Julián López Amozurrutia
En pocos lustros nuestra cultura se ha visto modificada notablemente por la internet. Es indiscutible que este recurso supone una enorme riqueza en el manejo de la información, en la comunicación y en la educación. Pero también es un hecho que ha despertado un problema ético.
Es un apunte conocido que una importante cantidad de los datos que circulan en ella es de contenido pornográfico con fines comerciales, convirtiéndose así en un agresivo invasor de espacios personales, domésticos y laborales. En particular, jóvenes y niños se han vuelto blanco fácil, por la dificultad que muchos adultos tienen para adaptarse a este mundo.
La regulación de la internet presenta diversos problemas, en particular debidos a que constituye un verdadero sistema globalizado, en el que, por otro lado, el anonimato es condición general. Muchos hablan de una verdadera democracia de la información y de un ejercicio sin límites de la libertad de expresión, que vence todo tipo de criterios morales. Ante ello, la misma palabra “censura” es vista con malos ojos. Puede haber razones históricas para entenderlo, pero no podemos renunciar a prestar atención a los factores que influyen en la salud sicológica y espiritual de las nuevas generaciones.
En materia de sexualidad hemos pasado de un mundo de tabúes a un mundo de liviandad. Lo cierto es que las nuevas tecnologías han generado inéditos problemas educativos cuya atención resulta impostergable.
Es conocida la adicción que la misma red puede generar, análoga a la necesidad que muchos niños, jóvenes e incluso adultos presentan delante de los juegos electrónicos. Lamentablemente, a esta lista debemos añadir la adicción a la pornografía en la red. Estudios han demostrado que niños que fueron expuestos a material pornográfico en línea desarrollaron las características propias de otro tipo de adicciones, como son los comportamientos obsesivo-compulsivos, la tristeza y la dificultad de comunicación.
Resulta, pues, más que oportuno reflexionar sobre las implicaciones éticas de las nuevas tecnologías, y establecer estrategias para que sus recursos sean utilizados de manera positiva.
En días pasados tuvo lugar el foro Creando un consenso nacional para la seguridad en línea. Es motivo de alegría que sea la sociedad civil la que reaccione ante estos problemas, pues constituye sin duda un significativo termómetro cultural. Participaron en el foro destacados especialistas y representantes de más de 50 empresas e instituciones públicas y privadas. Se tuvieron cuatro mesas de trabajo.
Desde el punto de vista terapéutico se estableció la necesidad de crear una cultura de responsabilidad para el uso de la internet, desarrollando, por otra parte, líneas de investigación, prevención y rehabilitación. Desde el punto de vista jurídico, se determinó la urgencia de fortalecer el marco legal en beneficio de los menores, reconociendo que la censura es válida cuando se trata de proteger al menor; es, por otro lado, necesario difundir la normatividad existente al respecto (artículos 200, 202-205 y 208 del Código Penal Federal) y establecer los mecanismos para el cumplimiento de la ley.
Desde el punto de vista educativo, se vio conveniente buscar estrategias de orientación educativa que permitan el uso eficaz y benéfico de la red. En particular, surge la conveniencia de una “alfabetización” tecnológica de los padres y una campaña educativa. Desde el punto de vista tecnológico, es imprescindible que la misma industria busque formas de autorregulación y que se desarrollen herramientas de protección en línea. Los participantes coincidieron en la importancia de crear una asociación nacional para dar seguimiento a los compromisos acordados.
No debemos olvidar, por otro lado, que en la educación de un menor de edad nada puede sustituir el ejemplo y cercanía de los padres y los adultos de confianza. Todo lo que hacemos en favor de las nuevas generaciones es una apuesta por el futuro de México. Queremos jóvenes sanos, para ser una sociedad sana.
teyamoz@prodigy.net.mx
Sacerdote y teólogo católico
