TUBO DE ENSAYO

*Luces de Tuxtla

René Delios

Uno de los más respetados códigos de los bolonautas sindica que no hay cruda que pretexte el hecho torpe de no trabajar al otro día, salvo sea “pomingo”.Las noches tuxtlecas han cambiado de frescas a peligrosas, aun se desgañiten con eso de que es una de las ciudades más seguras del país. Nuestro territorio lunar -de tanto bache y calzadas agrietadas- tiene el riesgo de la selenita policía municipal, que sin más se detiene y un sujeto uniformado -a los que quería armar el Horacio Schoeder ¡Dios mío!- pregunta prepotente “¿Qué andas haciendo?”, y si lo miras interrogante te vuelve a cuestionar “¿Qué no me oíste, pendejo?”, buscando la manera de la reacción que justifique el arresto arbitrario, y puedan cumplir con la cuota que les solicita el jefe, compadre.

Total que ni le dí importancia a esos cabrones y seguí mi paso cuando otro ordena sin motivo “párate ahí, cabrón” y entonces sí se me subió la inseguridad y ante eso pues uno u el otro, reacciona a la altura, y que les suelto en la cara el que soy el jefe de información de todo el consorcio Grupo Radio Digital, vocero estatal del PRD y uno de los que si quería, podía en ese momento, causarles más problemas que nadie, pero que marcaba la diferencia porque hoy en día, las pendejadas de los subalternos las pagan los jefes y pues, su jefa -mi amiga- ya se iba con una buena imagen, al merecer que le reconocieran unos embajadores europeos -incluyendo a todo Chiapas, off course- que la ciudad capital es de las más seguras del país, “siempre y cuando no caigas en manos de su policía municipal”, les dije irónico, y me quedaron viendo y los seguí mirando en alto, y uno de ellos le tocó el hombro al otro y se fueron, imagino a buscar a otro indeleble que se dejara detener sin deberla ni temerla.

¿Número de unidad?

Para qué: todas detienen chamacos altaneros y chamacas bravas por nada más serlo, o porque no les gusta como andan vestidos, y les dan báscula a sus celulares, relojes, cadenitas y pulseras. Obvio es que lo niegan desde éste u otro palacio municipal, sea el de Tapachula, San Cristóbal o Pichucalco, en el entendido que para todo alcalde su cuerpo policíaco hasta brilla de pulcro, primo.

Total que no pasó a más y seguí el trote.

Les decía que las noches de Tuxtla se han vuelto frías. Transité toda la avenida central hasta llegar a la zona de antros en dónde unos cuantos muchachos y muchachas decidían para cual de todos ir, ante la poca afluencia de banda en ese martes 13.

Entré al que le denominan Santa Diabla, en donde un grupo de muchachas/mujeres -esa edad mágica en que maduran el cuerpo a alta definición- se bajaba un pomo grácil de Absolut amarillo -¿Citrus?- entre carcajadas aliviadas de pendientes que más que la verdad me dieron envidia.

Minutos antes me hablaron para decirme que uno de mis hijos adolescentes no se sentía bien, y pensé que qué prisa tiene un niño de esos para ponerse así, que no sea la inestabilidad en el hogar o la falta de calor y color en su vida pero no, no pasaba eso en mi vida y ni en la suya, a no ser esas muchachas divertidas que me hicieron olvidar el pendiente, primo.

Llegó más banda y se juntó un buen mientras me bajaba lentamente mi cerveza superior, y uno de ellos miró hacia mi y me espetó un “qué ves”, y como que afinó la vista y corrigió “perdón, señor” al notar mis canas bien ganadas a la vuelta de los 46 años, 26 de ellos de bolonauta con poshgrado.

Total que junté los ojos de bolo con esos chamacos que, curiosamente no dejaron que pagara nada “no, como cree don…” y me hicieron sentir como esos viejos a los que tanto he señalado de que no saben envejecer por ir a antros para muchachos a verse con sus muchachas de ocasión, como si esos les diera el elixir buscado de la juventud que, es en efecto un divino tesoro que posee alguna vez todo ser sobre la faz de la tierra.

Salí de ahí y reiteré una vez más la determinación de que salvo los espacios ad doc, nada tiene que hacer un galán como yo en esos espacios para jóvenes, a no ser que ande de rabo verde o sea tan estúpido de financiar las diversiones de una muchacha con sus amigos, primo, porque en eso acaban los que he visto: en un lunar en medio de tanta lozanía; “que le vaya bien, don…” como me llamó esa juventud que ni siquiera me preguntó mi nombre, pero que compartió conmigo su vibra, su fibra y su hebra…

Una cara adusta me recibió en el taxi.

El chofer condujo con prisa por las agujeradas calles tuxtlecas; la unidad traía casi nulos amortiguadores ante la pobre verificación de las autoridades para con éstas unidades y cafres que tratan a los usuarios como ganado “¿A dónde lo llevo?” me cuestionó y enfilamos a mi domicilio mientras su radio dejaba oír la transmisión creo de la llamada “Radio de todos”, mientras mantenía también a buen volumen la banda civil, como si los usuarios estuvieras acostumbrados a escuchar al pasaje, la radio y la banda civil como él.

Bajar de una unidad luego de que el conductor abusó en el cobro, con una mirada de o me pagas o te parto la madre, y entrar en una casa en la que se siente la incógnita de la tigra -en éste caso la hija mayor- cuestionando con su mirada “de dónde vendrá éste cabrón”.

Despertar es otra vaina, y a entrarle al análisis de contenidos, la síntesis de los jefes, el café hirviente y cargado, la página web del Grupo Radio Digital, la columna ésta para el Expreso, editoriales, noticieros de cada hora, en fín, la chamba preparatoria para el programa El Debate al que no llegué porque la cruda, esa bendita palabra, que se me atravesó con una taquicardia hijaeputa que solo me permitió llegar hasta la conmemoración por la fundación de la asociación de comentaristas deportivos, que preside mi compadre Rigoberto León Cerpa, “El Matador”, en un oficio indispensable en la vida y de lo que cada cual tiene una parte a la hora de interpretar las jugadas, y que es parte del periodismo razonado que para muchos de la grey política no es de destacar, tan es así que no hay premio -que injuria es que los periodistas se premien así mismos- estatal ni nacional de periodismo deportivo, como si el periodismo político, al menos en México, fuera de calidad y no la basura cotidiana que vemos en las páginas de todos los diarios, incluyendo ésta columna alumna de su juicio asiduo -¡qué presuntuoso estoy escribiendo!- y diligente lector.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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