Nuevo paradigma unilateral

Enriqueta Cabrera

Para reabrir el debate sobre la reforma a las leyes de inmigración en el Senado de Estados Unidos fueron necesarios 4 mil 400 millones de dólares adicionales e inmediatos destinados a la seguridad de la frontera, con el fin de enviar señales positivas acerca de la seriedad del compromiso. El control de la frontera con México es un tema en el que liberales y conservadores, demócratas y republicanos, están de acuerdo, ahí el debate tiene que ver sólo con las medidas y los recursos porque no hay dudas acerca de avanzar en la seguridad, en acabar con su porosidad e incluso en “sellarla” según plantean senadores con las visiones más conservadoras y (digámoslo claro) antimexicanas y antilatinas.
El cambio es tan profundo y ha avanzado tanto que ni siquiera es un tema que se discuta a fondo más allá de los recursos, los muros y las nuevas tecnologías. Atrás queda la práctica de vigilar la frontera sin excesos como corresponde a dos países que avanzan en una integración creciente asociados en el TLCAN.

El cambio de paradigma en la seguridad fronteriza no es menor para una frontera de 3 mil 200 kilómetros entre los dos países, pero sobre todo para una región con una integración creciente a ambos lados de la misma. Un dato lo ilustra: tienen lugar alrededor de un millón de cruces diarios entre ambos países (sin contar los indocumentados), lo que forma parte de una poderosa dinámica que ha construido microrregiones a uno y otro lado de la frontera con una interacción mayor que la que tienen sus pobladores con el resto de EU o de México. ¿Qué sucederá con ese espacio binacional en el futuro, con la obstaculización creciente de la cotidianidad de millones a uno y otro lado? Claro, por ahí cruzan también indocumentados atraídos por la demanda de empleo, pero la frontera es también mucho más que eso.

Lo que está planteado en la reforma migratoria y lo que se está haciendo aún sin ella es un cambio profundo en el paradigma de la frontera de México y Estados Unidos, la cancelación de la flexibilidad que permitía la integración de regiones y de ciudades hermanas a uno y otro lado, así como una intensa actividad económica, comercial, estudiantil, profesional. Con la nueva gestión fronteriza estadounidense perderán todos aquí y allá, perderá la integración y el desarrollo de una región caracterizada por una fuerte dinámica económica, social, demográfica, cultural.

En un sentido profundo estamos frente a un cambio para la relación bilateral presidido por “la seguridad”, precisamente en la región que es el más importante laboratorio para la relación bilateral. Lo que destaca también es que este cambio -con o sin reforma migratoria- avanza fundamentalmente de manera unilateral. Por ejemplo, a México se le avisó que la Guardia Nacional sería enviada a la frontera, no se le consultó, ni se le pidió su opinión ni menos aún fue resultado de una decisión conjunta. El gobierno de México ha expresado su desacuerdo con la construcción de más muros a lo largo de la frontera, pero tampoco ha sido escuchado, ni ha sabido hacerse escuchar.

Hoy más que nunca Estados Unidos tiene la convicción de que frontera y migración son asuntos de política interna que atañen a su seguridad y su soberanía. Y sin embargo, la gestión fronteriza tiene un carácter binacional por necesidad, requiere de la cooperación. Más aún, las decisiones que se toman unilateralmente respecto a la frontera (o a la migración indocumentada) son puestas y van a ser puestas a prueba en México.

Lo que cabría preguntarse es si hoy la frontera es más segura, con menos violencia para ambos países. Definitivamente no, los niveles alcanzados por la violencia fronteriza no tienen precedente. El nuevo paradigma fronterizo podría estar avanzando hacia otro fracaso, por distintos motivos que no tienen ya que ver sólo con el control de la migración, sino también con la convivencia regional.

La frontera de Estados Unidos con México es también de la de México con Estados Unidos. ¿A veces se les olvida o se nos olvida? Nadie nos ha preguntado ¿cómo se ven desde México o qué representan para nuestro país los cambios en la frontera? La frontera de México con Estados Unidos va pareciendo cada vez más la frontera entre dos países hostiles, no entre dos países socios y crecientemente interdependientes, eso hay que advertirlo. Evidentemente, habría formas de construir otra política fronteriza con más seguridad para EU y también para México; sería de interés binacional.

La interrogante es cómo transformarán espacios de creciente integración las políticas para sellar la frontera.

Y aunque por ahora los legisladores mexicanos, la cancillería y el gobierno saben que no es conveniente incidir en el debate migratorio en Estados Unidos, México no puede seguir considerando que en materia migratoria o fronteriza la mejor política es no tener política. Una protesta de la cancillería aquí y allá es insuficiente. Es mucho lo que está en juego, piénsese tan sólo en los casi 7 millones de indocumentados, en la creciente violencia fronteriza y en los muertos mexicanos indocumentados por la fallida política de endurecimiento del control de la frontera desde la década de los 90. Migración, frontera y seguridad en los espacios compartidos son temas de la agenda bilateral.

Periodista y antropóloga social

¡Comparte la nota!