La Iglesia: la luz y la sal que necesita Chiapas /Marco Tulio Carrascosa.

La Iglesia no fue llamada a esconderse del mundo. Fue llamada a transformarlo.
Las grandes civilizaciones de la historia han sido edificadas sobre instituciones fuertes.
La familia.
La educación.
La justicia.
Y, desde hace más de dos mil años, la Iglesia.
Reducir la Iglesia a un edificio o a una reunión de fin de semana es desconocer una de las instituciones que mayor influencia ha ejercido sobre la historia de la humanidad.
La Iglesia ha inspirado a millones de hombres y mujeres a lo largo de la historia. Ha influido en presidentes, estadistas, pensadores, universidades, escritores, hospitales, obras de beneficencia, misiones humanitarias, programas de alfabetización, atención a los más vulnerables y movimientos que han defendido la dignidad humana en distintos momentos de la historia.
Pero su mayor contribución ha sido otra.
Transformar vidas.
Porque la Iglesia no es un edificio.
No es una organización.
No es una denominación.
La Iglesia es el cuerpo de Cristo en la tierra.
El apóstol Pablo escribió:
“Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” — 1 Corintios 12:27
Esto significa que la Iglesia representa a Jesucristo en medio de una sociedad que necesita esperanza, reconciliación y dirección moral.
Por eso Jesús definió con absoluta claridad cuál debía ser nuestra misión.
“Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte.” — Mateo 5:13-14
La sal tiene una función.
Preservar.
La luz tiene una función.
Iluminar.
Ninguna de las dos fue creada para permanecer escondida.
Cuando la corrupción avanza, la Iglesia debe preservar.
Cuando la oscuridad aumenta, la Iglesia debe iluminar.
Cuando los fundamentos morales de una sociedad son puestos en duda, la Iglesia no puede permanecer en silencio.
Tiene el deber de levantar la voz.
No con odio.
No con violencia.
No con imposición.
Sino con amor, verdad, convicción y fidelidad a la Palabra de Dios.
Jesús jamás pidió que sus discípulos escaparan del mundo.
Al contrario, oró al Padre diciendo:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” — Juan 17:15
Ese versículo resume perfectamente la misión de la Iglesia.
No fuimos llamados a vivir aislados.
Fuimos llamados a influir.
No fuimos llamados a encerrarnos en cuatro paredes.
Fuimos llamados a transformar la sociedad.
Porque la luz no cumple su propósito cuando permanece escondida.
Y la sal pierde su utilidad cuando deja de preservar.
Vivimos tiempos donde los fundamentos de la familia, la verdad, la dignidad humana y los valores que durante siglos sostuvieron a la civilización occidental son objeto de intensos debates culturales y políticos.
Precisamente en esos momentos la Iglesia debe cumplir con mayor responsabilidad su misión profética.
No para dominar.
No para imponer.
Sino para recordar que existen principios eternos que trascienden gobiernos, ideologías y generaciones.
En distintas naciones de América Latina y del mundo, diversos líderes políticos han hecho referencias públicas a la importancia de la fe y de los valores cristianos en la vida nacional. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha participado en eventos de oración y ha expresado públicamente su respaldo a comunidades cristianas. En Colombia, el presidente electo Abelardo De La Espriella ha incorporado referencias a Dios, la familia y los valores conservadores en su discurso público.
Más allá de las diferencias políticas, estos ejemplos muestran que la dimensión espiritual continúa formando parte del debate público en diversas democracias.
Y Chiapas no es la excepción.
Nuestro estado posee una realidad extraordinaria.
Chiapas registra uno de los mayores porcentajes de población cristiana evangélica de México.
Durante distintas administraciones estatales se han realizado reconocimientos públicos a la Biblia y se han promovido monumentos conmemorativos que reflejan la importancia histórica que millones de chiapanecos conceden a las Sagradas Escrituras.
La Iglesia en Chiapas no constituye una minoría aislada.
No es un grupo marginal.
No representa un pequeño sector de la población.
Forma parte de la identidad espiritual, cultural y social de millones de chiapanecos.
Por ello, garantizar plenamente la libertad religiosa constituye una obligación constitucional y una condición indispensable para fortalecer la convivencia democrática.
Asimismo, resulta indispensable que gobierno, iglesias, pastores, ministros y líderes cristianos construyan espacios permanentes de diálogo y colaboración en favor de la paz, la reconciliación, la prevención de las adicciones, el fortalecimiento de las familias y la reconstrucción del tejido social.
La Iglesia no fue llamada únicamente a llenar auditorios.
Fue llamada a llenar de esperanza una sociedad que muchas veces ha perdido el rumbo.
No fue llamada únicamente a organizar congresos.
Fue llamada a servir.
No fue llamada únicamente a predicar.
Fue llamada a vivir el evangelio.
Porque el verdadero cristianismo no se limita al púlpito.
Se manifiesta en las calles.
En las escuelas.
En los hospitales.
En las universidades.
En los hogares.
En las comunidades.
En los lugares donde existe necesidad.
La Iglesia en Chiapas no es una etnia.
No es un grupo aislado.
Somos millones de creyentes comprometidos con el bienestar de nuestra sociedad.
Estamos aquí para ser luz.
Estamos aquí para ser sal.
Estamos aquí para servir.
Estamos aquí para trabajar por la paz.
Por la reconciliación.
Por la prosperidad.
Por la transformación de nuestro estado.
Porque cuando la Iglesia cumple su propósito, la sociedad encuentra esperanza.
Las familias encuentran dirección.
Los jóvenes encuentran propósito.
Y las naciones descubren nuevamente el camino hacia una convivencia basada en la justicia, la verdad y el amor al prójimo.
Hoy más que nunca, Chiapas necesita una Iglesia viva.
Una Iglesia presente.
Una Iglesia comprometida.
Una Iglesia que no tema levantar la voz cuando los fundamentos de la sociedad sean amenazados.
Una Iglesia que refleje a Jesucristo con humildad, valentía y amor.
Porque mientras exista oscuridad, la luz seguirá siendo necesaria.
Y mientras exista corrupción moral, la sal seguirá siendo indispensable.

Hasta la próxima… ✒️

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