Macario Schettino
Una vez más, como ha ocurrido a lo largo de casi 50 años, una iniciativa del gobierno para incrementar la recaudación empieza a sumar reclamos. Los empresarios no quieren el nuevo impuesto, la CETU, porque los haría pagar más de lo que hoy pagan. Claro que no lo dicen así, sino que lo traducen de manera que la población se sume a ellos: tendrán que subir precios si el nuevo impuesto se aprueba.
Nada hay para sorprenderse. Este país lleva casi 50 años intentando recaudar más sin lograrlo. Ortiz Mena recuerda en El desarrollo estabilizador: reflexiones de una época (FCE) que la reforma fiscal que quería impulsar a inicios de los 60 se quedó en el escritorio, porque el presidente López Mateos no quiso enfrentar a los empresarios. Lo mismo le ocurriría a la que Margáin propuso a Echeverría. Sólo en tiempos de López Portillo se pudo hacer algo, el IVA, cuando David Ibarra era secretario de Hacienda. Cuando Pedro Aspe pudo hacer la reforma, en 1992, le ocurrió lo mismo que a Ortiz Mena en su segundo periodo, prefirió cuidar el perfil, por si se requería ser candidato.
Aunque nuestra mítica historia fecha los derechos sociales en la Constitución de 1917, la verdad es que no se hizo ningún esfuerzo serio para llevar educación, salud y seguridad social a la mayoría de los mexicanos sino hasta la segunda mitad de los 60. Tal vez porque ya para entonces todos los países occidentales habían iniciado sus estados de bienestar, y México, a pesar de la retórica oficial, se había quedado atrás. En 1960, esos países tenían, en promedio, un gasto público equivalente a 28% del PIB, que para 1980 había llegado a 45%, y más o menos ahí sigue. México, en 1960, tenía un gasto de 9% del PIB, que para 1980 se había incrementado a 30% del PIB. Sin embargo, a diferencia de los otros países, México hizo esto sin subir impuestos.
Magia, dirá usted. No, simple estupidez. La recaudación que a inicios de los 60 era de alrededor de 7% (para financiar ese 9% de gasto), creció a 10%, para financiar 30%. Es decir, la diferencia entre impuestos recaudados y gasto público pasó de 2% del PIB a principios de los 60 a 20% durante la década de los 70. En 1982, el clímax, la diferencia era de 32% del PIB. La crisis de los años 80 fue el resultado de esta locura, y buena parte de los problemas que hoy tenemos también viene de ahí.
Desde 1965 y hasta 1982, los gobiernos ampliaron sus promesas de manera demencial, para sostener el “contrato social” del régimen. Cada año más empleos, más pensiones, más niños en las escuelas, todo sin tener el dinero para pagarlo. Primero deuda interna, luego externa y finalmente el petróleo, cubrieron el inmenso déficit, temporalmente. No se hicieron reservas para pensiones, porque no había con qué, y se desplomó la calidad de los bienes públicos, por la escasa cantidad de recursos.
Hoy tenemos infraestructura vieja, servicios educativos y de salud de pésima calidad, y al mismo tiempo deudas inmensas. Y nadie quiere asumir los costos. Los empresarios, pese a deberle su origen a un Estado que los inventó y protegió, dicen que no pueden pagar. Los demás, se niegan a un IVA mayor, porque sostienen que son demasiado pobres. Pero todos quieren más apoyo del gobierno: créditos blandos a empresarios, subsidios a los energéticos, apoyos directos a campesinos, planes contra pobreza, mayor calidad educativa, más pensiones, más sueldos, más de todo, pero menos impuestos.
Sin duda la reforma propuesta por el gobierno puede mejorarse, y eso deberá hacer el Congreso. Pero debe quedar claro que, para evitar una profunda crisis, la recaudación debe incrementarse en al menos 3 puntos del PIB en los próximos tres años. Reitero, sólo para evitar una crisis, no para ser competitivos, ni para resolver los problemas casi eternos que tenemos.
Ya es tiempo de dejar atrás la farsa. México tiene apenas unos meses para decidir si quiere competir por los primeros lugares o prefiere estancarse definitivamente. Aunque no lo parezca, estamos fundando el México del siglo XXI. Es el momento de imponer las necesidades del país, que para eso está el Congreso. Es momento de determinación.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
