Punto de Vista

Mario Tassías

Este texto circula en la red de redes. Me llegó gracias a Isabel, mi esposa, con quien comparto la felicidad de tener tres hijos.

Las mamás no somos abnegadas amantes del sacrifico y aguerridas guerreras que todo lo pueden. Las mamás lloramos abrazadas a la almohada cuando nadie nos ve. Insultamos en 17 idiomas cuando tenemos que poner el despertador a las 2 de la mañana para ir a buscarlos a una fiesta. Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito que les dice ‘enano’ o ‘cuatro ojos’, y les damos toda clase de explicaciones conciliatorias, en realidad querríamos tener el cogote del pequeño verdugo entre nuestras manos. Y también pensamos que la vieja de geografía es un ser perverso cuando les baja las calificaciones porque no saben cuántos kilómetros mide el Grijalva que, al final, ¡A quién carajo le importa!

No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando de que el pescado no tenga gusto a pescado y disimulando las verduras en toda clase de brebajes. Es que tenemos miedo de que no crezcan como se debe.

No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un saquito… Es que tenemos miedo de que se enfermen. No es que los queramos más cuando se bañan… Es que no queremos que nadie les diga roñosos.

Porque ser mamá no solo tiene que ver con embarazos, pañales y sonrisas. Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma. Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que no sufran.

Ustedes nos hacen felices… cuando les encantan nuestras milanesas, cuando nos consideran sabias por contestar todas las preguntas de los concursos de la tele. Cuando vienen llorando porque se rasparon la rodilla y nos dan la posibilidad de darles consuelo y curitas. Cuando recién levantadas nos dicen, qué linda que estás, mamá. Cuando nos proponen casamiento porque somos “su novia” (Y lo disfrutamos mientras llega la primer noviecita que nos destierra de ese lugar)

Ustedes no hacen mejores. Nos dan ganas y fuerzas. Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena. Cantamos las canciones de les gustan, repasamos 500 veces la tabla del 2 y arreglamos el carburador para llevarlos al fútbol, a inglés, a dibujo, a la psicóloga, al basquet, a volley, a danzas, a la casa de la amiga, a la maestra particular, al dentista, al médico, a comprar un pantalón…

Y nos buscamos otro trabajo y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra y al pediatra y a los videos y negociamos con los maestros y los acreedores y recortamos figuritas y estudiamos junto a ustedes ríos, provincias, las capitales de los países de Europa y nos ponemos lindas y nos enojamos y nos reímos y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja y la princesa de todos los cuentos… Exclusivamente para verlos felices.

Verlos felices es lo que nos hace felices. Ojalá pudiéramos cambiar el mundo para que fuera un lugar mejor para ustedes.

Gracias por hacerme su mamá. Gracias por hacerme tan importante. Gracias, por esas porquerías que hacen en la escuela con corchitos y palillos (que casi nunca entiendo para que sirven pero guardo religiosamente) Gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores, los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en el refrigerador. Por tantas noches sin dormir, las calificaciones, las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota. Por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá. Por las fotos de la primaria…

Son mis mejores medallas. Gracias porque los amo. Y ese, es el amor que me hace grande. Lo demás es mercadotecnia.

¡Comparte la nota!