Alfonso Carbonell
4 de octubre… no se olvida
Dirán ustedes o al menos lo supongo, que hablar del fenómeno meteorológico Stan, que ayer, precisamente, cumplió cinco años de su paso destructor por la entidad chiapaneca, de nada sirve o a nada nos conduce cuando, sí cuando, a pesar de las voces que se han levantado todo este tiempo para denunciar -decía yo en pasada entrega-, el más grande robo que se le ha hecho a los chiapanecos donde poco más de 11 mil millones de pesos fueron vilmente dilapidados y gran parte de éstos ingresados a las arcas personales del mandatario estatal en turno que no es otro que el siempre mal recordado Pablo Salazar y secuaces, solo ha servido para dos cosas; ¡para nada y para pura chingada! Si no, ahí lo ven ya, éstos se siguen paseando en nuestras narices sobre todo las de las autoridades, tan frescos como una lechuga. ¡Cínicos!
Porque al final de cuentas (aunque aún no de ese capítulo, espero) sobre este oscuro capítulo de la historia, poco o nada se ha avanzado por parte de las autoridades para esclarecer, a satisfacción del vox populi, de menos, sobre ¿adónde fueron a parar tan millonarios recursos? A cinco años pues, de la lamentable debacle natural aún, se insiste, la transparencia del uso de dichos recursos etiquetados para la reconstrucción ni mucho menos de sus responsables, poco o nada ha sido aclarado.
Que fácil, me cae, es hacerse de oídos sordos a tan evidente hurto a los dineros del pueblo de Chiapas, porque quedó suficientemente demostrado incluso partiendo del señalamiento de miles de voces de los afectados quienes no quitan el dedo del renglón pese al paso del tiempo, siguiendo levantando sus voces reclamando y esperando se les haga justicia. Porque si a lo que realmente aspiramos tanto como sociedad, estado y país es construir bases sólidas de un andamiaje institucional para alcanzar justicia y democracia, necesitamos, necesariamente, avanzar en el combate a la impunidad lo que quiere decir, así de simple, que no se puede permitir ya a nadie, sea este o estos quienes sean, que con la mano en la cintura vengan a burlarse de los chiapanecos una vez habiéndoles esquilmado sus riquezas. Peor aún, haberles desquebrajado sus esperanzas de futuro. No, ¡no se vale!
Así pues, la devastación que dejó a su paso el huracán Stan, provocando el desbordamiento de los ríos, que comunidades enteras quedaran inundadas, que miles de hectáreas productivas y sus cosechas se echaran a perder, de puentes colapsados y carreteras destruidas así como la muerte de cientos de cabezas de ganado de toda especie, deben ser recordadas por la memoria colectiva. Pero sobre todo por las pérdidas de vidas humanas. Por ello mismo, este suceso por sus múltiples impactos e implicaciones, deben ser suficientes motivos como para que el; “4 de octubre -a los chiapanecos- no se olvide”.
Ya de salida
El tema que originalmente tenía considerado para este espacio, me fue necesario dejarlo para otra entrega, ello debido a qué, lo ocurrido ayer a las afueras del plantel 144 del Cebetis que se ubica sobre el boulevard Fidel Velásquez justo en donde termina el fraccionamiento El Paraíso, en la zona nororiente de la capital Tuxtla, como a eso de las 20:30 de la noche, un grupo de muchachos de dicha institución, se enfrentaba a golpes y piedras con otro grupo, pero éste del Cobach 35, mismo que se encuentra a la vuelta de la primera escuela citada.
La escena que bien podría ser una copia barata de “juventud desenfrenada” película mexicana en la que se mostraban a las pandillas de rebeldes sin causa de los años sesentas, es un fenómeno no nuevo y por añadidura, en constante expansión. Así pues, una treintena –de menos- por bando, se correteaban y lanzaban piedras y diversos objetos poniendo en riesgo, no solo su propia integridad sino las de los transeúntes y automovilistas que bajo el fuego cruzado, tenían que pasar entre los rijosos chamacos. Verdaderos desquiciados mentales.
Así bajo la complicidad de la “oscurana” producto de la nula iluminación de la zona; es más, encontrándose los planteles referidos a escasos metros de donde tiene asiento el Consejo Estatal de Seguridad Pública, ni por asomo alguna patrulla o de menos un Policleto, se apareció para devolverle a los pobladores del lugar, la mínima seguridad. Para nada.
Algo pues, se tendrá que hacer al respecto y pronto, porque como lo advertía ya, este tipo de reyertas entre jóvenes “estudiantes” lo mismo de nivel bachillerato como en las secundarias se está volviendo parte del paisaje citadino. Pero más grave aún, es que este tipo de encuentros violentos como ciertamente ya han sucedido, puedan cobrar la vida de alguno de ellos o ellas. Se requiere entonces, más control por parte de las propias autoridades escolares, pero de igual manera, de los padres de familia. En tanto que las policías cuya obligación y responsabilidad es cuidar de la seguridad de los ciudadanos, bueno, de eso ya ni hablamos. Así es qué; “ojo mucho ojo con estos muchachos”.
