negros en Estados Unidos; el fin del régimen de segregación racial en Sudáfrica.

El Frente Amplio Progresista y el movimiento social que conduce Andrés Manuel López Obrador deben perfeccionar su propuesta de cambio. Frente a los problemas tan complejos que tiene nuestro país, nadie debiera concluir que ya tiene todas las respuestas. Siempre, y más ahora, son decisivas la reflexión, la honestidad intelectual, el debate, la capacidad para reconocer los cambios en la realidad y la visión y concreción para, de ser gobierno, estar seguro que se hará un mejor papel.

El Frente Amplio Progresista necesita ganar. Para ello debe frenar al autoritarismo y aprovechar todos los resquicios de la democracia. Requiere conservar una capacidad defensiva fuerte para disuadir cualquier intento autoritario. Pero también debe decidirse a triunfar en las elecciones. ¿Cómo? Ocupando los espacios en los medios, con posicionamientos claros, consistentes e imaginativos. Con los mejores candidatos. Con las alianzas que le permitan recuperar votos y presencias regionales. Demostrando que, cuando se es gobierno, se pueden dar mejores resultados. Construyendo la expectativa del triunfo para 2012. La firmeza era imprescindible para mantener el movimiento en la derrota. La claridad, paciencia y perseverancia lo serán para cambiar el rumbo del país.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

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