Diálogo con lectores

Sara Sefchovich

Muy interesantes las respuestas de los amables lectores a mi artículo sobre que Latinoamérica (México incluido) es un continente olvidado. Llama la atención que todas se orientan en el mismo sentido: que esto sucede porque nos hemos quedado atrás en el desarrollo económico y tecnológico. Y todas atribuyen la razón de este atraso a que no tenemos una economía de mercado y de libre competencia, lo cual, a su vez, lo atribuyen a ideologías envejecidas pues ni las izquierdas ni las derechas se modernizan.
Tomo un par de ejemplos: el lector José Ángel Flores piensa que “Estados Unidos ha cambiado su enfoque de Europa hacia Asia y África, porque es en estos países donde se encuentra el futuro de la economía mundial. Las élites de seudointelectuales latinoamericanos y europeos pueden hablar y escribir todo lo que deseen de la Revolución Cubana, pero la gran y verdadera revolución que cambió al mundo para siempre tuvo lugar en California, donde el internet y nuevas y competitivas empresas como Google y Yahoo y YouTube y Geocities, entre muchisísimas más, llevan y traen información por todo el mundo.

“El estado de California en la Unión Americana, con menos de 40 millones de habitantes, produce más en términos económicos y tecnológicos que Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Venezuela y México juntos, y eso que no tiene petróleo. Pero tiene un sistema económico abierto y de libre competencia, donde los granjeros producen más tomate que en todo México, donde las industrias manufactureras, textiles, de biotecnología, de aeronáutica, semiconductores, software, filmes, música, entretenimiento, televisión, vinicultura y muchísimas otras industrias más, superan con creces a las industrias que hemos creado en nuestro subdesarrollado continente. Nosotros en Latinoamérica todavía nos debatimos en modelos dizque ‘alternativos’ y ‘bolivarianos’”.

Parecido piensa Armando Zamudio: “Deberíamos estar ya en el mismo punto de partida de los brasileños, sin embargo en muchos rubros éstos nos llevan gran ventaja, al menos en el plano agrícola e industrial. Yo creo que se debe buscar una economía de mercado abierto, creo que en la medida que podamos lograr un país donde haya gente que pueda crear empresas exitosas, donde empresarios quieran invertir, será también la de nuestro éxito.

“Esto lo dice mucho últimamente el sector financiero y veo dos tipos de reacciones: la izquierda tiene miedo o no acepta la realidad del mercado como motor impulsor del desarrollo, y es lógico porque va en contra del discurso que han manejado desde hace 100 años, de la igualdad social, la justicia social, el empresario predador e ir en contra de la ganancia por la ganancia, argumentos que a pesar de sonar seductores los creo falsos. Mi idea de justicia social es más bien un estado que intervenga lo menos posible, un árbitro más que otra cosa, una institución que se dedique a vigilar y asegurar el buen funcionamiento del mercado y convivencia social.

“La derecha de México quiere mercado pero no acepta de buena manera la competencia, es más bien una economía de compadres y corrupta, si quieren copiar la historia española, no creo que sea el mejor modelo a seguir. Por el contrario creo que hacen bien en seguir el modelo americano, con las diferencias evidentes, creo que este modelo es más exitoso que el europeo, desde hace ya muchos años y creo que seguirá así por un buen tiempo. La izquierda por su arrogancia no le permite ver esta realidad y alimenta el antiamericanismo extremo. La economía debe ser una prioridad para cualquier Estado democrático, si quiere tener justicia social y desarrollo tecnológico para superar los obstáculos”.

Pero también resulta interesante que para otros lectores, este olvido puede significar una oportunidad. Escribe Alejandro Olivera Toro Maya: “Para el ego de muchos latinoamericanos no es buena noticia. El que nuestro subcontinente ya no sea importante es mala noticia. Existe una disminución de recursos que llegan a América Latina como apoyos, inversión, se instalan menos maquiladoras, etcétera. Muchos de nosotros crecimos con la idea de que EU tenía una gran influencia sobre nuestros países; si en este momento ellos se interesan menos en nosotros ¿podemos pensar que ya no les interesa intervenir demasiado en nuestras políticas internas? Si la respuesta es afirmativa, ¿estamos ante la oportunidad de tomar decisiones que nos beneficien más a nosotros que a ellos, sin que se inmiscuyan?”

Algo parecido piensa Rossana Fuentes-Berain, para quien “¿y para qué queremos que nos miren? Mientras Bush esté allí, mejor que ni volteen a vernos”.

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM

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