*Con uno tengo
René Delios
El problema es el descaro, el cínismo con que se conducen en la política los políticos.
La falta de credibilidad en la política en la ciudadanía y en lo que de ello deriva es un asunto muy serio; la complejidad del caso tienen orígenes bastos: la falta de convicción política como la ausencia de valores políticos; al régimen de partidos se le parte y el abstencionismo es la consecuencia o más bien, la prueba.
Aun no me explico cómo, en dos ocasiones en Chiapas, el PRI pierde la gobernatura por no aceptar a los candidatos “naturales”, los que ganan con una centro izquierda a la que no pertenecen, y por ende, sus políticas de gobierno no provienen del proyecto fundante de esa “izquierda tradicional”.
Cómo es posible que en un panismo que se dice conservador, se practiquen las mañas más mezquinas para colocar candidaturas y exista un PVEM, pero sobre todo un senador por primera mayoría en Chiapas, que so pretexto de informar lo que no hace en el senado, se la pase en campaña en busca de la gobernatura “desde endenantes”, amparado en el tecnicismo cínico de que la Contraloría de la Legalidad Electoral no le puede acusar de “campaña adelantada” porque su índole es estatal, y no federal, que es lo que el fuero del senador verde le permite.
Qué mal están: ahí esta el abstencionismo; la clase política debe “crecer” socialmente, entenderse con el conglomerado mexicano. Los intereses copulares están completamente disociados en puntos de indispensable coincidencia entre pueblo y gobierno.
La candidatura del empleo se pudrió en la demagogia y la arenga de los hechos se reduce a las partidas federales que no llegan, especialmente en las entidades que dependen de esos recursos en casi todo sentido, a fuerza de que no hay planta productiva importante y mucho menos, industria de transformación a destacar en gran parte de los estados del sur-sureste del país.
Valor agregado, que le llaman, primo.
La ciudadanía en México ha madurado. Estamos frente a una sociedad mayormente informada y que tiene cada vez más y mayores elementos para valorar el comportamiento de sus gobernantes y representantes populares. El sentido común orienta a los ciudadanos para saber quién está haciendo bien las cosas y quién no.
Quien anda de demagogo, coño.
Por eso la intención de voto de la gente ya no es guiada por los utilitarios que se regalan en las campañas, del partido que sea. Quizá reciben la cubeta miserable o la gorra paupérrima con los logotipos de los partidos –que pretenden comprarle la conciencia-, pero su decisión, cada vez más, ya nos está sujeta a esos obsequios y ahora el poco sufragio es razonado con profundidad.
Quizás el mejor parámetro esta en la platica de las personas que no están en las lides de la políticas. Entre ellos uno escucha la verdadera postura y definición que tienen de la política actual, más allá del culto a la imagen y la explotación de las carencias de que son objeto en éstos tiempos electorales. Es gente que decidió dejar de ser carne de cañón para tanto vividor en la política; ser el acarreado de hoy con fulano y de mañana con mengano, eso sí, en otro municipio.
¿Qué no lo sabían? Es lo usual, para hacerse de sus cositas, aunque sea esas baratijas que reparten, como llaveros, encendedores, camisetas manchadas con la cara del susodicho, cubetas con Ariel y jabón Zote –Acapulco en la azotea-, como muestra cualitativa de la idea cuantitativa que trae “el cambio generacional chiapaneco” de la política.
La verdad son decepcionantes.
Por eso algunos colonos hoy se alquilan, como las plañideras de Chiapa de Corzo para hacer más “dobles” los velorios, para estar presentes en mítines “populares” pese a que los baños de pueblo ya dejaron en claro en pasadas contiendas, que no son sinónimo de votos.
Pero así esta la vaina.
La que nos concierne es la referente a que hoy, incluso en el interior del PRD, el apoyo y reconocimiento institucional es motivo de discusión y desencuentros. Los “rudos”, dicen no a todo, mientras que los “técnicos”, que por cierto hoy son mayoría al seno del consejo de ese partido, proponen a sus correligionarios la discusión de la necesaria iniciativa fiscal y aceptar el ofrecimiento hecho por el presidente Calderón para escuchar los posicionamientos de los partidos y debatir.
Digo, porque ese es el sentido de la política: debatir.
En cuanto al PRI, partido que presume de ser factor de gobernabilidad y garante de la institucionalidad, actúa sin altura de miras y sin congruencia (Ahí tienen a Bayardo, de una vez, a la guerra de medios). Hoy, los priístas dicen una cosa, en el pasado hacían otra y mañana quién sabe.
La sociedad chiapaneca se dio cuenta y la mejor muestra de ello fue el lugar que le dio con su voto en 2000 y 2006: el segundo lugar en la elección.
Y el segundo lugar no importa; el bueno es el primero.
Y el primero en Chiapas lo ostenta Juan Sabines Guerrero, no el PRD, no el PT, no Convergencia; Sabines gana apenas con el prestigio de su nombre y los logros de su administración municipal apenas a año y medio de gobernar Tuxtla. Insistió –sin mentir nunca- en la apertura del priismo y éste se cerró como hace seis años y, vámonos a la invitación de la centro izquierda que lamentablemente no tiene gente de ese calibre para hacerle frente al PRI.
Porque sino hubiera sido Sabines, Rutilio o Plácido serían un despojo de huesos triturados por la maquinaria priista, la de mejor estructura electoral en Chiapas, primo.
No va a repuntar aun la centro izquierda en el escenario político del estado, no tiene con quiénes, en la inteligencia de que ya tienen alcaldes rateros, como el de Pijijiapán, o diputados ignaros como Pancho Gil, así, en tanto poco tiempo con presencia, por hacer la misma vaina de imposiciones a través de la corrupción política que, vimos en todos los partidos políticos existentes en Chiapas, el PRD no tiene cuadros, al menos que sean abstractos.
Es decir que no puede haber calidad política, en dónde no se ha practicado nunca.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
