Alberto Aziz Nassif
Con el jaloneo de intensas ne-gociaciones, los legisladores han dado a conocer las piezas fundamentales del nuevo modelo electoral para el país. Se trata de una mixtura que tiene importantes avances y cambios de fondo, con algunos retrocesos y diversos huecos.
Antes de entrar en los temas sustantivos de la reforma, es importante mencionar la lucha de intereses a la que se ha enfrentado este proyecto. No es necesario profundizar demasiado en las necesidades que se tienen que corregir con esta reforma, porque ya existe un amplio consenso al respecto: abaratar el gasto del financiamiento a los partidos; modificar el esquema de acceso a los medios masivos, radio y televisión; y establecer una nueva ciudadanización del organismo electoral. A ello hay que sumar la experiencia que dejó la pasada sucesión presidencial, que todavía gravita como un recordatorio de lo que urge modificar hoy.
Los cambios a las reglas electorales forman parte de la reforma del Estado y se han empalmado con la reforma fiscal. Los legisladores hicieron un entrecruzamiento entre las dos reformas, la primera se negocia en el Senado y la segunda en la Cámara de Diputados, pero ambas tienen que aprobarse de forma simultánea, para evitar posibles vetos.
Sin embargo, con los medios hemos topado. La semana pasada hubo una cargada de las dos televisoras comerciales en contra de la reforma. Los noticiarios de Televisa y TV Azteca antepusieron, como una bola de humo, el polémico tema de la salida de los consejeros del IFE. El día que se anunció el nuevo modelo de medios y política, las televisoras le dieron un largo espacio a Luis Carlos Ugalde y se apoyaron en el desplegado de algunos intelectuales, que les sirvió a las televisoras para sacar adelante su agenda de intereses.
Las televisoras decidieron que la reforma no existía, sobre todo el cambio en el modelo de acceso a medios, que los dejará sin una jugosa cantidad de dinero —más de 3 mil millones de pesos gastaron los partidos en radio y televisión en 2006—, y eso no están dispuestos a aceptarlo.
Las televisoras construyeron su estrategia así: se envolvieron en la bandera de la autonomía del IFE a la que supuestamente los partidos quieren afectar como una venganza por el 2006. Montaron al consejero presidente del IFE (que no garantiza ninguna autonomía) y junto con algunos “opinadores”, todos quedaron enganchados como un cabús del tren mediático. En ningún momento les pasó por la mente que había otras voces. Muchos hemos defendido públicamente otras tesis, pero las televisoras mostraron su alergia a la diferencia.
Lo que defienden no es la autonomía del IFE, sino un jugoso negocio que se les va de las manos. Una vez más comprobamos la necesidad de tener otras opciones de televisión, porque entre las dos grandes televisoras sólo hay un discurso monocromático.
Vayamos a los cambios sustantivos: como lo señalamos en el comunicado del Comité Conciudadano del 5 de septiembre, es positiva la regulación de las precampañas; la disminución en los tiempos de las campañas; la eliminación del secreto bancario, fiscal y fiduciario para la fiscalización de los partidos; la prohibición para que los tres niveles de gobierno no hagan publicidad y promocionen a servidores públicos; la ampliación de facultades para que el IFE pueda sancionar a partidos, agrupaciones, personas físicas y morales, nacionales y extranjeras, que violen la ley.
Uno de los cambios más importantes y novedosos, que apenas el pasado 5 de septiembre se dio a conocer, es el nuevo modelo de acceso a los medios. Si no surten efecto las presiones de los poderes fácticos y la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), el país tendrá por fin otro diseño para modelar la relación entre política, dinero y medios. Quedará prohibida la compra en radio y televisión y tendremos un modelo tipo europeo de tiempos oficiales, administrado por el IFE.
El nuevo plan para tiempos de campaña contará con tres minutos diarios por hora de trasmisión en cada estación de radio y canal de televisión, entre las 6:30 am y las 11:30 pm. Esta modificación es muy importante y, además, va en la ruta que marcó la Suprema Corte contra la ley Televisa. Esperamos que pronto se apruebe una nueva ley de medios para afianzar este modelo. Este cambio tiene a las televisoras comerciales en un grito de protesta enmascarado. El objetivo de este modelo será recuperar la política electoral y terminar con la denigración en la que había caído; también se trata de acotar a la mediocracia, como un sistema que juzga, jerarquiza, vota y modula una parte fundamental de la democracia electoral en el país. Este cambio es, sin duda, el corazón de la reforma.
Hay también algunos retrocesos importantes que fortalecen a la partidocracia, como el trato de excepción que se da al IFE con la creación de una contraloría manejada a control remoto desde el Congreso y el establecimiento de un mecanismo unipersonal de fiscalización, que debilita las facultades del IFE en la materia. Además, lo que se mantiene y ya no se justifica es el alto financiamiento público. Las campañas serán más cortas y sólo habrá propaganda de medios en tiempos oficiales, pero el ahorro en el financiamiento sólo baja —entre 2007 y 2012— 12%, y después sube de nuevo.
La fórmula, que consiste en multiplicar el padrón electoral por 65% del salario mínimo, lleva a mantener un gasto millonario de los partidos, demasiado alto y ofensivo. Tampoco se ve que los partidos hayan querido avanzar en materia de transparencia y colocarse como sujetos obligados de la ley de transparencia; sin embargo, sí le dan rango constitucional a su gasto. Ningún otro asunto tiene ese trato privilegiado en la Constitución, ni siquiera la educación y la salud.
Quedan pendientes básicos como la ciudadanización y transparencia para nombrar a los nuevos consejeros del IFE; la falta de autonomía de la fiscalía en materia electoral (Fepade), entre otros muchos que propuso el Comité Conciudadano. Hay que reiniciar el camino: nuevas reglas y nuevos consejeros. Pero para que esta reforma sea de “tercera generación”, los legisladores necesitan corregir los excesos de la partidocracia. Veremos…
Investigador del CIESAS
