TUBO DE ENSAYO

*Vecinos distantes

René Delios

La salida de Francisco Ramírez Acuña de la Secretaría de Gobernación no sorprende, aun no se viera un antecedente que marcara esa posibilidad, otrora los llamados escándalos escenificados en los tiempos del PRI, como antesala de un “cadáver político”.Tampoco fue así con Beatriz Závala, la ex de Sedesol y, si ven un poco a fondo, hasta la polémica secretaria de la SEP, Josefina Vázquez Mota, esta en stand by, no vaya a ser el diablo y se quede sin trabajo.
Todos –como acá sucede en el caso de Amador Rodríguez Lozano- sabíamos que Juan Camilo Mouriño desde la oficina de la Presidencia era el operador político de Felipe Calderón; ayer asumió el cargo que tras bambalinas de siempre realizó durante los primeros catorce meses que lleva la administración: secretario de Gobernación.
El titular de Gobernación había perdido toda efectividad como jefe político del gabinete y enlace con la oposición; la última fue con el PRD, el 20 de marzo de 2007 y de ahí, nada prosperó.
Ahora se le ocurrió que a lo mejor con Porfirio Muñoz Ledo como coordinador que es del FAP, pero en días quedó claro que la cosa no era por Muñoz Ledo, sino por el secretario que es de los más conservadores del Yunque jaliciense.
Por eso las negociaciones críticas para el presidente Calderón las realizaba Mouriño y no Ramírez Acuña.
La llegada de Mouriño aumentará una polémica iniciada hace meses al evidenciar el Presidente, en cada acto público, su apoyo y predilección por su colaborador, quien trabajó con él en la Secretaría de Energía y fue uno de los primeros funcionarios que respaldaron su candidatura presidencial.
Ramírez Acuña cobijó el destape y la candidatura de Calderón, lo que le valió la Secretaría de Gobernación, pero su gestión nunca terminó de convencer en Los Pinos, o sea, a Calderon.
Como no convence de impacto eso de que Chiapas se acerca a América Central; somos vecinos culturales, pero distantes por muchas cosas del pasado difíciles –en ambos lados- de borrar así nada más, desde la anexión a México.
La prioridad para los vecinos es asegurar su frontera norte con nosotros, a la que consideran –en palabras del presidente guatemalteco Alvaro Colom-, muy peligrosa; ellos nos exportan los maras, nosotros a los narcos y, la verdad prefieren a los primeros, a los de casa.
Recientemente cónsules de esos países en Chiapas, externaron su preocupación por la ola de violencia que sus paisanos padecían no solo de los ladrones sino también por parte de autoridades mexicanas, destacamentadas en Chiapas, desde el llamado grupo Beta Sur hasta los propios del Instituto Nacional de Migración.
Las autoridades mexicanas respondieron atendiendo a unos 86 indocumentados encontrados al borde de la asfixia en un trailer doble cabina, y hasta los mandaron en avión a sus países respectivos, cosa que por lo que se ve no convenció a las autoridades de aquellas naciones, pues el mandatario guatemalteco no hizo referencia al respecto durante su toma de posesión.
Es pues que Sabines se acerca a éstas naciones derivado no solo de un acuerdo comercial extrañamente demorado. El gobernador también se acerca por instrucciones del presidente, que abrió esas puertas, preámbulo de una necesidad: el acuerdo de seguridad de la Frontera Sur de México, que ya se intentó en 2003 y que se conoció como “el sellamiento”, generando polémica en torno a que si se relacionaba con políticas estadounidenses en contra del terrorismo.
Lo cierto es que en esos países del Istmo Centroamérica no están nada contentos del cómo por décadas, han sido tratados sus paisanos a su paso por México, y que es la misma cosa que nosotros como mexicanos pensamos de los minutemant o la bordel patrol.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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