Sara Sefchovich
Varios lectores me han escrito para continuar con el diálogo de la semana anterior. Lo retomo porque me parece interesante el sentido que está adquiriendo el debate. Alejandro López Hernández relata que salió de México en 1995 con “el típico perfil del mexicano que ve hacia el norte y que inconscientemente opina que de Guatemala hacia el sur sólo viene Guatepeor. Las opiniones de los lectores a tus dos artículos las encuentro curiosamente similares a ese perfil.
“Cuando se trata de hacer que el país avance, siempre se buscan modelos de éxito los cuales podamos adaptar. Eso existe en México desde que yo me acuerdo. Sin embargo ‘del buscar’ y ‘encontrar’ modelos que nos ayuden a avanzar, se continuó al proceso de ‘fusilamiento’, es decir, de retomar ese modelo y sin más ni más copiarlo y aplicarlo. El copiar sin probar si ese modelo funciona bajo las condiciones ‘mexicanas’ es negativo. El aplicar ese modelo ‘a la mexicana’ es todavía peor, ya que esa aplicación no obedece a ningún método.
“De manera repetitiva se reproducen las mismas quejas, se proponen las mismas soluciones y se llevan a cabo los mismos errores que conllevan otra vez al fracaso. Yo estoy a favor del libre mercado, sin embargo la aplicación de éste en México ha resultado no sólo un fracaso puntual sino que está empobreciendo más al país. Lo que se ha logrado es fortalecer los monopolios. Cuando México se compromete con Canadá y Estados Unidos a crear una zona de libre comercio y nuestros políticos firman sabiendo que las leyes federales norteamericanas no pueden anteponerse a las leyes estatales o a las leyes de los condados de Estados Unidos, no puedo decir que eso sea apoyar a la industria mexicana o al campo, eso es corrupción con signos de traición a la patria.
“En 1994 discutí con un amigo sobre el ‘libre comercio’ y yo estaba convencidísimo de que eso podía sacar al país adelante, (pero) él decía que las condiciones para que eso funcionara no estaban dadas y (que) el gobierno no iba a apoyar ni a la mediana ni a la industria chiquita. Desgraciadamente la negativa de vender jugo de naranja y cemento en Estados Unidos y del boicot al atún mexicano me mostraron un panorama muy distinto. Lo más bochornoso son los subsidios a la agricultura y ganadería de nuestros socios comerciales. Nuestro gobierno no da más subsidios al campo de acuerdo al TLC, sin embargo se espera que nuestros campesinos sean competitivos con los agricultores estadounidenses y canadienses que sí lo hacen. El resultado es no sólo descorazonador sino indignante. Se criticaba antes que México sólo era un exportador de materias primas y que sin productos elaborados no se iba a alcanzar el Primer Mundo.
“Desde mi punto de vista, México ya ni siquiera es un país productor de materia prima. No puede ser que Estados Unidos le venda maíz a México y que además sus empresas alimenticias patenten todas las variantes de maíz que existen en México desde hace siglos y, por si fuera poco, que el gobierno mexicano no haya movido un solo dedo en parar esta estupidez. México debe buscar resolver sus problemas no sólo mirando hacia afuera sino también hacia adentro y los modelos de solución o desarrollo deben ser auténticos y no solamente fusilados”.
Me llama la atención la misma idea de Octavio Paz de que nos la pasamos pretendiendo copiar lo de afuera y “vestirnos a la moderna”, pero con ropas que nada tienen que ver con nuestras necesidades y el énfasis en que nuestros problemas más serios son los vecinos del norte y nuestros políticos chatos incapaces de enfrentarlos adecuadamente y tomar buenas decisiones.
En un libro reciente publicado por la Universidad de Yale, William J. Baumol, Robert E. Litan y Carl J. Schramm dicen que el problema ahora consiste en decidir cuál es el mejor modelo de capitalismo, de entre los cuatro conocidos: el guiado por el Estado, aquel en el que un grupo pequeño de individuos y familias son los mandamases, el de las grandes empresas y el de los muchos negocios pequeños y medianos. Según los autores, históricamente los primeros dos han mostrado no servir, el tercero llega a su límite demasiado rápido y el mejor es el que combina el tercero y el cuarto.
En México estamos pegados al modelo estadounidense, no sólo por geografía sino por convicción, como lo expresa el lector Francisco Blancas: “El liberalismo económico americano ha resultado ser mucho más exitoso que el modelo socialista europeo”. Pero nuestra economía está en el hoyo (véanse los datos recientes del FMI) y eso es por no buscarle al modelo adaptaciones que nos resulten favorables como han hecho Japón, China e India.
sarasef@prodigy.net.mx
Escritora e investigadora en la UNAM
