*Suponiendo
René Delios
Inevitablemente –se insiste- esta crisis financiera global y sus secuelas sociales tremendas, deberán generar conciencia mundial. Desde luego que algunos dirán que estoy fuera de la tangente, ante los ejemplos desgarradores de las guerras, y ni siquiera escarmentamos con el dolor que causan. Pronto nace otra y otra acción bélica y así, nos la hemos pasado peleando desde hace milenios, primero por asuntos fundacionales o fundamentalistas, y ahora por la cuestión económica que rebasa el sentido de humanidad, como sucede en Medio Oriente ante los intereses gringos e ingleses –también naciones distantes entre si-, por el petróleo y la venta de armas de acero y sustancias químicas de devastación total.
Tenemos que tener presente que la humanidad debe dar el siguiente paso en el rubro económico; reorientar la economía se antoja urgente pues es la única vía integral, en que el capitalismo debe mantener un criterio humano que comprenda la consideración del trabajo mundial, recategorizándolo hasta que rinda a los niveles de vida digna, y que ésta medida se establezca como el salario mínimo en el escalafón laboral del mundo.
Porque es injusto que un ser humano tenga 26 mil millones de dólares, o diez de éstos tengan lo suficiente como para solucionar el hambre en el mundo, y no se inicie lo necesario para iniciar ese procesote asistencia mundial. Desde luego que no se trata de despojar a nadie, pero en las urgencias económicas, como la vivida en México en la crisis de 1994 y 1995, intervino el Estado y salvó a los bancos y por ende a los empresdarios, en lo que se conoce aun como el FOBAPROA, que representó el 20% del Producto Interno Bruto de entonces, y que aun sigue fracturando la relación del gobierno federal con los que menos tienen –a los que no les correspondió igual-, ante la voracidad que presentan los bancos mexicanos, los más caros de América Latina.
En la crisis de las casas crediticias gringas, pasa ahora lo mismo: el Estado entró en acción para evitar un colapso general al interior del país, que hiciera perder sus viviendas a millones de familias de esa nación, entre otras cosas: es decir que se registra una especie de FOBAPROA actualmente en Estados Unidos.
Aunque para el expresidentes Zedillo, quien apechugó ese billete del Fobaproa, la intervención estatal en general ha sido hasta ahora “errática e inconsistente”, creemos que el estado mexicano no ha entrado de lleno en el asunto; sin embargo en Davos, en Zuiza, los banqueros volvieron a tomar posiciones con los presidentes y jefes de gobierno de las naciones asistentes, y dejaron fuera a los empresarios, en esa reunión de capitalistas mirando desde esa platea la miseria que existe en el mundo, sin que se conmuevan un ápice y, contrariamente, hasta estudian cómo sacarle cada vez más provecho a la pobreza, a través de la creación de organismos altruistas que otorgan miserias ante la proporción de las ganancias colaterales por el prestigio que acumulan.
Y así, tenemos un buen de ONG´s disfrazadas de buena voluntad que dependen del City Bank, por ejemplo.
Pero ahora, pareciera que se miran de frente, pues los expertos destacaron en Davos que “se debería crear un mecanismo para cuantificar los activos tóxicos que tienen los bancos”; que los accionistas deberían aumentar el capital de las entidades de crédito y en caso de que no sean capaces de hacerlo, deberá ser el Estado el que los recapitalice.
Y es que en Davos, en la Suiza de los chocolates exquisitos, se realiza el Foro Económico Mundial, que ha sido tradicionalmente defensor del neoliberalismo, y ante esta sacudida de conciencia, consideran que ahora es necesaria la intervención del Estado para estabilizar el sistema financiero y las economías, esto es que se pone en duda el libre comercio en los mercados de dinero.
¡Por supuesto!
Sir ser especialista en los centavos y sus variaciones y comportamientos financieros, los Estados democráticos deberían de estar comprometidos primero con sus nacionales, y se supone que hacia éstos deben estar dirigidas sus políticas públicas y secretas, sino ¿Qué sentido tiene ese Estado?
Por eso sorprende que en aras de una libertad de mercado, de diplomacia equívoca, las naciones no hayan advertido que sus entidades bancarias –generalmente trasnacionales- no se comportan con sentido social, y sí, con una avaricia que no mide o más bien, a la que no le importa generar desgaste social e incluso, crear conflictos regionales entre naciones distantes entre sí, como decíamos, ha sucedido en Medio Oriente y antes en América Latina, por la intervención del capital extranjero y sus intereses colaterales.
Y así, se podría explicar otro buen el origen de los efectos nocivos del neoliberalismo, ¿pero cómo motivar a partir de éstos, su mutación a una criatura más “cordial” con la pobreza mundial?
Será difícil, y seguramente no será en ésta reunión de Davos en Suiza, cuando salgan los primeros planteamientos para ese paso: a lo mejor aparecen las primeras disculpas por la voracidad y el individualismo generado por éstas décadas de monetarismo globalizador, que ni se inmuta aun por el dañó que causó en medio siglo.
Las consecuencias se resienten ahora en efectos mundiales que van a generar millones y millones de despedidos y esperemos que no de desplazados y de delincuentes, porque al final, todo eso, se vuelca contra la sociedad misma, afectando también a los que generaron la distorsión económica mundial, ya plenamente identificados.
El concepto neoliberal no esta mal en cuanto a que genera riqueza, lo que esta mal es el criterio con que opera, el individualismo a ultranza que lo fomenta, y que lo hace insensible a sus semejantes.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
