Punto de Vista

Mario Tassías

En boca cerrada no entra la mosca dice el refrán. Aún así, pareciera que al hablar hay que manifestar insensatez. Comprobar que a veces más vale callar y pasar por tonto, que abrir la boca y disiparla. “Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello”, decía Abraham Lincoln (1808-1865) Dos ojos, dos orejas y una sola boca son porque hay que escuchar y mirar dos veces, antes de hablar.
Sobre los antónimos hablar y callar, llegó al buzón un correo electrónico que bien valorado puede motivar a reflexionar cuando callamos y a recapacitar cuando hablamos. En la Roma antigua se decía que, quien no sabe callar tampoco sabe hablar. Según Ernest Hemingway (1896-1961) es cierto que, “se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”.

El correo dice que: Hablar oportunamente, es acierto. Callar miserias humanas, es caridad. Hablar frente al enemigo, es civismo. Callar a tiempo, es prudencia. Hablar ante una injusticia, es valentía. Callar de sí mismo, es humildad. Hablar para rectificar, es honradez. Callar palabras inútiles, es virtud.

El abuelo decía que “Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar”. Recuerdo la amonestación cuando respondí con un insulto, una ofensa del loco del pueblo. Callar cuando te insultan, es amor. Hablar para defender, es compasión. Callar cuando te acusan, es heroísmo. Hablar ante un dolor, es consolar.

Hablar de sí mismo, es vanidad. Restituyendo fama, es honradez. Aclarando chismes, es estupidez. Disipando falsedades, es conciencia. Callar cuando hieren, es santidad. Para defender, es nobleza. Callar defectos ajenos, es benevolencia. Debiendo hablar, es cobardía. Hablar de defectos, es lastimar. Debiendo callar, es necedad. Hablar por hablar, es tontería.

Mucho sabía Amado Nervo cuando afirmaba que “… el que sabe callar es siempre el más fuerte” William Shakespeare argumentaba que “…es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”

Según el Diccionario Panhispánico de Dudas 1ª edición (octubre 2005) hablar cuando significa ‘comunicarse con alguien por medio de palabras’, es intransitivo y se construye con un complemento con de, sobre o acerca de que expresa el tema del que se habla, mientras que la persona a quien se habla se expresa mediante un complemento indirecto: «Camargo le hablaba de la situación política» (Martínez Vuelo [Arg. 2002]); o un complemento preposicional precedido de con: «Aproveché para hablar con él anoche sobre la posibilidad de que te instalaras en casa» (Serrano Corazón [Chile 2001]). No obstante, en la lengua coloquial no es infrecuente su uso como transitivo cuando el tema del que se habla se expresa mediante un pronombre: «No quiero hablar de eso ahora […]. Luego cuando venga mi marido lo habla con él» (Gamboa Páginas [Col. 1998]). Debe evitarse el uso transitivo de hablar como sinónimo de decir: «Habla que están unidos y que los periodistas se inventan sus discusiones internas» (Tribuna [Hond.] 17.4.97); debió decirse Dice que están unidos…

Callar (se). Como intransitivo, a menudo pronominal, significa ‘no hablar’: «No quise informar de tal situación, y me callé» (Proceso [Méx.] 17.11.96). Es transitivo cuando significa ‘omitir o no decir [algo]’: «Don Agustín calló la verdad principal» (Morón Gallo [Ven. 1986]). En los últimos tiempos se está extendiendo su uso con el sentido causativo de ‘hacer callar [a alguien]’: «Ve a Leonardo y va a hablar, pero lo calla un gesto de él» (Wolff Balsa [Chile 1984]); este sentido se ha expresado tradicionalmente en la lengua culta con el verbo acallar: «Los frailes suplican, pero son pronto acallados» (BVallejo Detonación [Esp. 1977]).

Hablar, es decir, articular, proferir palabras para darse a entender. Nos revela a cada uno como quien es, de ahí que se diga que el que más habla es el que más tiene por qué callar. Hablar por hablar, es decir algo sin fundamento ni sustancia y sin venir al caso. Rabindranath Tagore indicaba que “El hombre entra en la multitud para ahogar el clamor de su propio silencio” Calla y cuez dicen los españoles, expresión para recomendar a alguien que atienda al trabajo útil sin perder el tiempo en cosas fútiles. Plutarco concluye: “De los hombres aprendemos a hablar; a callar sólo de los dioses”

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