Beatriz Paredes
La Primera Cumbre Iberoamericana se llevó a cabo en nuestro país, en Guadalajara, Jalisco, en julio de 1991. Aún recuerdo la espléndida organización de los jaliscienses y el decoroso y profesional esfuerzo de la Cancillería mexicana, para recibir a los jefes de Estado de Iberoamérica con dignidad.
La iniciativa parecía tener lógica, pues, el que una comunidad cultural, lusohispanoparlante, buscara puntos de convergencia para robustecer su concurrencia en el escenario mundial en la era de la globalización, podría generar conveniencias para todos.
Era la época del gran activismo internacional de Felipe González, presidente del gobierno español, y del relanzamiento de México en la escena internacional, en el régimen del presidente Salinas. Es aún memorable la apoteósica recepción que le dieron al comandante Fidel Castro, presidente de la república de Cuba, en esa Guadalajara conservadora que se volcó a las calles y vitoreó al artífice de la revolución cubana.
Hace unas semanas, se llevó a cabo la 17 edición de la Cumbre, ahora en Santiago de Chile. Aunque la opinión pública se ha concentrado en el tema del incidente entre el rey Juan Carlos de España y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y eso diluyó, en la imagen pública, la proyección de las discusiones de fondo sobre el tema de la Cumbre, que fue el de la cohesión social. Por la importancia del tema se amerita que se retomen algunos aspectos.
La anfitriona del evento, la presidenta Michelle Bachelet, consistente con su personalidad de mujer comprometida con las causas de las mayorías sociales, propugnó firmemente para que el tema a tratarse en Chile fuese el de la cohesión social, muchas y diversas reuniones preparatorias hubo que arribaron a importantes conclusiones; sobre el mismo, también, se prepararon sendos diagnósticos de las diversas facetas de la desigualdad que inciden en la ausencia y/o debilidad de la cohesión social en la región, especialmente en América Latina.
Me refiero, por ejemplo, al documento elaborado por el gobierno chileno como antecedente de la Cumbre, en el que señaló que de 530 millones de latinoamericanos, 200 millones viven en la pobreza. Las reflexiones en torno a que la economía planetaria —léase, la globalización universal ha servido para “acentuar la desigualdad entre países”— y “crear segmentación” dentro de las sociedades —léase, incrementar las diferencias, en algunos países abismales—, entre los estratos sociales, entre los pocos que todo lo tienen y los muchos que apenas subsisten.
Al referirse a la cuestión del empleo, cuestión crucial para la región latinoamericana por las características de la demografía en varios de sus países, donde hay un importante volumen de población adolescente, joven y en juventud madura que requiere empleo en la estructura formal, el documento afirma que “las actividades que conforman la red global sólo emplean una minoría de fuerza de trabajo”, algo que “acrecienta la diferencia de remuneración entre los recursos calificados y los no calificados”, afirmaciones relevantes que atisban una parte del que yo considero el problema más delicado en los países latinoamericanos: satisfacer la demanda de empleo e ingreso justo para millones de personas.
Como el documento preparatorio para el debate de la Cumbre, preparado por el gobierno chileno, al que he hecho referencia, otros textos presentados por países y conclusiones de las reuniones previas arrojan diagnósticos de fondo y propuestas de políticas públicas y de compromisos de los sectores social y privado para alcanzar una mejor cohesión social en la región, indispensable para que, legítimamente, haya gobernabilidad democrática. Ojalá los lectores puedan profundizar en ello, en el sitio www.iberchile.cl/prontus_iberchile/site/edic/base/port/inicio.html; lo difundo porque creo que el esfuerzo realizado para que todos los jefes de Estado de Iberoamérica, de derecha, de centro, de izquierda, radicales o moderados, abordaran un tema verdaderamente trascendente para nuestros pueblos, merece visibilizarse y no quedar reducido a escenografía porque los reflectores se concentraron en un incidente, por relevante o no, que haya sido éste.
Lo acontecido, subraya la necesidad de que estos encuentros entre jefes de Estado sean fructíferos y no se pierdan como una reunión más. Sólo así tendrá sentido la continuidad de una iniciativa que los mexicanos abrazamos con entusiasmo en sus orígenes.
correo@beatrizparedes.org
Presidenta nacional del PRI
