Rodolfo Tuirán
México enfrenta al inicio del siglo XXI una situación paradójica: cuenta con un enorme potencial para generar riqueza, pero registra niveles de pobreza inaceptables y la persistencia de enormes brechas de desigualdad. Como se sabe, esta fue una de las banderas que capitalizó el candidato de la izquierda en el último proceso electoral, quien fundó su estrategia en la división entre ricos y pobres y en la promesa de construir una sociedad más justa, incluyente y solidaria, invocando para ello —incluso de manera implícita— razones de gobernabilidad.
El reconocimiento de este estado de cosas no supone aceptar que la pobreza, lejos de ceder, ha empeorado. Como señala Federico Reyes Heroles, “hay mucho qué criticar, pero sería vergonzoso ahogarnos en nuestras propias mentiras”. Los datos más confiables, aportados por Miguel Székely, indican que la pobreza (medida por vía del ingreso) ha ido a la baja en las últimas seis décadas. Esta tendencia ha sido interrumpida únicamente por dos periodos de crisis: uno que se extiende durante casi toda la década de los 80, y el otro que se ubica a la mitad de los años 90. Después del último aumento, la pobreza retomó en los años siguientes su trayectoria de descenso.
Las estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), presentadas hace unos cuantos días, confirman esta tendencia y permiten establecer, con datos comparables, que:
1. El porcentaje de la población pobre disminuyó en el periodo 2000-2006. De hecho, la pobreza cayó de 53.6 % de la población nacional en 2000 a 42.6 % en 2006, es decir, una reducción neta de 11 puntos porcentuales, cifra que equivale a cerca de la quinta parte de la pobreza registrada al inicio del periodo.
2. La pobreza alcanzó su mínimo histórico en 2006. Si bien el peso de este fenómeno sigue siendo verdaderamente abrumador, éste es el más bajo desde la década de los 50. Más aún, en las tres últimas mediciones (2004, 2005 y 2006), la pobreza afectó, por vez primera, a menos de la mitad de la población del país.
3. El número actual de pobres es el más bajo de las últimas dos décadas (44.7 millones). De hecho, debido a que la dinámica demográfica fue durante mucho tiempo mayor que la velocidad de descenso de la pobreza, el número de pobres creció sistemáticamente hasta finales de los 90, cuando esta tendencia logró revertirse.
4. La pobreza alimentaria (o pobreza extrema) registró su mínimo histórico en 2006 (13.8% de la población nacional). Esto significa que, entre los pobres del país, el peso relativo de quienes se encuentran en la situación más apremiante disminuyó de poco menos de la mitad en 2000 a un tercio en el 2006.
Todas estas piezas de información aportadas por el Coneval indican que la pobreza sigue siendo elevada, aunque está disminuyendo: quizá lentamente o no tan rápido como seguramente nos gustaría a todos, pero al fin y al cabo está marcando una trayectoria de descenso.
Podría argumentarse que la reducida expansión económica de los años recientes impidió una disminución más pronunciada de la pobreza. Seguramente esto es cierto, como también lo es que otros factores —como la estabilidad de precios y las cuantiosas transferencias tanto de los programas sociales como de las remesas— desempeñaron un papel sobresaliente para hacer posible la disminución lograda.
De cualquier forma, existe consenso en torno a la idea de que la solución duradera y de fondo al flagelo de la pobreza se encuentra sobre todo en el impulso al crecimiento económico sostenido y a una mayor productividad, ya que ambos implican esencialmente más y mejores empleos y el aumento de las remuneraciones reales. En consecuencia, resulta imprescindible construir las condiciones para lograrlo (altos índices de ahorro, un ambiente de estabilidad y certidumbre y un entorno amigable a la inversión, entre otros) y acompañar esos esfuerzos con una sólida política social que contribuya a ampliar las capacidades y oportunidades de los más pobres y a brindarles una poderosa red de protección social.
r_tuiran@yahoo.com.mx
Analista y subsecretario de Educación Superior de la SEP
