Punto de Vista

Mario Tassías

Tan necesaria como el pan de cada día es la paz. Paz y pan, son causa y fundamento de la quietud pública. El pan sabe amargo si se come con intranquilidad. Es ese sabor áspero de los acontecimientos, el que ha quitado el sosiego a millones de mexicanos, que hoy luchan porque haya armonía y se deje de derramar sangre inocente.

No se trata de quien tiene o no la razón, la razón pierde sentido si se trata de argumentar una lucha en donde más de 40 mil vidas han sido cegadas. De ninguna manera se justifica el derramamiento de sangre, y menos si atrás de los disparos hay negocios con el principal abastecedor de armas en el mundo. Esa sería una agravante que sumar a la falta de sentido para enfrentar un fenómeno.

Violencia genera violencia, aunque la suma no lo comprenda la terquedad. Cambiar el estado de cosas, pasa por la inteligencia emocional que por las adiciones que la teoría sugiere. Tiene que ver con vidas humanas, con seres que tienen el derecho a vivir en paz.

Una sociedad dinámica pide equilibrio, para la justicia, para vivir en paz. No es mucho si se pusiera la inteligencia al servicio del amor, en toda su excelsitud y entendido como el esmero con que deben hacerse las cosas de estado en beneficio de la sociedad.

El reclamo de los hombres y mujeres que han perdido seres queridos en una lucha que ellos no empezaron y mucho menos deseaban, debe solidarizarnos. Permitirnos reflexionar en la sociedad que se construye para las generaciones venideras, pero también para el presente, que exige un vinculo con la reconciliación para volver a la concordia, a la comunión, en el que ofrezcamos algo más que un simple gesto y si una máxima ofrenda por la vida. Una oración por los que murieron, un recuerdo para que no se olvide la memoria y un ruego porque ya no haya más violencia. “… soportándonos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz”, Ef 4 2-3.

No se puede alcanzar la paz, atizando el fuego. No se puede guiar a otros en la búsqueda de la paz, cómo estar tranquilos cuando más de 1200 niñas y niños han muerto en una la lucha donde almas inocentes aportan una trágica cuota de sangre para una insaciable estupidez. Aquí el dolor y la frustración no tienen ideología. Thomas Mann (1875-1955) habría escrito que “la guerra es la salida cobarde (de quienes buscan solución) a los problemas de la paz”. No es irreal pensar que si se quiere la paz, la lucha es por la justicia. “La justicia se defiende con la razón y no con las armas. No se pierde nada con la paz y puede perderse todo con la guerra” habría dicho Angelo Giuseppe Roncalli (1958-1963), Papa de la iglesia católica conocido como Juan XXIII.

Queda claro que la paz es el camino. Un proceso por el que hay que aprender todos los días, pero no de la manera salvaje como ahora se enfrenta al crimen organizado. Hay que aprender que entrar en los conflictos y resolverlos de forma positiva sin usar la coacción, requiere de prudencia, una cualidad que fue sustituida por beligerancia.

Así una sociedad de millones de conciencias, acompañan hoy una marcha a pie que salió el día 5 de Cuernavaca y llegará el día 8 al Distrito Federal. Es una caravana que busca justicia que ilumine la oscuridad de la noche. Que quiere refrendar que la paz es bienestar en el sentido más amplio, prosperidad hasta con los incrédulos, salud corporal, contentamiento entendido como buenas relaciones entre las naciones y entre los hombres.

¿Podremos hacer entender a los hombres del poder, que la paz es una suma de tareas, que pasan por amplias avenidas donde los baluartes son la tolerancia, la justicia, la igualdad, la solidaridad y la responsabilidad de los gobernantes para trabajar por el bien común? La paz no es un libro de recetas, mucho menos un manual. Entre los malos no hay paz si no la que impone el miedo de alguno que es peor.

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