PRIMERA FILA

Por Rosalino Ortiz

VIENTOS HURACANADOS
Después de la enorme experiencia que dejó Stan y lo que pasó últimamente con la tormentita Bárbara, la gente ya se preocupa un poco más cuando las autoridades dan la voz de alerta sobre la aproximación de un fenómeno. Por eso se pudo ver a mucha gente trabajando y tratando de podar aquellos árboles establecidos cerca de sus casas y que pudieran representar un peligro en caso de que los vientos huracanados llegaran por el rumbo, o proveyéndose en su hogar para que no faltara nada. Gracias a esa preocupación y preparación, en la Costa de Chiapas no hubo problemas, a excepción de los generados por las lluvias que han estado cayendo y que para la mayoría todo es normal. Esa misma preocupación y preparación se observó en la Península, lo que permitió que el paso de Dean, aún con sus vientos huracanados, sólo dejara daños materiales, cuantiosos sí, pero al fin solo daños materiales, como ocurrió en Quintana Roo y Campeche, gracias precisamente a esa cultura de prevención de la que, incluso, hizo gala el presidente de la República Felipe Calderón Hinojosa cuando visitó los lugares siniestrados. Lo mismo puede decirse de las demás entidades que sintieron el paso de Dean, como Veracruz, o como México e Hidalgo, donde los daños fueron menores en comparación a lo que pudo hacer ocurrido si no se hubiese preparado la gente.
En cuanto a la Costa chiapaneca, afortunadamente solo fueron lluvias las que cayeron, hasta eso poco copiosas, diluyéndose el peligro que cernía sobre todos. Claro, hay zonas blandas que con poca lluvia aflojan y se convierten en escurrideros, arrastrando lodo principalmente, como es el caso la parte serrana de todos los municipios costeros. Por eso es que frecuentemente se habla de derrumbes que causan el bloqueo de caminos vecinales o carreteras, haciendo además muy penoso el tránsito para todos por el estado “chicloso” en que se ponen esas arterias. Estas lluvias que cayeron en la Costa, fueron las consecuencias de la cola de los vientos huracanados con los que se movía el tal Dean. Menos mal que a Chiapas sólo llegó la cola, hasta eso, un tanto mocha.
Donde también hay vientos huracanados es en la administración pública de Chiapas, pues insisten algunas personas en que al señor Pablo Salazar Mendiguchía se le debe investigar a fondo para saber qué hizo con la cuenta pública, la que según los expertos no concuerda o dicho de otra forma, las matemáticas no cuadran porque algunos números podrían haber ido a parar a otros lados. Como se sabe, fueron miles de millones de pesos los que estuvieron en juego, sobre todo con la aplicación de recursos para la reconstrucción, y que finalmente ni hubo la tan cacareada composición.
Por supuesto que la culpa no la tienen quienes piden el esclarecimiento de la correcta aplicación de los recursos, pues la gente siempre estuvo con la idea, gracias a campañas “agresivas” (serán insistentes) de publicidad, que había transparencia y que había llegado el Mesías para Chiapas. Finalmente las cosas no fueron así y empezó el escudriñamiento hasta llegar a esa posible falta de transparencia de la que tanto se habló en el sexenio estatal anterior. Ahora, si hay alguna responsabilidad, los autores tendrán que soportar los vientos huracanados que puedan caerle encima.
A quien le pueden llegar muy de cerca los vientos huracanados es al actual Rector de la UNACH, Ángel René Estrada Arévalo, a quien le señalan irregularidades cuando estuvo al frente de la Secretaría de Salud (en el sexenio pasado), las mismas que supuestamente fueron encontradas en auditorías realizadas por el Órgano de Fiscalización Superior (OFS). Por eso, en el Congreso Local han dicho que para la siguiente sesión abordarán este espinoso tema para deducir o fijar la veracidad de la información vertida ya por donde quiera. Lo peor del caso es que, de haber responsabilidades, Estrada Arévalo tendría que “ahuecar” el ala en la UNACH, donde está actualmente.
Por otra parte, los vientos huracanados aún no alcanzan a determinados alcaldes de Chiapas, los que están “en capilla” en virtud de que no han cumplido ante el Congreso Local en cuanto a comprobar fehacientemente los gastos de sus respectivas cuentas públicas. Matías Morales Hernández, priísta de Ocosingo, y el perredísta Julio César Arreola, de Pijijiapan, son los casos más sonados en cuanto a la falta de comprobación y transparencia en el manejo de los recursos. Claro, en la lista de espera hay otras dos decenas, pero los antes mencionados son los más seguros no sólo a ser desaforados, sino incluso podrían hasta ir a dar a la de cuadritos si en un tiempo perentorio no ponen las pilas y demuestran con claridad qué hicieron con los dineros recibidos.
Donde también se respiran vientos huracanados es entre los electores de Tapachula, ya que por el simple hecho de que Blas Zamora haya sido compañero de Juan Sabines Guerrero en el Congreso Local de Chiapas, bastó para que se hiciera de la candidatura a diputado local por la zona baja. El recuerdo de su paso como presidente del concejo municipal le acarrea malmiradas. No es lo mismo, por ejemplo, el caso de Adolfo Zamora Cruz quien cuando fue presidente interino de Tapachula dejó buen sabor de boca, o como el Cheque Orduña quien goza de popularidad. Con candidatos como estos dos últimos, los vientos son favorables.

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