¿Curules para los migrantes?

Gabriel Székely

Representación política es el nombre del juego de quienes acudieron al Congreso en nombre de los mexicanos que residen en Estados Unidos con diversas formas de calidad migratoria. Es un tema muy importante y complejo que algunos argumentamos en el pasado que ya se veía venir. El tema del voto de los mexicanos en el extranjero fue el primer aviso. Ahora, quienes sienten sus intereses afectados por lo que haga o deje de hacer el gobierno de México en este tema crucial de la relación bilateral con su vecino actúan en el nuevo contexto adverso que se deriva del incumplimiento de una de las promesas que hiciera George W. Bush para su presidencia: una reforma migratoria significativa.
No hay reforma y muchos exclaman que hay acoso a los migrantes. No sorprende por tanto observar nuevas demandas y formas de lucha de quienes se asumen como representantes de los mexicanos en Estados Unidos. El propio gobierno mexicano hizo de la interacción con las comunidades y sus líderes uno de los pilares de su política exterior en la relación con su vecino. Era de esperar que las demandas de aquéllas maduraran con el tiempo. El Primer Parlamento de Líderes Migrantes Mexicanos ha solicitado tener 10 diputados y dos senadores que no tengan que estar ligados a partido político alguno.

Entramos así en una etapa de discusión y negociación cuyo escenario final vería a algunos mexicanos —que tendrían que hacer uso del derecho a la doble nacionalidad— haciendo política en ambos lados de la frontera. Ellos saben que tienen que organizarse mejor; si no, habrán de ser ignorados en Estados Unidos; y que deben buscar la representación formal aquí para influir en las decisiones que adopte cualquier gobierno mexicano en el futuro, sin importar el partido de que se trate. La lógica de la demanda es clara, y la respuesta no será un asunto menor.

Si no se atiende la petición, se puede perder este puente vital de México con la población de origen mexicano que reside en Estados Unidos, y que es la mayoría entre los hispanos en ese país. Si bien es una situación muy diferente, vale la pena pensar en el caso cubano; aunque el gobierno en La Habana no les otorga representación a los migrantes concentrados en el estado de Florida, aquéllos ejercen una presión central sobre la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba. Es una realidad y no hay para dónde escoger por el gobierno cubano.

Si mantener el lazo implica ahora incorporar a las comunidades en Estados Unidos con representación política dentro de las instituciones mexicanas, son varias las preguntas que surgen ahora que se discute una reforma del Estado. Por ejemplo, cuando tuvo lugar la discusión del voto de los mexicanos en el extranjero las opciones contemplaban exclusivamente la elección de Presidente de la República, lo cual no ocurrió en 2000, cuando se pensaba en una vía muy incluyente; en 2006, la vía fue más restrictiva y la participación real en los comicios fue menor. Pero quizá este tema ya haya sido rebasado por la realidad.

Comenté en estas páginas que pronto vendría la demanda de participar en el ámbito legislativo, comenzando con el nivel local en algunos estados pues los residentes mexicanos tienden a concentrarse también en lugares específicos de acuerdo con su estado de origen. En Los Ángeles, para citar un ejemplo, predominan migrantes de estados como Zacatecas y Oaxaca; en Nueva York, los poblanos son mayoría. Michoacán fue el estado que más progreso hizo en la discusión. Pero la demanda recién planteada se enfoca en el nivel nacional, lo que sugiere que este tema se está moviendo más rápido de lo que muchos piensan.

¿Se debe considerar la representación con base en el lugar donde residen los mexicanos en Estados Unidos, o en atención al estado de origen? ¿Qué fórmulas determinarían si la elección es para diputados o para senadores? ¿Es posible que no estén ligados a los partidos mexicanos y a la vez negar a ciudadanos residentes en México el derecho a las candidaturas independientes?

Los líderes de los migrantes pretenden negociar no sólo con el gobierno sino con el Congreso, y es previsible que se le entre de frente a este espinoso tema de la representación política formal en el México del siglo XXI.

Coordinador de asesores del secretario de Turismo

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