*Retrovisor
René Delios
Luego de la declaración “fantástica” de Mariano Herrán en torno a que recibía las ordenes de Rubén Velásquez -el entonces secretario de gobierno de Salazar-, para arrestar y encarcelar a dirigentes sociales y a los que pensaran diferente a los lineamientos del pasado régimen, es obvio que la critica se vuelque sobre éste gris señor, cuya imagen de represivo no es privativa de él.
Sin embargo, luego de eso, voces ignaras del contexto y su porqué, empezaron a solicitar que el impopular senador compareciera al respecto, cosa desubicada y a la vez distinta pues, en efecto, goza de fuero constitucional federal, por si se le ha olvidado al señor Simán de la Canaco, quien bien pudo haber consultado si su solicitud procede, faltando, insisto, de que la investigación de la LXIII Legislatura Local se extienda al Tribunal de Justicia, instancia que también tiene mucho que contar en torno al cómo y sin pruebas, se sentenció a tanta gente desde esa administración de justicia.
Digo, sin quieren las cosas más claras que la demagogia a la fecha, vemos.
Sin embargo, el que Velásquez López ordenara no desliza el que Herrán Salvatti ejecutara; ambos son responsables -junto con un buen de jueces- del abuso de autoridad y en su caso, podría hacerse la petición de desafuero al senado del país -y a la vez llamar a cuentas a Salazar-, en un suceso que sería sui generis en la era azul, pues en los tiempos del priato fueron varios los gobernadores y legisladores que cayeron en desgracia, siendo el caso más sonado en el senado el de Jorge Díaz Serrano, el padre del petróleo mexicano, quién en cuatro años convirtió a México en la cuarta potencia petrolífera mundial -que hizo casi sentir un Dios a López Portillo-, que triplicó su producción y multiplicó sus reservas por 10 y garantizó el oro negro para más de medio siglo -esto es que, de acuerdo a ese calculo, aún quedan 16 años de reservas-, y con todo y eso se fue años a la cárcel, saliendo libre por “falta de pruebas”.
Pero así era el stablismenth; ahorita no va ningún gobernador, ningún legislador en desgracia política.
Eran otros tiempos en que caer de la gracia presidencial era prácticamente la “muerte política” entre otras desgracias, incluyendo perder la libertad.
Es sumamente difícil que se pida el desafuero del senador Rubén Velásquez, como lo es el que desde el senado le den entrada a la petición y menos que lo metan a trámite en la cámara baja; el FAP lo acuerparía no por culpas, sino porque no es suficiente con que lo diga Herrán.
Otra cosa sería que, Velásquez, por propio pie se presente a comparecer y “limpie” su nombre, aun la andanza mediática en su contra, más derivada de su soberbia que de la experiencia política que, no advierte que, “muerto el rey, viva el rey”. No son los mismos tiempos que los de su compadre Salazar: y sí, Velásquez se puede dar el “lujo” -en estos tiempos de tolerancia y conciliación en Chiapas- de pensar diferente, eso mismo que no toleró y siguió represivamente, de acuerdo a las palabras de Herrán.
En torno al fuero, pues tuvo su propósito también en otro tiempo; ya no es el Estado Mexicano el que persigue a los que piensan diferente y menos a los legisladores que hacen lo que quieren con las iniciativas y la sede en las cámaras de la Unión.
Creemos que en México no tiene que haber motivo por el cual a los legisladores se le solape delito alguno pues eso se llama impunidad: si alguno tiene culpa, se le debería detener para que responda ante la ley como cualquier ciudadano.
Pero la cosa es que el Fuero existe; gritar en despoblado entonces no tiene caso: si se busca justicia pues que se inicie con la petición formal de desafuero en la casona de Xicotencatl, porque sino todo va a quedar en la foto y la declaración, como pasa siempre con los y las que quieren de siempre en cada sexenio dejar en claro que conculcan con las políticas del gobernador Sabines, como si éste ignorara de lo rastreros que son y de lo que son capaces por dinero y poder.
Así que no es necesario desgarrarse las vestiduras, como tampoco buscar que se diga “pobre Mariano, solo recibió ordenes”, cuando fue parte dura de los hechos, junto e igual que Rubén Velásquez y desde luego Salazar, en ese periodo negro que ellos llamaron “primer gobierno emanado de un proceso democrático”.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
