Esteban Moctezuma Barragán
El agua, lejos de bajar la tempera-tura de Tabasco, la va a subir. Puede pasar de inundación a incendio. Ante esta posibilidad, hay que estar preparados. Muy pronto, antes de diciembre, la población va a salir del shock de la emergencia y, ante la incertidumbre y desamparo en que ha quedado, lo que hará es buscar culpables. Hoy, esto es tema de periodistas y políticos, pero, cuando llegue a ser el grito de los damnificados, el ambiente cambiará.
¿Quién será el culpable? Independientemente de su participación en la prevención de la catástrofe, ahí estarán formaditas varias instituciones: la CFE, la CNA, el gobierno de Fox, los anteriores gobiernos estatales y el municipio. Junto con las instituciones, aparecerán los nombres de los responsables de tomar decisiones en su momento.
Lo grave de esta situación será que la población no exigirá justicia, sino venganza. Ese sentimiento surge siempre después de una catástrofe natural. Por lo general, la reacción de la población damnificada claramente puede dividirse en tres etapas:
La primera es la del shock de la emergencia. Esta es la más corta, la más inesperada y deja a las personas damnificadas con un único afán: la supervivencia. Su energía y sentimientos se centran en salvarse y a sus seres queridos, pasar el día con alimento, bebida, refugio y llorar su impotencia.
La segunda etapa es de duelo y enojo. Se pasa del llanto al grito, de la incertidumbre a la demanda, de la pasividad a la movilización. “Alguien debe pagar por lo ocurrido” es el sentimiento generalizado.
La tercera etapa es la reconstrucción y reposición de lo perdido. Pasada la tristeza y el enojo, entra la determinación por salir adelante, ponerse en pie y construir sobre las ruinas un mejor futuro.
Que nos quede claro. Quizá una tragedia causada por fenómenos naturales no sea fácil de evitar, pero lo que es necesario evitar es que los sentimientos de dolor y frustración se desborden incontenibles como el agua que rompió cauces y lechos para inundarlo todo.
La única forma de evitarlo es acortar el periodo de emergencia y duelo y acelerar el inicio de reconstrucción, de manera efectiva.
Esto, independientemente de investigar a fondo las causas no naturales de la tragedia. Esa indagación iniciada por el Congreso es necesaria, pero no por venganza, sino por justicia y previsión de futuros eventos.
Haya o no culpables, la población va a exigir castigo si no se reencauza el dolor colectivo y, en vez de profundizarlo en frustración, se acelera el advenimiento de la esperanza.
Un buen ejercicio de reflexión para los gobiernos federal, de Tabasco y de Villahermosa es recordar los terremotos de 1985. A partir de ellos, la organización política de la capital cambió radicalmente. Surgió un movimiento urbano popular totalmente nuevo. Se crearon organizaciones de vecinos, coordinaciones de demandantes de vivienda, grupos de activismo político y más.
Tabasco no será diferente. Surgirán nuevas organizaciones sociales, movimientos populares y grupos políticos. Es deber de los tres órdenes de gobierno tener la sensibilidad, decisión y acción, para que esto sea para bien.
Un comité de reconstrucción, como el que se creó en la ciudad de México, debe iniciar sus trabajos en Tabasco. No se trata sólo de pasar la emergencia o de iniciar la reconstrucción sobre las rodillas. La inteligencia indica que se requiere un plan de desarrollo urbano integral, una propuesta territorial del desarrollo. Una gran visión de la región de largo plazo.
Si no se hace así, los sectores actuarán aislados y el problema de expansión y crecimiento urbano de Villahermosa construirá de nuevo una trampa para sus habitantes.
Presidente de Fundación Azteca
