Mario Tassías
En su reciente viaje a África, el Papa Benedicto XVI, se metió en un berenjenal. El Pontífice pidió no centrar las campañas contra el SIDA en el uso de preservativos. Nada más decirlo y miles de ataques periodísticos se le vinieron encima.
El tema es espinoso. Muy complicado. Aborda la vida y la muerte. Cae en el espacio de los extremos. Quienes apoyan las campañas impulsadas por las compañías fabricantes del condón, levantaron la voz en diversos tonos y le dijeron al Papa que es una “amenaza para la salud pública”. Una desproporción, pero que mediáticamente causa más que escozor.
Por supuesto que desde los espacios y tiempos que tiene la iglesia, la defensa fue en el mismo contexto.
Preguntón que soy, me cuestiono sobre el aporte que la discusión puede ofrecer en pro del combate a una enfermedad que sigue causando muertes en el mundo.
Dentro de los defensores del Papa me llama la atención Edward Green, una autoridad científica de la Universidad de Harvard, quien explicó que aunque los preservativos teóricamente deben funcionar, también podrían “agravar el problema” en África.
El SIDA no tan lejano a México y Chiapas en particular. Está afrontándose con diversos medios, el más difundido es el uso de condón.
Green, que es investigador científico jefe de prevención del SIDA en Harvard, declaró en Denver, Colorado, a Catholic News Agency (CNA) www.catholicnewsagency.com que los preservativos no solo no funcionan correctamente sino que podrían estar “exacerbando el problema” en África.
Cito textualmente.
“Los promotores de los preservativos suelen mencionar la falta de una educación sobre los profilácticos como la principal culpable de las altas tasas de SIDA en África, pero Green no está de acuerdo.
El experto –que no se opone al uso de preservativos como un medio adicional– recordó que cuando la epidemia del SIDA atacó África, la “industria” comenzó a usar la enfermedad con el doble propósito de desarrollar una estrategia de marketing para lograr más financiamiento para la distribución de preservativos. De esta manera, “un dispositivo usado en un segundo o tercer grado para evitar embarazos no deseados” se convirtió en “nuestra mejor arma contra el SIDA”, sostiene Green.
Según Green, la comunidad científica admite que los preservativos disminuyen la tasa de infección del VIH, pero numerosos estudios prueban lo contrario. “No podemos encontrar una asociación entre mayor uso de preservativos y reducción de tasas de VIH” en África, explicó.
Sin embargo, cada vez más estudios coinciden que la difusión de los preservativos falla por un fenómeno llamado compensación de riesgo o desinhibición conductual.
La compensación de riesgo “es la idea de que si alguien usa cierta tecnología para reducir el riesgo, ocurre un fenómeno que lleva a la persona a asumir un riesgo mayor”. En este caso el riesgo es sexual.
Green, que se proclama liberal, sostiene que promover la “ideología liberal” de Occidente no es lo adecuado en África porque la mayoría de los africanos son conservadores en su conducta sexual y muy religiosos para los estándares globales, por lo que encuentran ofensivas las campañas que promueven las relaciones sexuales desde la adolescencia.
Para Green es iluminador el caso de Uganda, donde se educa a la gente para que no caiga en la promiscuidad. El país ha logrado reducir su tasa de contagio en dos tercios porque en vez de esperar que la gente use preservativos que no desea, promovió la abstinencia y la fidelidad.
El investigador informó que hace poco, los dos países africanos con las tasas más altas de contagio del mundo, Botswana y Swazilandia, han lanzado campañas para promover la fidelidad y la monogamia, debido al fracaso de los programas que reposan en el preservativo como medio más eficaz contra el SIDA”. Hasta aquí la cita.
Abstinencia, significa renuncia fundamentalmente por motivos religiosos o morales, dice el diccionario. La fidelidad es lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona, pero también puntualidad, exactitud en la ejecución de algo.
¿Sobran o faltan palabras? Decía Benjamín Franklin que la experiencia es una dura escuela, pero los tontos no pueden aprender de otras fuentes.
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