Un fuerte sismo se registró en Chiapas, pero esta vez no fue telúrico; la verdadera temblorosa ocurrió en las piernas de los funcionarios del gabinete legal y ampliado de Eduardo Ramírez. Muchos se habían confiado, viviendo en la burbuja de creerse “nenes consentidos”, dedicados a la foto en los eventos y a la soberbia de sentirse intocables. Ayer, ese sismo político sacudió los cimientos de quienes creen que pueden engañar al Jaguar, quien rugió con tal fuerza que provocó que hasta las carpetas de investigación sobre quienes han hecho del erario un botín personal comenzaran a moverse.
Después de disfrutar el triunfo de la Selección Mexicana, el ambiente en las oficinas de gobierno cambió drásticamente. Los funcionarios, que hasta hace poco se sentían inmortales, recibieron un aviso claro: no son eternos. Las zancadillas del fuego amigo no funcionan con Eduardo Ramírez, y han quedado advertidos.
A este desorden se suma la ansiedad electoral de aquellos que, sin haber salido una sola convocatoria, ya andan en abierta campaña de proselitismo. Se pasean como si el cargo fuera su plataforma de lanzamiento personal, olvidando que el Gobernador ha sido enfático en su llamado al orden.
Desde su reciente reunión en mayo con el Gabinete Legal y Ampliado en el emblemático Mirador Los Chiapa, el mandatario fue claro: servir al estado es un privilegio que exige responsabilidad social, vocación de servicio y un sentido humanista profundamente arraigado. Mientras algunos funcionarios se pierden en la grilla y en el activismo anticipado, el Gobernador les ha recordado que el poder no cambia a las personas, sino que revela su verdadera dimensión. Señaló con dureza a esos “tiranos de bolsillo” que, carentes de convicción, creen que un gramo de poder formal es una tonelada de autoridad.
Ramírez fue implacable al advertir que el funcionario que necesita humillar o imponer para ocultar su incompetencia está traicionando la esencia del gobierno. Su convocatoria es a mantener una coordinación interinstitucional real, enfocada no en el lucimiento personal, sino en fortalecer el bienestar y la prosperidad en los 12 municipios que históricamente han sido olvidados en Chiapas. Esa doble cara —súbdito con los fuertes y verdugo con los débiles— es la que el Gobernador ha decidido no tolerar más.
El mensaje es definitivo para quienes apuestan por la intriga y la traición al humanismo: el Jaguar ha marcado la línea. Aquellos que se escudan en un nombramiento para imponerse y abusar, hoy saben que su tiempo se agota. La advertencia está hecha: no vale la pena distraerse con funcionarios vacíos de causas, pero el ajuste de cuentas es inevitable. El reinado de la soberbia siempre es breve, y el poder —que es vigilado, controlado y, sobre todo, prestado— está a punto de ser reclamado por quien realmente sirve al pueblo
FILIPICAS
Paco Ramírez
El sismo político que sacudió al gabinete
Un fuerte sismo se registró en Chiapas, pero esta vez no fue telúrico; la verdadera temblorina ocurrió en las piernas de los funcionarios del gabinete legal y ampliado de Eduardo Ramírez. Muchos se habían confiado, viviendo en la burbuja de creerse “nenes consentidos”, dedicados a la foto en los eventos y a la soberbia de sentirse intocables. Ayer, ese sismo político sacudió los cimientos de quienes creen que pueden engañar al Jaguar, quien rugió con tal fuerza que provocó que hasta las carpetas de investigación sobre quienes han hecho del erario un botín personal comenzaran a moverse.
Después de disfrutar el triunfo de la Selección Mexicana, el ambiente en las oficinas de gobierno cambió drásticamente. Los funcionarios, que hasta hace poco se sentían inmortales, recibieron un aviso claro: no son eternos. Las zancadillas del fuego amigo no funcionan con Eduardo Ramírez, y han quedado advertidos.
Y es que el Gobernador ha sido enfático en su llamado al orden. Desde su reciente reunión en el mes de mayo con el Gabinete Legal y Ampliado en el emblemático Mirador Los Chiapa, el mandatario fue claro: servir al estado es un privilegio que exige responsabilidad social, vocación de servicio y un sentido humanista profundamente arraigado. Mientras algunos funcionarios se pierden en la grilla, el Gobernador les ha recordado que el poder no cambia a las personas, sino que revela su verdadera dimensión. Señaló con dureza a esos “tiranos de bolsillo” que, carentes de convicción, creen que un gramo de poder formal es una tonelada de autoridad.
Ramírez fue implacable al advertir que el funcionario que necesita humillar para ocultar su incompetencia está traicionando la esencia del gobierno. Su convocatoria es a mantener una coordinación interinstitucional real, enfocada no en el lucimiento personal, sino en fortalecer el bienestar y la prosperidad en los 12 municipios que históricamente han sido olvidados en Chiapas. Esa doble cara —súbditos con los fuertes y verdugos con los débiles— es la que el Gobernador ha decidido no tolerar más.
El mensaje es definitivo para quienes apuestan por la intriga y la traición al humanismo: el Jaguar ha marcado la línea. Aquellos que se escudan en un nombramiento para imponerse y abusar, hoy saben que su tiempo se agota. La advertencia está hecha: no vale la pena distraerse con funcionarios vacíos de causas, pero el ajuste de cuentas es inevitable. El reinado de la soberbia siempre es breve, y el poder —que es vigilado, controlado y, sobre todo, prestado— está a punto de ser reclamado por quien realmente sirve al pueblo.
