Fofo y pateado

Raúl Cremoux

Se extinguió el tiempo en que creíamos que un buen árbitro electoral sería la mejor garantía para tener comicios limpios y una vida partidista transparente, ordenada y sobre todo convincente. Atrás quedó la época de oro marcada por el IFE encabezado por José Woldenberg.
En ese lapso, las elecciones, hasta las practicadas en las escuelas para designar a las sociedades de alumnos, fueron emblemáticas. Pero como nada es eterno, y nuestra sociedad tiene vocación para caminar próxima al abismo, el IFE es ahora un balón fofo que cualquiera patea.

Si los legisladores federales y hasta los locales del DF forman ahora un cuerpo errante semiparalizado y con la cobija arrastrando, solicitar al IFE su intervención para corregir tal caricatura y sancionar a los asaltantes equivale a una broma de mal gusto. Si el PRD nos regala un circo de tres pistas y se transforma en un insecto volador de muchas patas y dos cabezas, el IFE se fuga y se hace pasar como un ente totalmente ajeno a ello. Como en estos dos casos, en muchos más, es el IFE quien provee de gordas prerrogativas económicas a los partidos políticos sin tener derecho ni a saber en qué gastan ni cómo lo hacen.

Los consejeros ni siquiera piensan en alzar la voz ya que podrían ser callados y hasta enviados a la intemperie o descabezados, como le ocurrió a Luis Carlos Ugalde. Y es justamente con la permisividad de lo que le hicieron que comenzó el declive paulatino de ese instituto. Presa de una venganza del PRD y del PRI con la vergonzosa omisión del PAN, los consejeros todos desaprovecharon la oportunidad de oro de presentar colectivamente su renuncia.

La dignidad los hubiera acompañado siempre y su recompensa estaría traducida en fortaleza para los nuevos consejeros. No solamente los que se quedaron y los nuevos que llegaron permitieron, sino que admitieron, algo gravísimo: perdonarle a sus patrones, los partidos políticos contendientes en la electoral de 2006, los más de 280 mil spots propagandísticos que aparecieron en los medios sin que nadie supiera quién los había pagado. Se concretaron a dar carpetazo y con esa acción quedaron de por vida mutilados.

¿Con qué autoridad pueden llamar al orden al Partido Convergencia que ha confesado introdujo en la programación de TV Azteca un spot que difundía un llamado a una de las tantas concentraciones políticas en el Zócalo? ¿Y quién les hace caso cuando tratan de eliminar el otro pagado por una asociación derechista? Vamos, ni siquiera se incomodan cuando son permanentemente ignorados por los partidos políticos, a quienes sostienen por ley con mimos de todo orden que llaman la atención en las democracias consolidadas. Si hoy son incapaces de llamar al orden en el PRD donde pasan ya los 30 días sin poder contar los votos para elegir presidente; si toleran cualquier desmán que realicen quienes viven del dinero de los contribuyentes y circunscritos a las reglas del Cofipe, ¿qué podrán hacer en el futuro cuando se den irregularidades en los comicios de 2009, quién les hará caso?

Su destino ahora está orientado a monitorear lo que hagan más de mil 300 emisoras de radio y tv; a enviar y recibir cintas de audio y video para revisar, evaluar, estimar, calcular y tasar los mensajes que consideren son dañinos a la vista de una población considerada parvularia y a la que hay que proteger de campañas sucias y de calificativos que no les gusten a sus patrones, los diversos partidos políticos. Patética y onerosa la posición de un organismo que no supo mantenerse como árbitro respetado.

Escritor y periodista

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