Sara Sefchovich
Soy una ciudadana que no entiende el giro que ha tomado en la opinión pública el hecho de que varios jóvenes mexicanos hayan muerto y una haya resultado herida en un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que fue bombardeado por el ejército de ese país.
Lo digo, porque me sorprende:
—La insistencia en que esa acción fue “ilegal” (La Jornada, 10 marzo, El Correo Ilustrado) pues ¿no podría decirse lo mismo de las acciones de las FARC? ¿o acaso esas sí son legales?
—La insistencia en que el bombardeo fue “una violación a la soberanía de una nación” (La Jornada, 12 marzo, El Correo Ilustrado), pues ¿no podría decirse lo mismo de la guerrilla colombiana que tenía su campamento (y varios más) en un país que no es el suyo?
—La afirmación de que, dado que los jóvenes mexicanos allí presentes eran civiles, entonces se trata de “asesinatos” (La Jornada, 12 marzo, p. 13) pues ¿qué hacían civiles en un campamento de la guerrilla y cómo se supone que podrían diferenciarlos de los guerrilleros a quienes iban a combatir?
—El reproche al ejército colombiano de “no respetar las normas del derecho internacional” porque “atacó de noche, cuando todos dormían” (La Jornada, 5 marzo, editorial), pues ¿acaso la guerra tiene horarios, modos y normas de combate? ¿y acaso las FARC los cumplen?
—La exigencia de “respetar los derechos humanos” (La Jornada. 2 marzo, El Correo Ilustrado) de los guerrilleros, pues ¿acaso ellos han respetado los de tantos secuestrados a los que han mantenido durante años en condiciones inhumanas? ¿No vimos las fotos de Ingrid Betancourt en estado lamentable y la carta a su madre donde dice “Aquí vivimos muertos” (EL UNIVERSAL Online, 1 diciembre 2007)? ¿no supimos la historia de Clara Rojas y cómo le arrebataron a su hijo? (Mónica Lavín, Este país cultura, marzo 2008, p. 16)? ¿no leímos los relatos de algunos de los que han sido liberados sobre los maltratos a que fueron sometidos? (Luis Eladio Pérez, El País, 6 marzo p. 6)? Y ¿quién ha hablado de los derechos humanos de las otras dos mujeres heridas, colombianas que habían sido “llevadas forzosamente” y “retenidas a la fuerza en el campamento para hacer el trabajo doméstico” (La Jornada, 10 marzo, p. 35 y 12 marzo, p. 12) de quienes se supone que están luchando por los pobres del continente?
—El esfuerzo que hacen las familias y amigos de estos jóvenes por asegurarnos que no se trata de guerrilleros, sino de estudiantes interesados en los movimientos sociales latinoamericanos (EL UNIVERSAL Online, 5 y 11 marzo). Sin embargo, uno de ellos reconoció en el 2004 ser miembro del Núcleo Mexicano de Apoyo a las FARC (Reforma, 12 marzo, primera plana). Y por lo demás, ¿puede cualquiera visitar un campamento guerrillero? ¿Qué se necesita para que un grupo de esa naturaleza autorice la estancia de visitantes o estudiosos?
—La insistencia en que la UNAM o el Politécnico tienen alguna responsabilidad en el asunto y hasta “lo solapan” (Ricardo Alemán, EL UNIVERSAl Online, 10 marzo) pues miles de personas laboran y estudian en esas instituciones y cada una de ellas piensa y actúa como le parece mejor sin que (afortunadamente) exista nadie que vigile o persiga lo que hacen y dicen.
—La insistencia en considerar “insurgentes” y “combatientes” a las FARC, que si en algún momento lo fueron, hace mucho “dejaron atrás los ideales de justicia y liberación originales” (Lavín, ya citada). Por eso miles de colombianos los han repudiado (El País, 4 febrero, p 3) tanto como han repudido a los paramilitares y grupos de ultraderecha (El país, 7 marzo p. 3) y a sus tácticas de horror.
—La negativa a aceptar que los jóvenes mexicanos tomaron una decisión libre y madura. En el mundo hay quienes creen que la opción de la guerrilla es una forma adecuada de lucha y por eso se unen a ella o la apoyan o la estudian. Quienes eligen esa vía saben (o deberían saber) que corren riesgos, porque se trata de grupos a los que el Estado combate. Y así como cada quien elige su camino, así es el único responsable de las consecuencias, por doloroso que resulte.
Escritora e investigadora en la UNAM
sarasef@prodigy.net.mx
