Sumidero

Jaguares, zarpazo a Chiapas
CEDH, ¿negociación o colisión?

ÉDGAR HERNÁNDEZ RAMÍREZ

En un frío y escueto comunicado el Grupo Interticket, accionista mayoritario de la franquicia de futbol Jaguares de Chiapas, anunció la venta del equipo al empresario Amado Yáñez. Al explicar el porqué de la decisión, se lava las manos y la adjudica a factores externos: “falta de patrocinios a nivel local y nacional”, además de reprocharle a la afición su baja asistencia al estadio; “la penúltima en la Liga MX”, le echa en cara. Ni una sola palabra de agradecimiento para la gente que apoyó incondicionalmente a la escuadra felina durante más de 10 años. ¡A volar, gaviotas!
Es evidente que la empresa se va molesta porque se le cayó la mina que significa hacer negocio fácil con el dinero del erario. Ante la crisis financiera del estado, ya no fluyó el subsidio que el gobierno le otorgaba para permanecer en Chiapas. Seguramente a eso se refiere Interticket cuando se queja de la falta de patrocinios locales, pues qué empresa local puede tener la capacidad económica para convenirlos.
Se comprende el desencanto de la afición por la venta del equipo que los dejará sin futbol de primera división, pero haciendo un balance sereno de una década de Jaguares en territorio chiapaneco son más las desilusiones que las alegrías. A excepción de los siete torneos en que alcanzó a arañar la liguilla, en los últimos años su marca fue la mediocridad, que lo llevó incluso a estar en riesgo de descender a la división de Primera “A”. Su decadencia era tan manifiesta que ni la publicidad ni las promociones al público pudieron contra los malos resultados y la actitud pusilánime de muchos jugadores.
Jaguares se fue de Chiapas y dejó tirado proyectos deportivos en jóvenes y niños que aspiraban llegar a fuerzas inferiores; su ausencia también pone en entredicho la polémica hipótesis del antropólogo Andrés Fábregas Puig de que el equipo jugaba un papel relevante en la construcción de una identidad que uniera a los chiapanecos más allá de sus diferencias económicas, políticas, religiosas y culturales.
Durante un tiempo quizá cumplió con su objetivo de instrumento de desahogo y control social, pero recientemente ya ni eso, pues las frustradas hordas de fanáticos hicieron costumbre la violencia y el vandalismo fuera del estadio afectando la tranquilidad ciudadana.
Amén de que seguramente el gobierno encontrará alguna fórmula para sustituir el espectáculo futbolero, no debe guardar silencio respecto a las repercusiones de la venta de Jaguares. Tiene que informar sobre los recursos que se destinaban al equipo y en manos de quién queda la infraestructura utilizada por los jugadores y la directiva. Debe transparentar lo que nunca fue claro en materia de inversión y financiamiento a la franquicia que el martes desagradecidamente se fue de Chiapas.

CONSEJEROS PIDEN CLEMENCIA
La guillotina aún pende amenazante sobre las cabezas del Consejo Estatal de Derechos Humanos. Dos consejeros fueron pasados a cuchillo por las pugnas de poder internas; los otros tres se rebelan, contraatacan, concilian, piden clemencia. A pesar de que en el Congreso local no existe un consenso claro para desaparecer al CEDH a través de una reforma, la idea sigue latente entre sus impulsores.
En una entrevista con El Heraldo de Chiapas, Pedro Raúl López Hernández, titular de la Comisión de Atención a los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, pidió al gobierno del estado “paciencia y su voto de confianza”.
En tono conciliatorio, le dice al Ejecutivo que entienda que “no somos enemigos, podemos ser coadyuvantes en la resolución de conflictos”. Y en el plano de la autocrítica reconoce que quienes han fallado son los consejeros no la institución, aunque recomienda que se subsanen debilidades para que funcione con mayor eficacia. En suma, que la solución es fortalecer al CEDH no desaparecerlo.

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