*Antes del cuerpo
René Delios
La prevención del delito no solo consiste en que las autoridades del orden público estén cerca de los “ambientes” hostiles como algunas colonias o en lugares susceptibles por ser centros de concentración humana y comercial; debe de estar acompañada de políticas que incidan en la calidad de vida de los ciudadanos más desprotegidos, para que éstos obtengan aparte de ocupación, niveles de bienestar social satisfactorios.Los índices de seguridad existentes en Chiapas presentan esa característica, políticas bajo la estrategia integral y sustentable, que mejoran las condiciones para el tejido social de Chiapas, otrora con problemas de descomposición especialmente en la región norte del estado, en dónde precisamente –como nunca antes- el gobernador Sabines acaba de realizar una gira para aportar equipo para la seguridad, siendo que antes propuso desde la misma, las ciudades rurales sustentables, estrategias para el desarrollo agrícola y agropecuario, que mejoraron sustancialmente las condiciones sociales de la zona, señalando claro esta –mensaje, mensaje- que los beneficios llevaban el color de Chiapas.
Así, como esas estrategias, la explosión demográfica incide en la cobertura de los presupuestos destinados al desarrollo social. Sin tapujos, es en las zonas más pobres en dónde más se da esa situación: familias hasta de ocho integrantes en casas paupérrimas cuando no chozas sin ninguna higiene, lo que provocó la necesidad de aplicar tanto la estrategia de piso firme como apoyo social a la medicina preventiva, especialmente en el rubro de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.
A esos beneficios no se niegan los que menos tienen, pero sí a campañas de prevención de la natalidad, sea por cuestiones culturales o religiosas, algo real en éste tercer milenio.
Pero en el medio urbano la situación es distinta: la falta de información sexual en todos sus ámbitos, genera no solo hijos no deseados, enfermedades contagiosas, sino también el satanizado aborto, practica ésta real por miles de mujeres en nuestro país, digan lo que digan autoridades civiles y religiosas, con los riegos que ello implica para las abortantes.
Ciertamente generó polémica que la SCJN determinara contundentemente que no había delito en ejercer aborto hasta antes de doce semanas de gestación, en la inteligencia de que, la gestante no sabe –y menos los ministros- cuando se da la vida, pero los ministros como los asambleistas del D.F. que aprobaron la moción se deben a la ley y desde luego, a la aplicación de ésta de acuerdo a las condiciones sociales existentes.
No es una determinación derivada del tinte político.
Sin embargo, parte de la realidad del aborto parte de la ignorancia, de la falta de información; siempre será mejor tomar una pastilla preventiva que padecer la succión del feto.
La cuestión es aceptar la necesidad de prevenir el hecho sangriento –porque lo es- y traumático para una mujer como lo es abortar a “algo” que es ya un ser desde el punto de vista humano –que no médico-, por lo que la prevención del hecho –como se hace con el delito- es imperante.
Y la única vía es la información sexual a los jóvenes y no pocas señoras que se descuidan y recurren a ésta tremenda experiencia; la información desde luego debe ser autorizada de manera oficial, sin moralinas estúpidas pues en los hechos los jóvenes hacen el amor sin ningún tipo de prevención antinatal, y tenemos en consecuencia la más alta incidencia de abortos por éste hecho.
La cosa no esta fácil por la óptica de los padres y los credos, además de que requiere inversión, y políticas audaces que permitan incluir alguna folletería para distribuirla en secundarias, preparatorias y universidades, y en el extremo –como en muchos lados ya se hace con el condón- en lugares de concentración juvenil.
El asunto es muy serio como para soslayarlo; muchas de éstas jovencitas mueren en el intento, por todo el país, por lo que se trata de un asunto –negado- de salud pública, que necesariamente deben valorar los responsables de modificar o adecuar las leyes en cada entidad del país.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
