PNUD: aristas de la migración

Rodolfo De la Torre

Tres preocupantes mensajes emergen del recién publicado Informe sobre Desarrollo Humano México 2006-2007 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (consultable en http://saul.nueve.com.mx/informes/index.html ): primero, aun con un importante crecimiento económico nacional, es de esperar un incremento en la migración hacia Estados Unidos antes de que ésta pueda disminuir; segundo, el saldo neto para el desarrollo nacional de la migración externa bien puede ser negativo, pues la pérdida de capital humano no parece ser compensada por la entrada de remesas. Finalmente, México no ha podido definir una política migratoria consistente e integral que traslade los esfuerzos por conseguir un mejor trato para nuestros migrantes en el norte a los inmigrantes centroamericanos en el sur.
El nuevo documento, subtitulado Migración y Desarrollo Humano, cierra un ciclo de tres informes dedicados al tema de la desigualdad, en donde el primero examinó su magnitud y orígenes en los estados, el segundo se ocupó de las desigualdades entre los municipios y la promoción de un desarrollo equitativo con acciones locales, y el tercero examina ahora el efecto de las desigualdades, tanto nacionales como internacionales, sobre los flujos migratorios y el impacto de éstos sobre la propia desigualdad nacional. Los tres análisis comparten la visión de que el desarrollo no es la simple acumulación de recursos, pues estos son sólo un instrumento para el fin central: la expansión de la libertad de las personas, de su autonomía y oportunidades para escoger la vida que consideran valiosa.

El primer tema que explora el informe es si la migración es un ejercicio de la libertad o un movimiento forzado por las circunstancias. En otras palabras, si los movimientos geográficos de las personas obedecen a la búsqueda de mejores horizontes, teniendo en su lugar de origen por lo menos un conjunto de oportunidades básicas, o si se deben a la intolerable pobreza que se enfrenta. El informe confirma que el grueso de la migración no ocurre ni en los municipios ni en los estratos más pobres (tampoco entre los más ricos), sino entre aquellos con un nivel educativo intermedio, con un ingreso superior a la línea de pobreza y algún tipo de empleo. En otras palabras, la pobreza es generalmente un obstáculo para migrar y se suele migrar habiendo salido de ella.

Lo anterior no excluye que una parte de la migración, creciente pero no mayoritaria, provenga de condiciones de pobreza, pues conforme se amplía el número de migrantes en EU las redes de familiares y amigos que ayudan a migrar facilitan el traslado de personas con menores recursos. Sin embargo, siendo las enormes diferencias salariales entre nosotros y nuestro vecino del norte lo que impulsa principalmente la migración de población no pobre, se tiene una implicación muy importante: si México alcanza un crecimiento económico generador de empleos que reduzca la pobreza, es muy factible que esto proporcione los medios para que muchos que no podían migrar ahora lo hagan.

La migración externa sólo podrá ser significativamente reducida cuando las distancias entre lo que se gane en el mercado laboral de EU y el mexicano se cierren sustancialmente, y no por la reducción de la pobreza o la creación de empleos nacionales de baja remuneración. Mientras tanto, quienes migren dejarán un vacío en sus localidades de origen no sólo de fuerza laboral, sino también de habilidades productivas. Además, dejarán problemas de salud, principalmente sicológicos, por la desintegración familiar que frecuentemente acompaña a la migración, e incluso por los esporádicos retornos que pueden ser ocasión para la transmisión de padecimientos como el VIH-sida. Estas cuestiones son abordadas extensamente por el informe del PNUD.

Por supuesto que como contrapartida a los costos de migrar se encuentran las remesas. Sin embargo, el informe cuestiona que en la contabilidad completa de las ventajas y desventajas de la migración se encuentre un saldo positivo. El asunto no es tanto que los migrantes en lo individual hagan mal su cálculo de lo que ganan o pierden migrando, pues aunque hay evidencia de frecuentes errores en sus expectativas el problema radica en la erosión de las capacidades de desarrollo de comunidades enteras. Las remesas pueden compensar en lo individual el trabajo del que migró, y ser usadas para mejorar la educación y la salud de quienes se quedan, pero difícilmente mejoran la viabilidad económica de los lugares dejados por los migrantes.

Finalmente, el informe nos deja con un desconcertante recuento de la forma en que son considerados los migrantes que recibe México, tanto por la política migratoria como por los ciudadanos. Del análisis que hace del trato discriminatorio y de los casos de violación de los derechos humanos de los migrantes centroamericanos destaca un dato que retrata nuestra falta de visión e inconsistencia respecto a la migración: al preguntar cómo debería atacar nuestro gobierno el problema de la migración ilegal de centroamericanos a México, 15% de los mexicanos entrevistados respondió que construyendo un muro en la frontera con Guatemala y Belice.

rodolfo.torre@uia.mx

Director del IIDSES de la Universidad Iberoamericana

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