Cataclismo a la vista

José Fernández Santillán

Cambridge, Massachusetts.— Una de las imágenes más dramáticas que he visto en mi vida fue la de un oso polar tratando de subir a un pequeño témpano de hielo sin conseguirlo. La razón de este fallido intento, que le provocó al final la muerte, no se debió a su impericia, sino a que el hielo del Polo Norte, su hábitat natural, se está derritiendo.
La muerte de osos polares se ha incrementado en razón de que tienen que nadar distancias mucho más largas para alcanzar suelo firme. En algunos lugares la costa del Ártico se ha retirado hasta 70 kilómetros del lugar donde estaba.

El problema del calentamiento global no se restringe, sin embargo, a un determinado lugar del planeta. Sin exagerar, en cada rincón de la Tierra hay testimonio de la crisis climática: el incremento de los incendios forestales, el desvanecimiento de los glaciares junto con una mayor cantidad e intensidad de huracanes, tifones y torbellinos. Si seguimos así, en pocos años el nivel del mar puede subir hasta siete metros, lo que implicaría la desaparición de muchas poblaciones costeras.

Este fenómeno no se debe, como algunos sostienen, a un ciclo natural semejante a los que ha experimentado el globo terráqueo a lo largo de su historia. El motivo se encuentra en el tipo de economía que tenemos, basada en la combustión de materiales que genera a su vez gases —especialmente el bióxido de carbono— que provocan, finalmente, el efecto invernadero. En estas circunstancias lo más lógico sería cambiar la pauta económica. Sin embargo, allí radica el meollo del asunto: hay una lucha enconada entre quienes calibran la gravedad del problema y quienes lo rechazan.

La campaña para revertir el calentamiento global ha sido llevada a cabo por organizaciones ecologistas; pero les han salido al paso partidos y organizaciones de derecha que se oponen a la adopción de medidas que modifiquen el patrón económico prevaleciente. Nigel Lawson, quien fuera canciller de Margaret Thatcher, afirmó: “El ambientalismo es profundamente hostil a la economía de mercado”. Con este enfoque se está llevando a cabo una campaña contra los ecologistas similar a la cacería de “comunistas” anterior a 1989.

Es la visión que comparten políticos neoconservadores y el gobierno de EU. John Shagger, representante por Arizona, sostuvo recientemente contra el ecologismo: “Debemos ser muy cuidadosos en no respaldar acciones que le impondrán, sin necesidad, límites a las familias estadounidenses”.

En medio de este “choque de ideologías” está en juego el destino de la humanidad. En mi opinión, el tema está por encima de las tendencias partidistas. Hay que entender que vivimos ya en una emergencia planetaria. El ex vicepresidente estadounidense Al Gore, en su libro Una verdad incómoda, indica que la emergencia ambiental es semejante a lo que sucedió con la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años: “Se cree que ese evento fue causado por un asteroide gigante. En esta ocasión, sin embargo, no es un asteroide chocando contra la Tierra el que está trayendo la devastación, sino nosotros”. La crisis es un peligro, pero también una oportunidad para cambiar.

Para José Gutiérrez Vivó

jfsantillan@itesm.mx

Académico del ITESM-CCM

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