Mario Tassías
Don Antonio con su machete en mano, es un joven de más de 80 años. Su vigor contagia. Su ánimo entusiasma. “El trabajo está bien hecho, se lo puedo mostrar…” y señala hacia el espacio donde se localizan sus cultivos.
Son las cuatro de la tarde. Lunes 29 de marzo de 2010. El sol resplandece en su magnificencia. El calor quema intensamente. Frente a don Toño un grupo de hombres y mujeres venidos del norte le preguntan si todavía, a su edad trabaja. Los que le acompañan, muchos de ellos descendientes directos, dicen con orgullo: “Así como lo vesté es muy chambiador”. “Vamos a tener buena cosecha”, reafirma el más viejo de la comunidad Villa Tropical Tzotzil. A su lado, sus hijos y nietos, sonríen.
Fernando Andrade, Thiago Fernandes, Matt Thiel, Kara Honeycutt, Kurt Anderson y Kriste Ohaus, estudiantes de maestría de la Michigan Ross School Of Business, están a muchas millas del lugar donde se desarrollan académicamente. Ante sus ojos se abre un extenso espacio con diversas tonalidades de verde. Cielo limpio en tonos de azul. A unos metros la inmensidad del lago de la Presa Hidroeléctrica Ángel Albino Corzo más conocida como Peñitas. Los bosques de esta zona, no son la mejor muestra, pero suficiente para considerar que don Toño vive en una franquicia del paraíso.
Terrenos que antes fueron potreros de ganadería extensiva, se están convirtiendo paso a paso, quizás muy lentos, pero caminado al fin, en proyectos de reconversión productiva. Villa Tropical Tzotzil se localiza a unos cuantos minutos de la Ciudad Rural Sustentable Nuevo Juan del Grijalva. De lo que se trata es de sustituir hectáreas para ganado, en campos para producir alimentos y con el valor agregado regresar al bosque su vocación natural. El experimento llama la atención, los productos exóticos que se han sembrado también. Litchi y rambután, por ejemplo, son dos plantas originarias de China. Están sembrados en zonas escarpadas, valen para más de una caminata.
Don Toño, va delante de la caravana. La vereda desciende por terrenos que recuerdan que ahí hubo ganado pastando no hace mucho. “El zacate ha sido nuestro reto más fuerte” dice uno de los hijos de don Toño. “Luchamos con el machete para trozarlo pero rápido vuelve a nacer” dice otro de los jóvenes que forman parte del grupo de campesinos. A la distancia los pequeños árboles, ya muestran el principio de un resultado no lejano. Todavía faltan algunas etapas en el proceso de producción, pero ya se aprecian resultados. Los pequeños árboles dispuestos en distancias aproximadas a los 10 x 10 metros, forman parte de una siembra en donde también se han intercalado plátanos, caña, piña, chayote y papaya entre otras frutas y verduras.
Sobre cómo le han hecho para cambiar sus esquemas de siembra y cosecha de productos tradicionales, los estudiantes preguntan a los lugareños. “Es difícil cambiar” responden. Mucho más difícil si el origen es destino. Los habitantes de este lugar descendieron a la tierra caliente a 100 metros sobre el nivel del mar, provenientes del lugar de la lengua hermosa, San Juan Bautista como antes era conocido Jitotol, a 1660 metros sobre el nivel del mar. Adaptarse fue otro desafío, al que había que agregarle, el idioma.
La visita a la extensión, lleva a los caminantes hasta el fondo de una hondonada, el panorama es de gratificante sensación al ver árboles frutales, se está reforestado. La variedad le da riqueza y esa diversidad es un valor más a la cultura de hombres y mujeres que orgullosos muestran sus logros.
Los norteamericanos, brasileño y mexicano incluidos, están entusiasmados, más cuando el hombre del machete desenvainado les obsequia unas papayas de gran tamaño y luego parte un tallo de caña que separa de los nudos, y ofrece a sus invitados. Muy cerca, un arroyuelo empieza recuperar su caudal, sus márgenes han sido reforestadas con bambú.
Fernando, Thiago, Matt, Kara, Kurt y Kriste, cada uno a la vez, no se cansan de preguntar y don Toño y sus descendientes de responder. Es una camaradería como cuando viejos amigos se reencuentran. La tarde se va vistiendo de gris. El sol empieza a descender ya va rumbo a ocultarse. Don Toño ha vivido muchos veranos, por el momento disfruta de la primavera en su paraíso.
