El cierre de librerías; casi Porrúa Tuxtla

Rosemberg Roman

Hace unos días se anunció en Tuxtla Gutiérrez el cierre de la librería Porrúa. Muchos lamentaron la noticia. Una librería también es un espacio simbólico de encuentro con el conocimiento. Sin embargo, en muchos apareció también una reacción clasista de quienes se asumen “intelectuales”, pero que en realidad actúan como *pseudointelectuales*, diciendo que en México o Chiapas “no leen”, que somos una sociedad “inculta” o que ya no se valora el libro impreso como fuente de conocimiento.

Ese juicio es cómodo, pero incompleto.

Antes de afirmar algo así, es necesario entender los fenómenos alrededor. En México, al 2025, alrededor del *49.2% de la población total nacional leyó al menos un libro*. De estos, cerca del *16.4% de toda la población mexicana leyó libros en formato digital*; es decir, *33.3% de quienes leyeron libros también lo hicieron en formato digital*. Esto muestra que la lectura no ha desaparecido, pero está en proceso de transformación.

Es comprensible, porque hoy leer ya no ocurre únicamente frente a un libro impreso; también sucede en plataformas digitales, blogs, artículos, resúmenes, bibliotecas virtuales, audiolibros, herramientas de inteligencia artificial y libros electrónicos.

Por otro lado, los libros no son baratos. Comprar un libro no académico tiene un costo promedio aproximado de *$275.80 pesos*, lo que representa alrededor del *87.5% de un salario mínimo diario*. En términos prácticos, para una persona que vive con salario mínimo, comprar un libro puede equivaler casi a destinar lo ganado en un día completo de trabajo.

Con este contexto, no debería sorprendernos que más de una librería física cierre sus puertas. El romanticismo del olor del papel y la sensación de tener un libro entre las manos no sustituye la economía real que sostiene una librería.

Hay que dejar a un lado el clasismo disfrazado de intelectualismo y dejar de juzgar como inculta a una población para la cual los libros siguen costando más que un plato de comida. *Leer sigue siendo hoy un privilegio que tenemos pocos y comprar libros una fortuna que pocos valoran.

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