Un villano de opereta

Miguel Alemán V.

El genocidio vergonzoso del régi-men nazi en contra de la población judía fue una amarga lección del siglo XX. En nuestros días, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha recurrido a la amenaza nuclear para tomar a Israel como rehén de su estrategia regional, y ha profetizado la desaparición del Estado de Israel reiterando: “Como dijo el imán (Khomeini), el régimen que ocupa Jerusalén debe esfumarse de la página del tiempo”, o en la traducción al inglés, “Israel deberá ser borrado del mapa”.
La ominosa declaración podría ser un desplante más en la guerra de propaganda de no ser por la construcción de las instalaciones nucleares en territorio iraní, cuyo uso para la paz o para la guerra obedece más a una decisión política que a una limitación técnica. La amenaza de un conflicto nuclear en Medio Oriente se agrava ante la posibilidad de que un arma de ese tipo caiga en manos de organizaciones terroristas.

Actualmente tres países, Venezuela, Corea del Norte e Irán, desafían al mundo occidental, particularmente a Estados Unidos. Sus líderes son propensos al populismo totalitario, con una visión antagónica a la globalización y a la competencia internacional, y están animados por una fórmula infalible para el conflicto: rencor social, extremismo ideológico y dogmatismo religioso. Un nuevo eje, Caracas-Teherán-Pyongyang, emerge ante nuestros ojos.

El primer ministro de Israel, Ehud Olmert, ha invitado a los líderes de las naciones árabes a construir una paz duradera. Como muestra ha ofrecido un modelo de convivencia y cooperación con Palestina. Ha declarado: “No debemos dejar pasar esta oportunidad”, porque “es el momento de conducir a la opinión pública, no de temerla”. Por eso ha anticipado: “Debemos prevenir que los extremistas dicten nuestra agenda. La voz moderada, la voz racional, es la voz que anhela la paz”.

La política exterior de México ha dado grandes lecciones a la paz mundial. Por una parte, abrió sus puertas a quienes en Europa eran perseguidos por profesar la religión judía, y años más tarde promovió exitosamente un acuerdo de no proliferación de armas nucleares en territorio latinoamericano, conocido como el Tratado de Tlatelolco.

Este tratado, firmado en 1967, ha demostrado a lo largo de 40 años que 33 naciones conviven pacíficamente sin el uso de armas nucleares. Fue un paso histórico fundamental en el camino del desarme nuclear y para el establecimiento del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, ratificado en 1968. Otras regiones han adoptado un mecanismo semejante con tratados regionales en Pelindaba (África), Rarotonga, (Pacífico Sur), Bangkok (Sureste Asiático) y Semipalatinsk (Asia Central).

En la actualidad estas cinco regiones representan casi dos terceras partes de las naciones del mundo y la totalidad del hemisferio sur; no obstante, precisamente el Medio Oriente aún no cuenta con este instrumento de paz.

La misión histórica del Tratado de Tlatelolco es el más noble legado de nuestra política exterior a las futuras generaciones.

Quizá sea momento de analizar la conveniencia de construir una nue-va etapa de este valioso protocolo, para contribuir así a la paz duradera y a erradicar para siempre la amenaza de destrucción nuclear. De no lograrlo, el mundo entero corre el riesgo de que un villano de opereta se convierta en verdugo de una tragedia histórica.

‘Shalom ailechem’ o ‘As-Salamu Alaikum’

En hebreo y en árabe significa: la paz sea contigo. “El patriotismo no puede ser nuestro abrigo espiritual final; mi refugio es la humanidad. No compraré cristal a precio de diamantes, y nunca permitiré que el patriotismo triunfe sobre la humanidad mientras viva”: Rabindranath Tagore

articulo@alemanvelasco.org

Político, escritor y periodista

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