Mario Tassías
Sobre abstencionismo existe una cantidad no determinada de estudios. Unos alegres, otros no tanto.
El abstencionismo es una renuncia voluntaria a votar. Es rechazar un derecho político y un deber cívico. Es “privarse de algo” y no participar en una fiesta en donde se tiene pase de entrada. Muestra racionada o no de un estado de cosas.
Los partidos, la mezcolanza de partidos y sus candidatos no convencen. Es entendible que alguien convencido contra su voluntad, no emitirá su voto. Si bien votar y ser votado, es un acción soberana. Prerrogativa y obligación ciudadana plasmada en la constitución.
El abstencionismo es una deslegitimación real o potencial de los gobernantes. Una llamada de atención para presionar a que los partidos rectifiquen la ruta por la que llevan al país. Si democracia es participación, la falta de participación debilita la democracia. “Sin democracia la libertad es una quimera”, decía Octavio Paz.
Aunque la democracia instituye un despotismo, por cuanto establece un poder ejecutivo contrario a la voluntad general. La voluntad de la mayoría, no es la voluntad de todos, lo cual es contradictorio y opuesto a la libertad, entendida como libre albedrío o espontaneidad.
Al final de cuentas, abstenerse es una divergencia con la democracia y quienes todavía la representan. Un modelo de desinterés por la política. Elemento de ayuno que los partidos políticos cargan como marca y al parecer poco les importa. A este circuito habría que añadir la abstención forzada por las circunstancias. Abstención técnica, causada por errores en la inscripción del elector, por dificultades climáticas, de salud, de transporte, por indisposición o accidente, etc.
Al final de cuentas, la abstención se traduce en resta de votos. Para las elecciones del 4 de julio en Chiapas, están inscritos en el padrón 2, 869,429 electores. El compendio estadístico del proceso electoral del 2007, el más reciente antecedente electoral, muestra 43.15% de abstencionismo en la elección de diputados de mayoría relativa y 43.12% en la elección de planillas de miembros de Ayuntamientos. La tendencia abstencionista para el 2010, es creciente y por lo menos, 1, 237,584, ciudadanos chiapanecos, no emitirán su voto el primer domingo de julio.
Por enésima vez, se comprueba que en donde los partidos están en crisis, su capacidad de movilización y captación del electorado se desvanece y crece el abstencionismo, y es ahí donde los abstencionistas quedan a merced de los demagogos. Grupos electoreros roídos que prometen hacer limpieza y crear un régimen de verdadera participación, pero que en realidad, recurren al populismo. Aquel que en la antigua Grecia, correspondía a un gobierno dictatorial, con el uso de la manipulación deliberada para ganarse la voluntad del pueblo.
La tendencia global sobre el abstencionismo tiene variables que inciden en la disponibilidad de votar. Se dice que se abstienen los que tienen bajo nivel de instrucción, sexo femenino, edad avanzada o muy jóvenes – aunque estos sectores “movilizados” o “acarreados”- se animan a participar. Pero hay quienes refutan esta apreciación y atribuyen el abstencionismo a una sociedad mejor informada y mayormente razonable a la hora de decidir.
Por supuesto que anular el voto, es otra forma de rechazo. Tiene otra connotación. En el lenguaje político electoral recibe otro nombre. Es una opción especulativa que busca crear adeptos para elevar el tono del rechazo.
Se necesitan cambios y reformas, acordes con las circunstancias, una realidad que ya rebasó a los partidos políticos, en el difícil camino hacia la democracia.
