María Teresa Priego
En 2004, mil 205 mujeres y niñas fueron asesinadas en 24 entidades. Asfixia, puñaladas, golpes. En más de 50% de los casos de mujeres, el homicida era —había sido— su pareja. La mayoría de las niñas murió víctima de violencia infligida por un miembro de su familia. Datos de la Comisión Especial para Homicidios de Mujeres. “La violencia de género es definida como una violencia que se dirige a las víctimas fundamentalmente por su género, en la cual las víctimas no son conocidas, son intercambiables, y cuyo principal motivo de agresión es precisamente su pertenencia al género”, Larrauri, Criminología crítica y violencia de género. Como en los asesinatos de Ciudad Juárez. Víctimas elegidas al azar. La serie. Los cuerpos femeninos despersonalizados.
La violencia familiar presenta modalidades muy distintas. El vínculo existe. Entre el agresor y su víctima. Una vida en común. Hijos víctimas directas o indirectas de la violencia. Dos formas de violencia a analizar, prevenir, solucionar, penalizar con herramientas diferenciadas. “La finalidad de controlar, intimidar o castigar ha sido constatada en numerosas investigaciones cuando se preguntan a los agresores los motivos por los cuales ejercen violencia sobre su mujer pareja” (Larrauri). Pero ambos tipos de violencia —diferenciadas y específicas— se encuentran. Comparten un mecanismo de fondo: la relación deshumanizante de un hombre violento con la feminidad. Dominar. Someter. Asesinar en los casos extremos. ¿Cuál es la salida de emergencia para una mujer víctima de violencia familiar?
En La razón de los refugios, Margarita Guillé, directora de la Red escribió: “La mitad de los homicidios dolosos contra mujeres suceden en el ámbito familiar. Se pensaron los refugios. Lugares secretos, confidenciales de protección a mujeres y sus hijas/os. Espacios temporales de seguridad, para atender las crisis emocionales y de salud física de las víctimas”. En 2006, 46 refugios en 28 estados atendieron a más de 20 mil personas. Hoy existen 55 refugios en 30 estados de la República, sostenidos en su mayoría por organizaciones de la sociedad civil.
Margarita describe los “recursos irregulares” que reciben los refugios. “Provienen en distintas cantidades de diversas fuentes. De la iniciativa privada, del gobierno, autogenerados y de financiadoras internacionales. No hay una política estructurada en la que el Estado esté obligado a garantizar espacios de calidad para protección de mujeres y sus hijas/os desplazados por la violencia. La Red Nacional de Refugios es una continua batalla por su sustentabilidad, con el riesgo latente de que desaparezcan refugios o disminuyan su capacidad y calidad de intervención a familias desplazadas por la violencia”.
El 50% de las organizaciones que dirigen refugios no tienen derecho a beneficiarse de la “filantropía corporativa”. La Ley General de Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia existe, ¿y la violencia doméstica no se contempla como actividad que otorgue la posibilidad de expedir recibos deducibles de impuestos? La “agenda política” es, o tendría que ser, una “agenda moral”. Priorizar lo urgente. Era más útil el apoyo económico a los refugios que publicitar la ley. Quienes trabajan en los espacios de protección a las mujeres víctimas de violencia toman riesgos cotidianos. En un trabajo duro de defensa. De apoyo y de empatía. ¿Cuál podría ser parte de nuestra “agenda moral” como ciudadanas/os? Los donativos. Urgen: www.refugiosparamujeres.org.mx.
Escritora
