¿Debe hablar el pueblo?

¡Consulta popular ya! Identidad cultural y democracia en Chiapas.

Marco Tulio Carrascosa.

Las democracias modernas enfrentan un desafío permanente: encontrar el equilibrio entre la representación política y la voluntad social de los ciudadanos.
El Congreso legisla en nombre del pueblo. Sin embargo, existen temas cuya profundidad cultural, antropológica y social trasciende los límites de una votación parlamentaria ordinaria. Son asuntos que tocan las convicciones más profundas de una comunidad, su identidad histórica, su visión de la familia, sus valores culturales y sus creencias religiosas.
En esos casos surge una pregunta legítima: ¿basta con la decisión de los legisladores o resulta conveniente escuchar directamente a la ciudadanía?
La reciente intervención de la diputada local de Morena, María Isabel Rodríguez Jiménez, en el Congreso del Estado de Chiapas abrió un debate que trasciende la coyuntura política. Sus declaraciones respecto a la Ley de Identidad de Género y a las políticas públicas relacionadas con la diversidad sexual generaron reacciones encontradas, pero también colocaron sobre la mesa una pregunta fundamental para toda democracia: ¿deben temas que impactan profundamente la identidad cultural, religiosa y social de Chiapas discutirse únicamente en los espacios legislativos o también someterse a una amplia consulta ciudadana?
Más allá de coincidir o no con todas sus expresiones, la diputada María Isabel Rodríguez Jiménez planteó una discusión que merece ser analizada desde una perspectiva antropológica, cultural y democrática.
Porque la verdadera pregunta no es quién grita más fuerte.
La verdadera pregunta es quién representa mejor el sentir de la sociedad chiapaneca.
Desde una perspectiva antropológica, las sociedades no son simplemente estructuras jurídicas. Son comunidades construidas a partir de símbolos compartidos, valores, tradiciones, creencias y formas de organización social transmitidas de generación en generación.
Las leyes pueden modificar normas.
Pero la cultura moldea civilizaciones.
Y Chiapas posee una identidad cultural profundamente definida.
Nuestro estado no solamente es una de las entidades con mayor riqueza étnica y lingüística de México. También es una de las regiones donde la fe continúa desempeñando un papel central en la vida pública y privada de millones de personas.
Las comunidades indígenas, rurales y urbanas de Chiapas conservan una fuerte estructura familiar, una profunda tradición comunitaria y una importante influencia de los valores cristianos en la vida cotidiana.
Esta realidad sociológica no puede ser ignorada por quienes diseñan políticas públicas.
Toda democracia sana debe escuchar a sus minorías.
Pero también debe escuchar a sus mayorías.
Toda democracia debe proteger los derechos humanos.
Pero también debe respetar el derecho de los ciudadanos a participar en las decisiones que impactan profundamente su realidad social y cultural.
Por ello, resulta legítimo preguntarse si reformas relacionadas con la identidad de género, la educación, la cultura o las nuevas concepciones antropológicas de la persona deberían acompañarse de mecanismos amplios de participación ciudadana.
La consulta popular no es una amenaza para la democracia.
La consulta popular es una expresión de la democracia.
Escuchar al pueblo nunca debilita a las instituciones.
Las fortalece.
La participación ciudadana permite construir consensos más sólidos, reduce la polarización social y otorga mayor legitimidad a las decisiones públicas.
Lo contrario genera una percepción de imposición política que termina profundizando las divisiones existentes.
Y precisamente ese es el sentimiento que muchos ciudadanos expresan actualmente.
No necesariamente porque rechacen a determinadas personas.
No necesariamente porque busquen excluir a nadie.
Sino porque consideran que cambios de gran impacto social deberían discutirse más ampliamente con la sociedad.
La historia demuestra que las transformaciones más exitosas son aquellas que logran construir consensos culturales antes que imposiciones legales.
Las leyes pueden aprobarse en una sesión legislativa.
La legitimidad social requiere algo más complejo: participación, diálogo y escucha.
Resulta paradójico que en una época donde se habla constantemente de inclusión, diversidad y pluralidad, muchas veces se excluya del debate a quienes sostienen posiciones tradicionales sobre la familia, la educación y la identidad humana.
La verdadera diversidad también incluye la diversidad de pensamiento.
La verdadera inclusión también incluye escuchar a quienes piensan diferente.
La verdadera democracia también incluye permitir que la ciudadanía participe en las grandes decisiones.
Chiapas merece un debate serio.
Chiapas merece diálogo.
Chiapas merece escuchar todas las voces.
Y precisamente por la importancia de estos temas, quizá haya llegado el momento de impulsar mecanismos de consulta ciudadana que permitan conocer con claridad el sentir de la sociedad chiapaneca.
No para dividir.
No para confrontar.
No para imponer.
Sino para fortalecer la legitimidad democrática de las decisiones públicas.
Porque cuando el pueblo participa, la democracia se fortalece.
Porque cuando la sociedad es escuchada, las instituciones ganan confianza.
Y porque las decisiones que nacen del consenso suelen perdurar más que aquellas que nacen de la confrontación.
La pregunta, entonces, no es qué debe pensar Chiapas.
La pregunta es si estamos dispuestos a escuchar lo que Chiapas piensa.

Hasta la próxima… ✒️

Marco Tulio Carrascosa

¡Comparte la nota!