Gordon Brown en la escena internacional

Rosario Green

Antes de su investidura como primer ministro del Reino Unido, los observadores habían subrayado la prácticamente nula experiencia de Gordon Brown en materia internacional, preguntándose cuál sería su papel tanto frente a Estados Unidos como en el conjunto europeo, sin concederle mayores aspiraciones de proyección mundial.
Apenas un mes después del inicio de su mandato, Brown viajó a Estados Unidos con el doble propósito de entrevistarse con Bush y acudir a la ONU.

En el cumplimiento de primer objetivo no hubo mayores novedades, pues en relación con la presencia militar en Irak, asunto toral en la relación bilateral, el primer ministro británico ratificó su voluntad de cooperar con Estados Unidos, buscando generar las condiciones para la transferencia gradual del control a las autoridades iraquíes. No obstante, sólo ocho días después, el sucesor de Blair nos sorprendió al reclamar formalmente la liberación de cinco extranjeros residentes en el Reino Unido, que están detenidos en Guantánamo, lo que ha sido interpretado como una acción que pudiera presagiar cambios futuros respecto a la colaboración británica en Irak.

Por lo que hace a la presencia de Gordon Brown en la ONU, es necesario destacar dos aspectos. Primero, su clara adhesión a la tardía decisión del organismo de emprender una enérgica acción para la pacificación de Darfur. Segundo, su extenso alegato acerca de la urgencia de avanzar en la consecución de las Metas de Desarrollo del Milenio, destinadas a erradicar “los grandes males de nuestro tiempo: analfabetismo, enfermedad, pobreza, degradación ambiental y subdesarrollo”.

En un lenguaje ajeno a la complacencia generalizada en los discursos oficiales sobre este tema, Brown dijo que a siete años de haber adoptado las metas, es claro que “el paso es muy lento y la orientación incierta”, lo que pone en peligro la visión en la que se sustentaron. Destacó que aunque el calendario indica la mitad del camino hacia el año 2015, “en realidad estamos a un millón de millas de alcanzar el éxito”.

Al hacer una detallada exposición acerca de los grandes retos que confronta la humanidad, el premier británico destacó la educación, el cambio climático y la salud, sin dejar de colocar en lugar central al comercio, la generación de riqueza y la creación de empleo, como los únicos caminos para alcanzar una prosperidad duradera. Afirmó que no existen pretextos científicos, tecnológicos o económicos para dejar de ayudar a quienes más lo necesitan, pues solamente se requiere unidad de propósitos y uso imaginativo de los recursos para aplicarlos adecuadamente. Llamó a todos los gobiernos, de países ricos y pobres, a actuar decididamente en esta tarea.

El discurso de Brown puede leerse en buena medida como la proyección internacional de las tesis socialdemócratas. Alguien podría llegar a decir que se trata de una extrapolación de la tercera vía, impulsada en el Reino Unido por el laborismo británico, sustentada en la posibilidad del establecimiento de un nuevo contrato entre el Estado y los ciudadanos, que incluya derechos y responsabilidades.

Otra faceta del nuevo dirigente tiene que ver con su concepción, planteada desde 2005, acerca de la necesidad de que la Unión Europea deje de centrarse en su interior y se convierta en una Europa global, idea que ya está plasmada en la agenda europea, pero que ha sido puesta en práctica de manera muy limitada.

Habrá que estar atentos al desempeño de Brown a fin de ver si tiene la capacidad de convocatoria para construir un liderazgo, que le permita poner en práctica los claros propósitos con los que inicialmente se ha colocado en el escenario internacional.

Senadora de la República (PRI)

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