RIP la reforma del Estado

César Cansino

Entre la toma de la tribuna del Congreso y los enfrentamientos perredistas, entre la reforma energética propuesta por el gobierno y la guerra de los spots, asuntos todos que han ocupado el interés central de los medios y la opinión pública las últimas dos semanas, muy poco se ha comentado sobre la conclusión formal de los trabajos de la Comisión Ejecutiva de Negociación y Construcción de Acuerdos para la Reforma del Estado (CENCA), tal y como lo estipulaba la Ley para la Reforma del Estado aprobada por el Congreso de la Unión hace poco más de un año.
El tema es importante no sólo por las enormes expectativas de renovación institucional y normativa que la iniciativa generó en su momento, sino porque al final los resultados de dichos trabajos no podían ser más decepcionantes y frustrantes, al grado de que la palabra “fracaso” es la que mejor califica lo sucedido.

Cabe recordar que la aprobación en el Congreso por unanimidad de la Ley para la Reforma del Estado vislumbraba una renovada voluntad política por parte de los partidos para encarar las reformas institucionales tan urgentes para el país, sobre todo después de que las elecciones de 2006 mostraron la vulnerabilidad de nuestra incipiente democracia. Más aún, la ley establecía con precisión los grandes temas de la reforma del Estado sobre los cuales la CENCA estaba obligada a pronunciarse y ofrecer propuestas de reforma puntuales: a) régimen de Estado y gobierno, b) democracia y sistema electoral, c) federalismo y d) Poder Judicial. Por todo ello, había en general una buena dosis de optimismo con respecto a las posibilidades de transformación normativa que la ley abría.

Al final todo quedó en buenos deseos. Los debates fueron pobres, los partidos no mostraron voluntad política para encarar el desafío, prosperaron las visiones cortoplacistas y los intereses de capilla, las consultas públicas fueron en su gran mayoría ignoradas por las cúpulas partidistas, se tomaron decisiones arbitrarias, la búsqueda de consensos no le interesó a nadie, muy pocos de los integrantes de la comisión se tomaron en serio lo que ahí se estaba debatiendo, a veces incluso por ignorancia. Así, nuevamente se perdió una oportunidad histórica para rediseñar nuestro entramado institucional y enfilar nuestra joven democracia en el camino de la consolidación, amén de que el experimento fue sumamente oneroso para el país.

Se dice que el éxito tiene muchos padres y que el fracaso es huérfano. Quizá por ello los partidos han preferido hacer mutis sobre los pobres resultados de la comisión para la reforma del Estado, aprovechando que han sido otros los temas que se han llevado los reflectores los últimos días. Y sin embargo, no faltan legisladores que han buscado justificar lo injustificable, que ven claroscuros donde sólo hay negrura. Otros se aprestan a culparse entre sí por los pobres resultados para salir lo menos raspados posible. Pero la verdad es que el fracaso es responsabilidad de todos los partidos por igual.

Si bien las reformas electoral y penal aprobadas por el Congreso forman parte de la reforma del Estado, ambas fueron muy insatisfactorias no tanto por los avances que introdujeron, que sí los hay, sino por las muchas omisiones y despropósitos que también tuvieron (en algunos casos se puede hablar incluso de retrocesos), amén de que su discusión se dio más bien fuera de la CENCA. Por su parte, los otros grandes temas no arrojaron acuerdos o simplemente no fueron discutidos en la comisión, quedando incompleta la encomienda y por ende la reforma del Estado.

Hace un año, cuando se aprobó la Ley para la Reforma del Estado, a contracorriente de la opinión dominante, escribí en estas mismas páginas: “Sólo desde la ingenuidad se pueden echar las campanas al vuelo. Por el contrario, muy pronto el entusiasmo con el que los partidos se han disputado la paternidad de la reforma del Estado o la autenticidad de su compromiso con la misma se traducirá en pesimismo o realismo político. En efecto, conforme los trabajos de la comisión de la reforma avancen y sólo prosperen pequeños acuerdos muy distantes de las expectativas que se han generado, también comenzará una retahíla interminable de justificaciones y simulaciones de todo tipo: ‘Las reformas aprobadas constituyen un gran avance y marcan el rumbo de lo que se debe seguir reformando en el futuro’; ‘Aunque iniciales, estas reformas abren el camino de una reforma cada vez más consistente al Estado’; ‘Un año era muy poco para agotar todos los temas que supone una reforma integral del Estado; sin embargo, se han puesto los cimientos de una gran transformación que no podrá detenerse en el futuro’”. En esta ocasión, lamento profundamente no haberme equivocado.

cansino@cepcom.com.mx

Director del Centro de Estudios de Política Comparada

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